La cultura tradicional china enfatiza la bondad, pero no solo en el accionar sino también en los pensamientos. ¿Por qué? Porque considera que los seres divinos conocen cada uno de nuestros pensamientos e intenciones, incluso antes que nosotros mismos seamos conscientes de ellos.

Asimismo un pensamiento -bueno o malo- trae consecuencias. El poeta de la Dinastía Tang Luo Yin, aprendió esta lección por las malas.

Un adivino le dijo un día a Luo: “Tienes una frente alta, una nariz recta y una boca cuadrada. Tus ojos brillan. Tienes el aspecto de un señor. Por favor, cuídate”.

Luo era muy hábil escribiendo ensayos y poemas, pero también era arrogante y a menudo despreciaba a los demás. Sus vecinos tenían mucho miedo de sus comentarios sarcásticos.

En una oportunidad les pidió dinero prestado a sus parientes, pero docenas de ellos se negaron a ayudarlo. Debido a este rechazo, Luo y su madre desarrollaron resentimiento hacia sus familiares.

Luo y su madre pidieron un deseo: “Nos molesta que nuestros parientes nos descuiden. Nos vengaremos de ellos una vez que seamos ricos y poderosos. No los dejaremos vivir”. Hablaron de esto durante unos días.

Una noche durante un sueño, Luo fue llevado ante una deidad daoista. Esta le dijo: “Tienes las bendiciones para convertirte en un señor. Sin embargo, tuviste pensamientos desagradables. ¿No dejarías que otros vivan porque no te prestaron dinero? Siendo tan brutal y cruel, si te convirtieras en un señor, dañarías la armonía del Cielo y la Tierra y afectarías a los seres vivos. El emperador celestial está enfadado por tus malos pensamientos. Tus bendiciones han sido reducidas”.

Luo se despertó y vio que ahora parecía una persona totalmente diferente. Su frente y su boca estaban inclinadas. Su nariz también era plana. Le contó a su madre sobre el sueño. Ambos se sintieron arrepentidos.

Luo volvió a ver al adivino un mes después. Este se sorprendió: “¿Por qué tu aspecto ha cambiado completamente en tan poco tiempo?”. Luo dijo: “Mis bendiciones se redujeron a causa de un pensamiento desagradable que tuve. ¿Qué debo hacer?”.

El adivino le dijo: “El Cielo conoce todos nuestros pensamientos. Si tienes pensamientos desagradables esos atraen a un campo maligno. ¿Cómo es posible que los Cielos no lo vean? La apariencia está determinada por el corazón. Si tu corazón no es bondadoso, tu apariencia cambia en consecuencia. Este es el principio. Deberías cambiar tu comportamiento. Tal vez se te dé una nueva oportunidad”. Suspiró y se fue.

Luo se esforzó por ser bondadoso. Se convirtió en maestro e hizo todo lo posible por ayudar a los demás. Así recuperó algunas de sus bendiciones.

La historia de Luo nos dice que todos estamos sujetos a los principios divinos. Nuestras bendiciones están determinadas por nuestra virtud.

La bondad construye la virtud; en cambio la maldad, incluyendo los pensamientos desagradables, la reduce.

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Temas: Categorías: Cultura

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