La principal razón por la que Netflix se encuentra con los vientos en contra es sencilla: la competencia.

Cuando le preguntaron sobre la mejor manera de luchar contra los monopolios en su serie documental Free to Choose, Milton Friedman tuvo una respuesta firme: “el libre mercado”. Algunos de sus invitados tenían otras posturas y argumentaban que la intervención del gobierno era necesaria, pero Friedman no se lo creía.

El caso de Netflix le ha dado la razón a Friedman, una vez más.

El miércoles, las acciones de Netflix se desplomaron un impresionante 36%. Los comunicados de prensa convencionales culpaban la pérdida de suscriptores como la principal causa del desmoronamiento del valor de la empresa de entretenimiento. Otros culparon a las líneas argumentales ideológicas de Netflix, que en los últimos tiempos han defendido principalmente causas de izquierdas. Estos factores son, sin duda, parte de la razón por la cual sus acciones en el mercado se derrumbaron, pero la razón principal fue mucho más sencilla: la competencia.

Nadie puede dudar de que los fundadores de Netflix fueron precursores. Descubrieron o crearon el servicio de entretenimiento por suscripción,y ellos, lejos de vender o alquilar películas, como hacía Blockbuster, reinventaron la industria. En 2016 se publicó un artículo en Business Insider en el que se afirmaba que Hollywood estaba aterrorizado de que Netflix se convirtiera en un enorme monopolio que les desplazara. Sin embargo, como suele ocurrir en cualquier sociedad donde hay capital, oportunidad y espacio para la libre competencia, pronto otras empresas empezaron a copiar el modelo de negocio de Netflix y a ofrecer un mejor servicio: precios más baratos, suscripciones compartidas con publicidad, otras producciones, entre otras prebendas, que poco a poco fueron derribando el reinado en solitario de Netflix.

Netflix también lo sabe. Argumentan que la aparición de competidores (Disney, HBO, Amazon, entre otros) es una de las causas de la pérdida de clientes. Por supuesto, también están los precios, la ideología y la programación -hay una serie de factores que han hecho que miles de personas abandonen Netflix-, pero lo principal es que la gente tiene la posibilidad de elegir libremente su proveedor de servicios de entretenimiento.

Ahora Netflix tendrá que ajustar sus tarifas, planes y programación para intentar recuperar a los clientes perdidos y seguramente dará marcha atrás en sus intenciones de aumentar los precios de las suscripciones; de hecho, se ha rumoreado que la compañía podría estar considerando la posibilidad de implementar suscripciones más baratas con la inclusión de publicidad.

Independientemente de la empresa que termine siendo la que se consolide como la más poderosa en el mercado del entretenimiento, todos debemos agradecer que exista una sana competencia que nos permita a todos tener mejores y más baratos servicios, porque seguramente sin esa competencia Netflix podría fijar unilateralmente los precios que considere oportunos e incluir la programación que sus directivos establezcan sin pensar en el consumidor. Lo más probable es que este revés les haga replantearse la línea editorial de programación que han adoptado en los últimos tiempos.

Los estadounidenses deberían estar agradecidos de tener en el país diferentes grandes empresas que compiten entre sí por los clientes. Esa es la esencia del capitalismo y del libre mercado, y es la razón por la cual Estados Unidos ha sido una nación tan exitosa. En Venezuela, país donde nací y pasé 27 años de mi vida, debido a la escasez de productos por la enorme intervención del Estado en la economía, me vi obligado en muchas ocasiones a comprar jabones, desodorantes, alimentos y otros productos de muy mala calidad y a precios elevados, porque sólo podíamos comprar lo que ofrecían los burócratas del gobierno.

Igualmente, pasé años de mi vida teniendo cortes de luz y agua que a veces duraban 48 horas, porque el gobierno era la entidad que administraba las empresas de servicios básicos, con la supuesta intención de hacerlos más accesibles a toda la población. Resulta que -gracias a esta intervención- nadie en todo el país pudo disfrutar de un servicio eléctrico sin problemas, problema que se mantiene hasta hoy.

Así que mientras vemos caer las acciones de Netflix, demos gracias y celebremos el proceso de mercado, incluyendo las grandes empresas y la consolidación que crea. Porque les aseguro que si estas grandes empresas cometen alguna irregularidad o no cumplen con las exigencias de los consumidores, el mercado las pondrá en su lugar de manera oportuna, algo que el gobierno nunca podrá hacer.

Emmanuel Rincón – fee.org.es

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