Redacción BLes –El anuncio de que Apple comenzará la producción de su iPhone 14 en India a finales de octubre aceleró los rumores de que la compañía estaría buscando trasladar su producción fuera de China.

Si bien aún no le es posible cortar su dependencia del gigante asiático, este primer paso podría considerarse un signo de lo que vendrá después.

Lo mismo ocurrirá con la producción del nuevo teléfono móvil Pixel 8 de Google. Esta vez la compañía eligió a Vietnam para su producción. Este país ya fabrica alrededor del 20-25% de los dispositivos Pixel 7. Con los Pixel 8 y Pixel 8 Pro, al menos el 50% de los dispositivos se fabricarán en Vietnam.

Un estudio realizado en 2020 por UBS Evidence Lab encontró que un 76 % de las empresas estadounidenses con fábricas en China estaban en proceso o considerando trasladar sus operaciones a otros países.

Son varias las compañías que optaron por salir de China como Samsung, LG, Kia Motor, Hyundai, Hasbro, etc. Otras como Dell o HP planean trasladar parte de su producción.

Tal vez el mayor beneficiado de este éxodo tecnológico es Vietnam.

Como reporta el NY Times,” Foxconn, el mayor fabricante por contrato de Apple, firmó recientemente un acuerdo de 300 millones de dólares para expandirse en el norte de Vietnam con una nueva fábrica que generará 30.000 puestos de trabajo.” El gasto se sumó a los 1500 millones invertidos anteriormente. por la compañía.

¿Un freno al “made in China”?

Las razones detrás de esta decisión son tanto políticas como económicas. El conflicto entre Taiwán y China se tradujo en una creciente tensión del régimen con los Estados Unidos, sobre todo luego de la visita de la Presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi.

Las maniobras militares en el Mar de China, y los constantes vuelos intimidatorios en cielo taiwanés por parte del ejército rojo, son una muestra que el peligro de un enfrentamiento bélico es bien real. Las empresas de capital extranjero, especialmente las americanas, se verían seriamente afectadas.

La mano de obra barata que ofreció China fue un fuerte incentivo para recibir plantas de producción y montaje de grandes empresas extranjeras, junto con los bajos costos y la buena logística en el sistema de suministro y exportación. Pero el precio a pagar es una mayor dependencia a los insumos chinos. Esto se vio reflejado anteriormente durante la guerra comercial impulsada por el presidente Trump.

A lo largo de los años, los salarios en China aumentaron, y esto hizo que las compañías busquen alternativas más rentables, por lo que posaron su mirada en otros países del sudeste asiático con salarios más bajos.  

Un buen ejemplo es Foxconn, quien trabaja junto a Apple. El salario en la nueva fábrica de la empresa en Vietnam es de unos 300 dólares, mientras que en la de Shenzhen, China, es de unos 650 dólares.

Con la llegada de la pandemia de Covid y las restrictivas medidas aplicadas por el régimen chino, tanto la cadena de suministro como el libre desempeño de los trabajadores fueron seriamente afectados.

A inicios de septiembre, el centro de datos de Apple en la ciudad de Guiyang, China, sufrió el bloqueo por las medidas de Cero-Covid durante siete días, dejando aislados a los empleados dentro del edificio y prohibiéndoles salir.

Este centro Apple de manejo de datos, cuyo socio respaldado por el gobierno es la firma china Guizhou Cloud Big Data, almacena los datos de iCloud de correos electrónicos, fotos y videos para cientos de millones de clientes chinos.

Con la implementación de dos nuevas leyes que controlan la privacidad y la seguridad de datos, los negocios de comercio electrónico y los que trabajan con datos de usuarios en línea se ven directamente afectados.

LinkedIn y Yahoo cerraron sus operaciones en el país a fines de 2021, debido al marco legal que impuso estas leyes.

Estas herramientas legales le otorgan un mayor poder de control al régimen chino, y pueden ser usados para aumentar la vigilancia y la represión.

Otro acontecimiento que involucra a Apple ocurrió en la ciudad de Shanghái en mayo de este año. Una de sus fábricas fue teatro de enfrentamientos entre los empleados y los guardias que mantenían las restricciones y el bloqueo por el coronavirus.

 Al igual que en Guiyang, Apple ha tratado de seguir operando a través de un sistema de producción de “bucle cerrado”. Con este sistema, a los empleados no se les permite salir de las instalaciones donde trabajan, y se ven obligados a vivir y dormir en la fábrica o en un dormitorio cercano. También tienen prohibido ver a otras personas, incluidos sus propios familiares. Las protestas contra el encierro desembocaron en violencia.

Cambio de rumbo

“A partir de ahora, esperamos que las relaciones comerciales sean justas y recíprocas”. Así comienza el comunicado del expresidente Donald Trump en el que describe los desequilibrios en la balanza comercial entre EEUU y China y cómo afectan los intereses de su nación.

“Durante muchos años, China ha aplicado políticas industriales y prácticas comerciales desleales, incluidos el dumping, las barreras no arancelarias discriminatorias, la transferencia forzada de tecnología, el exceso de capacidad y los subsidios industriales, que defienden a las empresas chinas y hacen imposible que muchas empresas estadounidenses compiten en un campo de juego nivelado”.

Con esta declaración, Trump inició en el año 2018 un proceso de depuración en las relaciones comerciales entre los dos países, centrándose en la nivelación de los aranceles, la protección de la propiedad intelectual y la conservación de los puestos de trabajo.

 También inició una fuerte campaña con incentivos para que las empresas americanas en suelo chino regresen al país. Junto con la suba de los aranceles para productos provenientes de China.

Con el arribo de Biden al poder, muchas de las medidas aplicadas por Trump siguen en pie.

A pesar de que China continúa ofreciendo grandes ventajas al ofrecer un mercado interno enorme y facilidades en la cadena de producción y de exportación. El cóctel de bloqueos indiscriminados, alza de costos, leyes restrictivas y rumores de guerra hace que las compañías consideren realmente saltar del barco antes que se hunda.  

Por Michael Mustapich – BLes.com

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