China aprovecha la distracción, la premura sobre Ucrania para rondar la frontera oeste. Ya el ministerio de Defensa de Taiwán informó en sus redes sociales que nueve aviones del Ejército de Xi entraron en su zona de identificación de defensa aérea.

Rusia ataca a Ucrania con sus fuerzas militares y el mundo reacciona. La mayoría de los países está en contra, pero China mantiene la discreción y maneja un discurso de cautela ante su tentación casi irresistible de invadir a Taiwán para reconquistar a la isla en un momento que difícilmente sería contrarrestado por Estados Unidos.

El régimen comunista de Xi Jinping llegó a condiciones geopolíticas casi ideales en su entorno para desplegar su fuerza sobre Taipéi sin enfrentar contención. La comunidad internacional que neutralizó sus deseos de “resolver la cuestión taiwanesa y completar la reunificación de China” por no compartir que fuese “una misión histórica y un compromiso ineludible” —como él vocifera— tiene ahora la atención en el lado este.

China aprovecha la distracción, la premura sobre Ucrania para rondar la frontera oeste. Ya el ministerio de  Defensa de Taiwán informó en sus redes sociales que nueve aviones del Ejército de Xi entraron en su zona de identificación de defensa aérea.

Parece un efecto dominó en un escenario donde Xi tiene a favor que una reciente encuesta reveló que el 45 % de los chinos taiwaneses declaró que en caso de una invasión comunista optaría por abandonar el país o adaptarse al nuevo régimen. Significa que, prácticamente, la mitad de la población del país ni siquiera está dispuesta a defenderse. “La sensación es que, en cuanto China se tome la cuestión en serio, se podrá hacer con la isla sin demasiados problemas”, aseguró el analista Guillermo Ortiz, en El Español.

¿Sanciones? Sí, pero ahí aparece de nuevo Rusia como posible paraguas. La rebelión de los BRICS —tal vez sin Sudáfrica— y otros posibles socios —entre ellos, los países del Golfo Pérsico— lo ayudarían a sortear la situación mientras esta dure.

Un ataque con plan

Más allá de su reclamo sobre Taiwán, Xi Jinping atraviesa una fase parecida a la de Putin en términos de revisionismo histórico y vuelta a un nacionalismo que contraría a la tendencia globalista de China durante la primera parte de su mandato. La pandemia, desde luego, ha agudizado esta tendencia. China se ha centrado en sí misma, cerrando fronteras y apostando por largos confinamientos, especialmente en la más occidental de sus provincias: Hong Kong.

La integridad territorial de los estados ha sido uno de los principios inamovibles de la política exterior china para evitar derivas separatistas en la propia Hong Kong, en el Tibet o en Xinjiang donde hay conflictos constantes entre los Han y los uigur, musulmanes víctimas de la represión centralista.

Xi Jinping quizá no vaya a seguir religiosamente los pasos de Putin, en caso de invadir Taiwán, porque la autonomía en las decisiones es uno de los valores más preciados del Partido Comunista Chino, pero si a Putin le sale bien el experimento, él lo repetirá sin empañar con un conflicto de magnitud internacional al Congreso de otoño del partido —al final de este año— que marcará el inicio de su tercer mandato.

“La China comunista sólo atacará cuando no quede otra opción y cuando esté convencida del éxito de ese ataque” porque “un error de cálculo derivaría en un enorme conflicto mundial que, de salir mal, le costaría el puesto a Jinping y tiraría por tierra la consolidación de China como superpotencia global durante las últimas tres décadas”, pronosticó Ortiz.

La salida

Amenazar y acrecentar las intimidaciones hasta que Taiwán se lance en los brazos continentales es un panorama probable que no le costaría a Xi Jinping ni un solo disparo.

Sin embargo, Taiwán cuida de su joven democracia como si de una delicada pieza de porcelana china se tratase. La libertad y el respeto a los derechos humanos bajo los que viven sus 23 millones de habitantes es lo único que legitima la soberanía de la isla frente a terceros. Básicamente frente a China porque, aunque a todos los efectos prácticos hace ya medio siglo que Taiwán funciona de manera independiente.

El conflicto es arduo desde el origen. Se remonta a la guerra civil en China continental entre el Gobierno de Kuomitang y los comunistas de Mao Tse-Tung, que finalizó en 1949. En este momento se proclamó la República Popular China liderada por Mao y los nacionalistas se establecieron en el territorio de Taiwán. China considera que este territorio les pertenece y ha intentado en numerosas ocasiones ocupar Taipéi, con declaraciones abiertas de que no renuncia a utilizar la fuerza para unificar el territorio chino.

En este enfrentamiento territorial, Estados Unidos defiende a Taiwán, como en Europa defiende a Ucrania frente a Rusia. La situación es similar, dos potencias que reclaman dos territorios que en el pasado formaban parte del país, pero que se independizaron. Además, estas dos potencias son rivales de Estados Unidos, por lo que China observa al detalle cuáles son los movimientos de Joe Biden para frenar el conflicto en Europa para actuar en función de esta respuesta.

La presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen, está alerta. Condena las acciones rusas y aseguró que la isla «reforzará la respuesta a la guerra cognitiva», en referencia a la creación de matrices de información que puedan minar la unidad nacional.

Respaldo en crisis

Ahora, Putin no parecía contar en su proceso de anexión de buena parte de Ucrania con el empeño de Joe Biden y Estados Unidos (EEUU) a la hora de defender un país que ni siquiera es miembro de la OTAN. Si Putin tenía en mente algo rápido y relativamente incruento, como sucedió en 2014 con la anexión de Crimea, está claro que se equivocó.

Xi Jinping lo tiene de espejo ahora. Quizá ello frene sus pretensiones con Taiwán. Si no es así, la química con Vladimir Putin después de una cuarentena de reuniones es obvia, pero parece no ser suficiente. Que Putin esperara a que se apagara la llama olímpica para declarar la independencia de las dos repúblicas rebeldes es una cortesía entre amigos, pero es improbable que convenza al mandatario chino para apoyar sus acciones en Ucrania y desplegar sus misiles en Taiwán.

China no apoyó las acciones de Crimea, Abjasia y Osetia aunque ayudó a mitigar las sanciones económicas de Occidente. Hacia ese escenario también parece ir con equidistancia porque China necesita que no se la vea como una comparsa de Moscú pero la diplomacia china es hábil y Pekín necesita más a Rusia. Su comercio bilateral encadena récords: rozó los 150.000 millones de dólares en 2021 tras un aumento anual del 35% y planean alcanzar los 200.000 millones en 2024.

Gabriela Moreno – Panampost.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.