Agentes policiales del régimen islámico insisten en acallar las manifestaciones; sin embargo, en el escenario internacional, la selección de fútbol iraní cubrió al salir al campo de juego los símbolos de sus camisetas en señal de protesta.

Puede que el gobernador de la provincia de Teherán haya dado por «finalizadas» las protestas que comenzaron hace 14 días por la violenta y sospechosa muerte de Mahsa Amini. Sin embargo, en las calles la situación es diferente. Las manifestaciones continúan, ahora con el apoyo de famosos y de iraníes en el exterior. El caso más reciente fue el gesto que tuvo la selección nacional de fútbol cuando sus jugadores salieron al campo cubriendo sus uniformes, los símbolos de su país.

Conforme pasan los días, la cantidad de fallecidos también aumenta. La organización Derechos Humanos de Irán (IHR), con sede en Oslo, elevó su balance a 83 muertos, incluidos menores de edad. Mientras tanto, agentes policiales del régimen buscan acallar las manifestaciones.

Las inéditas protestas se convirtieron en todo un desafío para la presión que aplica el régimen islámico sobre los derechos humanos, en especial contra las mujeres. La muerte de Mahsa Amini tras haber sido detenida por la «policía moral» constituyó el detonante para pronunciarse contra la represión aplicada durante décadas —que más allá de una lucha feminista meramente política como ocurre en Occidente— implica enfrentarse a un autoritarismo que cercena derechos básicos como la libertad de expresión.

A la cifra de fallecidos y heridos se suman alrededor 15000 detenidos, según el medio Iran News Update (INU). En las calles, los iraníes siguen coreando “¡Muerte al dictador!”.

La sociedad iraní no es la misma

Al inicio de las manifestaciones a favor de las mujeres en Irán, el régimen parecía desubicado, sin hacer mayores pronunciamientos. El presidente Ebrahim Raisi decidió no asistir a una entrevista con CNN en Estados Unidos. En paralelo, su gabinete aseguraba que investigarían la muerte de Mahsa Amini, como si de ellos no dependieran las acciones de la «policía moral».

Horas después, pusieron manos a la obra. La represión estaba autorizada. Maryam, una manifestante de 51 años, relató a BBC lo que vivió. «Me pusieron en el suelo y un agente me colocó una bota en la espalda. Me pateó en el estómago, me ató las manos, me levantó de los brazos y luego me empujó a una camioneta».

Ni siquiera la interrupción de internet ordenada por el régimen logró detener la publicación de videos de las manifestaciones. El medio británico examinó varios de estos, con agentes «disparando municiones reales y arrestando a los que podía atrapar».

Se habla de que los reclamos han perdido fuerza por la represión. Sin embargo, circulan otros videos de iraníes coreando desde sus casas. Algo que remarcó la policía iraní es que sus unidades se opondrían “con todas sus fuerzas” a los manifestantes. Pero lo que quizás más teme el régimen es que las mujeres quemando sus hiyab se convirtieron en la señal de que la sociedad iraní ya no es la misma.

Nuevas sanciones

La represión violenta se tradujo en sanciones de parte de Estados Unidos contra la «policía moral», a la que responsabilizó de la muerte de Amini, así como a varios funcionarios entre los que incluyeron al ministro iraní de Inteligencia, Esmail Khatib.

A ese paquete de sanciones se sumaron otras más. Aunque por motivos diferentes, son medidas que buscan coaccionar económicamente al autoritarismo islámico. Se trata de restricciones en materia de exportación petrolera y productos petroquímicos iraníes. Al mismo tiempo, Washington advirtió de nuevas sanciones por bombardeos «contra partidos de la oposición de la región autónoma del Kurdistán de Irak por supuestamente apoyar las protestas de las mujeres en Irán», señaló EFE. El saldo que dejaron esos ataques fue de nueve muertos y 32 heridos.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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