El Alzheimer es una enfermedad terrible, tanto para la persona que la padece, como para sus seres queridos. Aunque hay altibajos a lo largo del viaje, no se puede negar que es un camino increíblemente difícil y a menudo doloroso.

Julie Bick ha experimentado esto de primera mano desde que su padre fue diagnosticado con Alzheimer en 2017.

“Este diagnóstico llegó un año después de la muerte de mi madre y fue algo para lo que realmente no estaba preparada”, confesó Julie.

Decidió que quería estar allí para su padre, así que la madre soltera empacó sus cosas y se llevó a sus dos hijas, Carlee, de 10 años, y Brantlee, de 8, a vivir con su padre y se convirtió en su cuidadora.

“Mi padre estaba tan contento”, dijo.

Aunque el Alzheimer hace cada vez más difícil que su padre recuerde ciertas cosas, algo que nunca ha perdido es su capacidad de hacer amigos dondequiera que vaya.

“Es un hombre tan divertido y cariñoso que se hace amigo de cualquier persona con la que entra en contacto”, explicó Julie.

Uno de esos amigos es Harold, su basurero. Todos los lunes, día de la basura, el hombre sale a la calle a saludar a su amigo.

Julie ha visto de primera mano cuánto cuidado y amabilidad muestra Harold, no solo con su padre, sino con toda la gente que se encuentra en su ruta.

Un lunes por la mañana, Julie estaba sentada en el porche después de una noche particularmente dura. Sabía que su padre podía sentir que algo andaba mal.

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“Generalmente soy una persona muy positiva y optimista, pero simplemente estaba teniendo un momento de ‘sentir lástima por mí misma'”.

De repente, Julie oyó a lo lejos el camión de la basura y vio a su padre que se dirigía a la entrada. Entró a buscar un pañuelo y, cuando volvió a salir, vio a su padre caminando hacia el garaje.

“Le pregunté qué estaba haciendo y le ofrecí mi ayuda”, recordó Julie. “Dijo que necesitaba una silla para sentarse”. Le pregunté: “¿Dónde quieres la silla?” mientras la llevaba fuera del garaje. Me pidió que lo llevara al final de la entrada para poder saludar a Harold”.

Julie hizo lo que le pidió y pensaba quedarse ahí para saludar a Harold, pero de repente su padre empezó a llorar y le pidió que se fuera.

Preocupada, Julie preguntó qué le pasaba, y lo que su padre dijo casi la pone de rodillas.

“Harold es un buen hombre. Él es mi amigo”, le dijo. “Es religioso, y me gustaría un momento para rezar con él por ti”.

Julie regresó a la casa, tratando de mantener la compostura, pero cuando miró hacia atrás y vio a Harold de rodillas junto a la silla de su padre, sus lágrimas comenzaron a brotar incontrolablemente.

“Aunque Harold ha sido nuestro basurero durante muchos años, realmente no nos conoce”, dijo Julie. “Sabe que mi padre tiene Alzheimer y que somos gente amistosa, pero no nos conoce”.

Aún así, “este extraño está de rodillas rezando con mi padre por mí”.

Julie rápidamente tomó una foto de Harold y su padre rezando juntos, sin querer olvidar nunca ese hermoso momento.

“Este simple acto de bondad me ha conmovido mucho”, dijo Julie. “Harold ha tocado mi corazón y yo sabía que tenía que compartir esto”.

“Harold, gracias por tu amabilidad y tus oraciones. Nunca olvidaré este momento”.

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Categorías: Historias

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