Según un análisis de la Ivy League, los contribuyentes obtendrían un rendimiento negativo de una masiva inversión.

El gobierno de Biden anunció recientemente otra propuesta de gasto multimillonaria: El “Plan de Familias Americanas“. Se gastarían billones subvencionando el cuidado de los niños, financiando la universidad comunitaria “gratuita”, y mucho más. La Casa Blanca justificó el gran impulso del gasto argumentando que “construiría una economía más fuerte” al “invertir en nuestros niños, nuestras familias y nuestro futuro económico”.

Pero un nuevo análisis de la Ivy League concluye que el plan de Biden, de $2.5 billones de dólares, tendría una rentabilidad negativa.  

La Escuela de Negocios de Wharton evaluó sus diversas propuestas de gasto e impuestos y descubrió que tendrían el efecto neto de contraer, no expandir, la economía. Para 2031, Wharton estima que la economía sería un 0.34% más pequeña, la inversión habría disminuido, los salarios por hora habrían aumentado ligeramente, el número total de horas trabajadas disminuiría y la deuda pública aumentaría. 

Para 2050, los efectos son aún más sombríos.

(Crédito de la imagen: Wharton School of Business)

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A estos sombríos resultados hay que añadir los importantes costos del plan. La impresionante cifra de $2.5 billones de dólares equivale a unos $17.445 dólares gastados por cada contribuyente federal. Piensa en todo el bien que podría hacer ese dinero si se dejara en los bolsillos de los estadounidenses desde un inicio.

Entonces, ¿cómo es posible que los políticos se salgan con la suya, con bonanzas de grandes gastos que no superan un análisis de costo-beneficio? La respuesta está en la falacia de “lo que se ve contra lo que no se ve”, explicada por el economista Frederic Bastiat.

“[Una] ley da lugar no sólo a un efecto, sino a una serie de efectos”, escribió Bastiat. Sólo el primer efecto es previsto por los políticos y los votantes que son víctimas de esta falacia, mientras que las numerosas consecuencias de segundo orden permanecen invisibles.

“Casi siempre ocurre que cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias finales son fatales, y a la inversa”, continuó. “De ahí se deduce que el mal economista persigue un bien presente pequeño, al que seguirá un gran mal venidero, mientras que el verdadero economista persigue un gran bien venidero, a riesgo de un pequeño mal presente”.

En lo que respecta al ambicioso plan de gasto familiar de Biden, es fácil ver las formas concretas en que algunos estadounidenses se beneficiarían a corto plazo. Lo que desgraciadamente sigue sin verse a los ojos de muchos es cómo las consecuencias económicas a largo plazo del plan superarían y socavarían cualquier beneficio. 

Afortunadamente, Wharton acaba de arrojar luces sobre esta importante realidad.

Brad Polumbob – fee.org.es