Redacción BLes – El 21 de octubre se realizó un seminario web en el que participaron el Instituto de la Paz de los Estados Unidos, un grupo de expertos de Washington y varios especialistas para estudiar y compartir investigaciones sobre los proyectos de cooperación China- África en infraestructura y desarrollo económico. Como resultado se destacaron las opiniones que marcaron los problemas que afectaron a las sociedades locales, a la macroeconomía de la región y al medio ambiente.

Alexa Tata, economista que trabajó en el Banco Africano de Desarrollo, puso como ejemplo a Camerún. El contrabando y la caza ilegal es alimentado por la gran demanda proveniente de China, que es un importante comprador. Las enormes ganancias que genera este negocio atraen a una población de escasos recursos y a funcionarios locales que no dudan en romper las reglas, corrompiendo el sistema desde adentro.

 “Estos lugareños no tienen trabajo y su única opción es vender lo que saben, que es su única fuente de alimento. La minería ilegal y la destrucción de hábitats silvestres han causado muchos conflictos entre los residentes locales y las aldeas vecinas”. El gobierno no hace de las cuestiones ambientales y de gobernanza social su prioridad cuando hace negocios con China, se preocupa más por la inversión, el dinero y el desarrollo que trae”, dijo Tata.

Dos de los productos más buscados por los compradores chinos y cuya obtención producen graves daños en el ecosistema son el palo rosa y el marfil. China maneja el 70% del comercio de marfil, y a pesar de la prohibición impuesta por Beijing en 2018, el mercado sigue activo y utiliza la frontera con Myanmar para introducir el marfil ilegal africano.

 Según Arnold Nciko, investigador del Instituto de la Paz de EEUU, China posee derechos mineros absolutos para la extracción de cobalto en la República Democrática del Congo. Sus operaciones han acelerado notablemente la contaminación y la degradación ambiental.

 “La sociedad civil en el Congo debe encontrar formas, no solo dentro del país, sino también en las regulaciones regionales e internacionales, para tratar de cambiar de alguna manera la forma en que las empresas mineras chinas operan en países del tercer mundo como el Congo”, dijo Nciko.

Esclavitud infantil

La extracción del cobalto ganó un enorme impulso gracias a las políticas de transición energética, siendo uno de los componentes principales en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos. Más de dos tercios en el mercado mundial provienen del Congo. China controla o financia 15 de las 19 minas de cobalto en el país.

El 14 de julio del 2022, el representante Christopher Smith, republicano por Nueva Jersey, quien presidió la audiencia de la Comisión de Derechos Humanos de Tom Lantos, declaró:

“A costa de los trabajadores traficados y los niños trabajadores, China explota los vastos recursos de cobalto de la República Democrática del Congo para impulsar su economía y su agenda global”

“La búsqueda del Partido Comunista Chino de cobalto para baterías y litio para paneles solares para alimentar la llamada Economía Verde motiva la rapacidad humana, ya que aproximadamente 40.000 niños en el Congo trabajan duro en minas artesanales no reguladas en condiciones peligrosas”

El testimonio del abogado congoleño de derechos civiles Hervé Diakiese Kyungu aportó mayores detalles 

Las minas artesanales “muchas veces no son más que estrechos pozos excavados en la tierra, por lo que se recluta —y en muchos casos se obliga— a los niños a descender en ellas, utilizando únicamente sus manos o herramientas rudimentarias sin ningún equipo de protección, para extraer cobalto y otros minerales”

“No reciben remuneración y son explotados, y el trabajo suele ser fatal, ya que los niños deben arrastrarse por pequeños agujeros excavados en la tierra”

“Se supone que las minas oficialmente artesanales son propiedad de ciudadanos congoleños que trabajan en ‘cooperativas’. En realidad, están vendiendo el producto extraído de estos a los chinos y otros extranjeros como paquistaníes o indios. Sin embargo, la gran mayoría de este mineral se trafica a través de intermediarios chinos”, dijo Kyungu, y agrego:

“Los representantes chinos no son inversionistas pasivos, sino que están en el sitio, supervisando las operaciones”

En marzo, un tribunal de la República Democrática del Congo, cedió al estado el control durante al menos seis meses de la mina de cobalto Tenke Fungurume, propiedad de la empresa China Molybdenum, una de las más grandes del mundo.

El gobierno afirma que tal empresa no declaró cientos de miles de toneladas de reservas de cobre y cobalto para evitar pagar las regalías correspondientes al estado. A esto se suman las denuncias de sus trabajadores que se quejaron de la falta de seguridad, de agresiones tras expresar sus quejas, y de sobornos para encubrir accidentes.

Diplomacia trampa de la deuda

Desde los años 70’, China comenzó a formar relaciones comerciales con países africanos como parte de un plan estratégico para adquirir materias primas y expandir su influencia. 

La Iniciativa china llamada de “la Franja y la Ruta” cuyo objetivo es estimular el flujo comercial, ofreció préstamos para infraestructura en redes viales, ferroviarias y portuarias.

El ofrecimiento de créditos a menor interés y sin los requisitos que demandan otras entidades, impulsó a varios países a aceptar la oferta, sin considerar las consecuencias en caso de incumplimiento.

Estados Unidos y especialistas en todo el mundo acusaron al régimen chino de utilizar estos créditos como herramienta de coerción diplomática para buscar apoyo en caso de conflictos (Taiwán) o para frenar resoluciones o investigaciones desde la Asamblea general de la ONU (genocidio uighur en Xinjiang). Lo llaman diplomacia trampa de la deuda.

El lado oscuro de estos préstamos se ve también en algunas de las exigencias que el régimen chino obliga a cumplir a los gobiernos que lo reciben. 

Uno de los casos más conocidos fue el del puerto de Hambantota en Sri Lanka. A pesar de ser un proyecto cuya amortización era considerada inviable, Beijing empujó al gobierno de la isla a pedir más dinero prestado a los bancos chinos, que lo otorgaban con términos y tarifas onerosas, a sabiendas del alto riesgo de incumplimiento. 

Al no poder pagar el préstamo, el régimen chino exigió el puerto como garantía. Sri Lanka debió ceder las instalaciones a una empresa china.

Recientemente, China decidió perdonar 23 préstamos sin intereses a 17 países africanos. Conociendo la verdadera cara del régimen chino, muchos analistas cuestionan esta decisión, enmarcándola en una maniobra más de relaciones públicas tras las sucesivas acusaciones de uso extorsivo de estos créditos, o bien como otro caso de diplomacia trampa de la deuda.

Por Michael Mustapich – BLes.com

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