Redacción BLes32 años después de la Masacre de la plaza Tiananmen, donde el PCCh llevó el ejército para literalmente aplastar y matar a los estudiantes que pedían democracia en China, una sobreviviente del incidente recuerda lo que ocurrió esa noche y comparándolo con lo que es hoy en día el gobierno chino, encuentra que sigue siendo ‘la prisión más grande del mundo’. 

“China es una dictadura y una potencia colonial más peligrosa y sanguinaria que la Alemania nazi”, descargó la sobreviviente. “Ha prosperado gracias al apaciguamiento de los gobiernos occidentales y al cortejo de las multinacionales”. 

Y agregó: “China es un pozo negro con una superficie brillante, pero que apesta como el infierno. Es un infierno.  Porque está gobernada por el PCCh, la mayor organización terrorista del mundo”.

Rose cuenta su ordalía en Tiananmen 

En una entrevista con Bitter Winter, Rose Tang, activista prodemocracia que participó de la protesta estudiantil en 1989 y que sobrevivió a la sangrienta represión del régimen comunista chino, recordó los detalles que estremecen el corazón de lo que sucedió la noche del 4 de junio. 

Las protestas pacíficas habían comenzado en abril y fueron ganando adeptos que soñaban con una China democrática. 

Luego de meses de no atender los reclamos de las manifestaciones, el gobierno chino decretó la ley marcial el 20 de mayo de 1989, lo que fue un ‘punto de quiebre’ recuerda Rose, ya que comenzaron a llegar cientos de vehículos militares a Beijing, incluidos tanques y soldados. 

Los estudiantes y demás manifestantes intentaron bloquear su paso solo para ser golpeados por la policía. El régimen comunista utilizó al Ejército Popular de Liberación para aplastar las protestas, y según la activista, eran chinos muy jóvenes, que tenían miedo y evitaban mirar a la gente a la cara. 

Las manifestaciones subieron de tono y la zona de la plaza Tiananmen era como una ‘zona de guerra’ a medida que el gobierno aumentaba la presencia militar.

“Autobuses y camiones en llamas esparcidos por los alrededores, la gente reorganizaba las barricadas preparándose para detener a más tropas. Pero, para mi sorpresa, el interior de la plaza estaba muy tranquilo, muchos lugareños paseaban, como cualquier otra tarde de verano”, relató Rose. 

La noche del 4 de junio, miles de soldados emergieron de la nada, con sus bayonetas disparando a la multitud de manifestantes, matando mujeres, hombres y hasta niños que estaban en el lugar. Una escena despiadada y escalofriante. 

Escapando de la masacre

Rose, se escapó entre los cuerpos de las personas muertas tiradas en el piso. Fue golpeada por un soldado pero logró treparse a un tanque de guerra, y pasó del otro lado de la masacre para escapar de la plaza. 

“La plaza estaba acordonada por tanques. Oímos disparos en la distancia mientras caminábamos lentamente por estrechas callejuelas entre patios tradicionales. Los lugareños salieron y nos dieron zapatos”, detalló Rose.

“Un estudiante llorando se unió a nosotros, sosteniendo un pequeño par de gafas manchadas de sangre con dos agujeros de bala. Nos describió cómo una niña de 12 años había sido disparada por las tropas cerca del mausoleo de Mao. Estaba dando un paseo con su hermana de cinco años”, recordó con mucho dolor la activista china. 

Rose logró establecerse fuera de China. Vivió en Hong Kong y ahora reside en Estados Unidos. Su relato, como el de muchos sobrevivientes, recuerda una de las historias más sangrientas de los tiempos modernos. 

Si bien la comunidad internacional sancionó económicamente a China por la masacre, hasta el día de hoy, el PCCh nunca admitió culpa o reconoció el asesinato de los estudiantes y la censura estricta de la información ha logrado enterrar, parcialmente, dentro y fuera de China este crimen despiadado. 

Se estima que al menos 10 mil personas fueron asesinadas durante el 3 y el 4 de junio de 1989. 

La sociedad china está adormecida 

Rose Tang notó que: “La China de hoy, como la de ayer, sigue siendo la mayor cárcel del mundo, como me advirtió mi padre hace dos décadas. Es otro planeta, muy estéril, en el que queda muy poca cultura y espiritualidad. La vulgarización y el embrutecimiento siguen proliferando. La mayoría de los chinos comunes están tan agobiados por las hipotecas de los apartamentos y los coches y los costos de la educación de los niños que no se preocupan por la política ni por los demás, a menos que sus propios intereses se vean amenazados”.

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La activista renegó de lo dormida que está la sociedad china: “Incluso cuando sufren injusticias, muy pocos se molestan en salir a la calle. Son adictos a la mayoría de los aparatos electrónicos, a la intranet social (WeChat, etc.), a los programas de variedades y a las telenovelas. La mayoría de mis amigos, aunque sean muy educados, me han dicho que son libres y que no vivirían en el extranjero. Pero todos hacen lo posible por enviar a sus hijos al extranjero”.

La mala respuesta de Occidente 

Con la idea de que integrando a China al libre comercio, llevando empresas y trabajo al país, el PCCh eventualmente cambiaría y adoptaría políticas más democráticas o se ‘occidentalizaría’ en términos de otorgar más libertades a sus ciudadanos, Occidente cometió el grave error de alimentar al monstruo del Partido Comunista Chino al punto de darle la fuerza económica para convertirse en lo que es hoy. 

Evitando criticar sus violaciones a los derechos humanos públicamente sino a puertas cerradas pensando que el PCCh tomaría las críticas constructivamente, los gobiernos del mundo solo hicieron crecer la arrogancia del régimen más sanguinario de los tiempos modernos. 

La Masacre de Tiananmen, la persecución a los practicantes de Falun Dafa, a los cristianos de las casas, a los uigures de Xinjiang, serán eternamente una mancha para la comunidad internacional que en vez de condenar, presionar y acorralar al PCCh, le dio dinero, y alimentó su ego para seguir torturando y matando a su propia gente.

Alvaro Colombres Garmendia – BLes.com