El pasado 7 de abril, el presidente Joe Biden firmó una transferencia de 235 millones de dólares en concepto de ayuda humanitaria para los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza, reiniciando los fondos para la agencia de las Naciones Unidas que apoya a los refugiados y restaurando otras asistencias cortadas por el entonces presidente Donald Trump.

Este millonario paquete, que incluye asistencia humanitaria, económica y para el desarrollo, fue puesto en manos de Fatah para Cisjordania y de Hamás para Gaza, según reveló en aquél momento el secretario de Estado Anthony Blinken.

El plan supone unos 150 millones de dólares para la agencia de ayuda de las Naciones Unidas conocido como UNRWA, 75 millones a Fatah y Hamás, y 10 millones para programas de consolidación de la paz. Además, se enviaron unos 15 millones extras a comunidades palestinas “vulnerables” en Cisjordania y Gaza para ayudar a combatir la pandemia de COVID-19.

“Estados Unidos se complace en anunciar que, en colaboración con el Congreso, planeamos reiniciar la asistencia económica, humanitaria y de desarrollo de Estados Unidos para el pueblo palestino”, dijo Blinken en un comunicado.

Esta noticia, aunque en su momento pasó desapercibida, ahora recobró notoriedad en pleno conflicto entre Israel y Hamás. Según destacaron varios analistas internacionales, es altamente probable que por lo menos una parte de esos 75 millones de dólares en “ayuda económica” y los 15 millones de dólares de “ayuda sanitaria” fueran directamente a las manos de Hamás, y que éstos hayan sido usados para la compra y/o manufacturación de los cohetes Qassam, que la agrupación terrorista está lanzando sobre Israel hace ya tres días.

Ahmed Abu Huly, miembro del Comité Ejecutivo de la terrorista Organización de Liberación de Palestina (OLP), mantuvo una reunión por Zoom con el funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Richard Albright, para expresar su agradecimiento por el “apoyo muy importante” que recibieron de su parte.

Fuente: Derecha Diario