El ex mandatario socialista se entregó por su propia cuenta, pero dijo a sus seguidores que luchen por él en las calles y grupos guerrilleros iniciaron saqueos, incendios y ataques a civiles.

El ex presidente sudafricano, miembro del partido socialista Congreso Nacional Africano (ANC), quien gobernó la nación entre 2009 y 2018, Jacob Zuma, ha sido condenado a 15 meses de cárcel efectiva por múltiples casos de corrupción, sobornos y beneficios a empresarios, a los cuáles les permitía decidir qué ministros entraban y salían de su gabinete.

Zuma, de 79 años y cerca del ocaso de su carrera, se negó a declarar ante la justicia por los casos que lo involucraban y denunció persecución política.

Acto seguido sus partidarios comenzaron fuertes revueltas a lo largo del país, que resultaron en más de 30 muertos, 200 detenidos y civiles sudafricanos haciendo uso de sus armas de fuego para defenderse de los vándalos de extrema izquierda, que utilizaron la oportunidad para hacer saqueos, incendios, y aterrorizar las zonas residenciales donde suelen haber más simpatizantes de los sectores conservadores, históricos detractores de Zuma.

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Con el arresto de Zuma, quien presidió el país por 9 años, continúa la racha de ex presidentes ingresados a prisión desde el fin del Apartheid en 1992. Desde Mandela, todos los mandatarios sudafricanos han terminado presos por corrupción tras dejar el poder.

Zuma asegura que Cyril Ramaphosa, quien supo ser su vicepresidente y quien lo sucedió en el cargo en 2018 cuando renunció por las denuncias de corrupción en su contra, está “tratando de destruir su legado“.

A pesar de la gran popularidad que mantiene el ANC, el partido perdió por primera vez en la historia su mayoría absoluta en las elecciones del 2019 cayendo por debajo del 60% del voto popular obtenido. Este duro revés se debió exclusivamente a la masiva corrupción que pesa sobre el socialismo sudafricano desde el gobierno de Zuma, y desde entonces Ramaphosa ha estado tratando de distanciarse lo más posible.

Sin embargo, hay una buena parte de la izquierda sudafricana que mantiene en pie su intachable apoyo a Zuma. Entre ellos los veteranos del grupo armado anti-apartheid, conocido como Lanza de la Nación, quienes llamaron a la revuelta popular y armada contra el gobierno de Ramaphosa.

Zuma, quien tuvo su formación política en el Partido Comunista de Sudáfrica, comandando su grupo guerrillero en la década del ’60 y ’70, pidió a sus seguidores que no abandonen la lucha en las calles.

El ex mandatario, quien practica la poligamia, se casó 6 veces, fue acusado de abuso sexual y se estima tiene una descendencia de 20 hijos, declaró su gratitud para con los miembros de la guerrilla, tras unos controversiales dichos de uno de sus hijos que afirmó que habría derramamiento de sangre para proteger a su padre de ir a la cárcel.

Horas más tarde, en un mensaje público, Zuma declaró que no se entregará voluntariamente a las autoridades, algo que fue ridiculizado irónicamente al entregarse apenas poco tiempo después cuando la policía se dirigía a arrestarlo por la fuerza a su domicilio.

De todas formas, a pesar de que se entregó voluntariamente, los disturbios y las protestas siguieron, con una fuerte intensidad en DurbanKwaZulu-Natal y Johannesburgo.

Estas manifestaciones fueron reprimidas por las fuerzas de la ley y el orden, pero se repitieron este lunes durante toda la jornada, incluyendo esta vez saqueos y una mayor violencia, provocando que el gobierno sudafricano despliegue al Ejército en dos provincias, incluyendo Johannesburgo, para impedir el desarrollo de las movilizaciones.

Redacción África – derechadiario.com.ar