Redacción BLes– El lunes 2 de agosto, el Pentágono confirmó que había llegado a un acuerdo con Pfizer para que las dosis de la vacuna COVID-19 o PCCh (Partido Comunista chino) se enviaran a todo el mundo.

Estados Unidos contrató el pago de 3.500 millones de dólares al gigante farmacéutico para fabricar 500 millones de inyecciones de COVID-19 que luego serían donadas a casi 100 países en los próximos dos años.

El gobierno de Biden hizo el pedido este junio cuando prometió donar el lote a 92 países de bajos ingresos y a la Unión Africana. El mes pasado, Pfizer dijo que 200 millones de las vacunas se enviarían este octubre, mientras que los 300 millones restantes se distribuirán en abril de 2022, informó el New York Post.

El medio señaló que Pfizer y BioNTech, con sede en Alemania, dijeron que el contrato era “a un precio sin fines de lucro”.

“Nuestra asociación con el gobierno de Estados Unidos ayudará a llevar cientos de millones de dosis de nuestra vacuna a los países más pobres del mundo lo más rápido posible”, dijo entonces el presidente y consejero delegado de Pfizer, Albert Bourla.

“El COVID-19 ha afectado a todo el mundo, en todas partes, y para ganar la batalla contra esta pandemia, debemos garantizar un acceso rápido a las vacunas para todos”.

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Los 500 millones de dosis se destinarán al programa de vacunas de COVAX, que distribuye las vacunas de COVID-19 en todo el mundo a las regiones de ingresos bajos y medios.

COVAX, el mes pasado, ante la resistencia del presidente Biden, recurrió a proveedores chinos, ya que los problemas de envío de los fabricantes AstraZeneca y Moderna habían provocado problemas de desabastecimiento.

Con más vacunas de Pfizer disponibles para ser distribuidas a las naciones vulnerables, las esperanzas estaban puestas en la lucha contra la nueva oleada de COVID-19 liderada por la variante Delta.

Los estudios indicaban que las vacunas de ARNm ofrecían una mayor protección contra el virus PCCh que las otras marcas, y se decía que su eficacia estaba entre el 94 y el 95%.

Mientras tanto, algunos países de renta media y en vías de desarrollo confiaban en las vacunas chinas, cuya eficacia se situaba entre el 50% y casi el 80% en los ensayos y estudios del mundo real.

En junio, empezaron a surgir informes sobre los países que dependían únicamente de las dosis fabricadas en China, los cuales veían más casos y aún no habían podido atemperar los brotes.

Aunque la eficacia de la vacuna era menor con la cepa Delta, al menos con la de Pfizer, las tasas reducidas seguían sin ser demasiado significativas.

Un estudio patrocinado por Public Health England descubrió que la inyección inicial de Pfizer solo proporcionaba un 30% de protección contra la variante Delta. Sin embargo, tras la segunda dosis, la eficacia contra Delta aumentó al 88%.

Laura Enrione– BLes.com

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