Se suele decir que un día en el Cielo es un año en la tierra. En algunos lugares, es incluso más de un año. En otra dimensión asociada a la tierra, medio día es igual a 12 años en la tierra.

Wen Guangtong era de Teng, un pueblo del condado de Chenxi, que está a unas 49 km río arriba de Chenzhou por el lado norte del río.

Aprendiendo de los propios errores

En el año 26 del reinado del emperador Wen de la dinastía Song Liu (420-479 d.C.), un día,Wen Guangtong, descubrió un cerdo salvaje comiendo los vegetales de su jardín. Le disparó al cerdo con una flecha y lo lastimó.

Lo siguió hasta la entrada de una cueva y entró. Luego de caminar 300 pasos, la cueva de repente se iluminó y aparecieron cientos de casas delante suyo.

Vio el cerdo correr en un chiquero al lado de una de las casas.

Un anciano salió de la casa y le preguntó: “¿Eres el que disparó a mi cerdo?”.

Guangtong respondió: “El cerdo estaba comiendo mis verduras. No lo hice sin razón”.

El anciano respondió: “No está bien si alguien permite que su vaca pase al jardín de otro, pero es aún peor que robes la vaca, por el hecho de que pise tus verduras”.

Guangtong se dio cuenta de que lo que dijo el viejo tenía sentido y se disculpó con él por dispararle a su cerdo.

El anciano respondió: “Es bueno que usted entienda la verdad de su error. Este es el castigo que merece el cerdo, por lo que no tiene que disculparse más”.

Pacífico y hermoso

El anciano invitó a Guangtong a su casa. Dentro vio a más de 10 personas vestidas como estudiantes. Un profesor les explicaba las enseñanzas de Lao Zi. En el lado oeste de la casa, 10 personas más estaban tocando una música muy hermosa. Mientras escuchaba, un servidor terminó de preparar una comida y todos comieron. Sintiéndose muy cómodo y medio ebrio, Guangtong dejó de beber.

Empezó a observar a la gente en las calles. Se vestían parecido a los del mundo exterior, pero ese lugar era muy tranquilo y hermoso. Hubiera sido muy difícil encontrar algo así en el mundo exterior. Guangtong sentía que quería quedarse allí para siempre.

El portero

Pero el anciano, dueño del cerdo no le permitió quedarse. Le pidió a un joven que lo llevara de regreso y luego cerrara la puerta de forma segura para que nadie más desde el exterior pudiera entrar.

Mientras caminaban, Guangtong preguntó al joven acerca de las personas que vio en la casa.

“La gente de la casa son todos los sabios”, dijo el joven. “Vinieron aquí para escapar del cruel régimen del rey Jie en la dinastía Xia (1728-1657 a.C.). Todos se volvieron inmortales después de aprender el Tao. El maestro es Heshang Gong (Sabio de Riverside).

“Mi nombre es Wang Fusi de la dinastía Han. Vine aquí porque tengo preguntas acerca de Lao Zi y el Tao Te Ching. He sido servidor durante 120 años y ahora soy un portero, ¡pero todavía no he obtenido las verdaderas enseñanzas de Lao Zi!”.

Después de que llegaron a la entrada de la cueva, de mala gana se despidieron. Sabían que no volverían a encontrarse.

Cuando Guangtong salió de la cueva, encontró las flechas donde las había dejado, pero todas estaban podridas y destrozadas. Doce años habían pasado en el mundo humano y su familia había hecho un servicio funeral por él hacía ya mucho tiempo. Cuando apareció en el pueblo, ¡todo el mundo se sorprendió!

Al día siguiente llevó a los aldeanos a la cueva. Encontraron la entrada, pero fue bloqueada por una enorme piedra que no podían mover.

Fuente: Minghui.org (Adaptado del libro Wuling)

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Categorías: Cultura Legado divino

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