Hay una creencia milenaria que dice que la bondad es recompensada con bondad, y la maldad con maldad. La forma en que uno se comporta por su propia voluntad llevará a una retribución respectiva.

Este postulado básico de la cultura tradicional china se origina en la creencia de que el hombre viene del Cielo y que cayó a la Tierra para rectificarse. Por eso su voluntad debe ser respetada, ya que es de cada persona la elección de volverse buena o mala y de regresar nuevamente al Cielo, o no regresar jamás.

Esta historia nos muestra el caso de una persona que pudo cambiar su destino.

El Sr Wei vivió en el tiempo de la dinastía Ming. Una vez conoció a un hombre mayor de apellido Kong, que era muy bueno haciendo lecturas de vida.

El señor Kong predijo las calificaciones que Wei obtendría en los tres exámenes para convertirse en funcionario. Al año siguiente, las predicciones se hicieron realidad.

El señor Kong también le predijo sus fortunas e infortunios: en qué año obtendría cada puesto, cuándo sería promovido, que en cierto momento sería elegido para ser gobernador de una provincia y que, tres años después, renunciaría y volvería a su hogar natal. También predijo que iba a fallecer a los 53 años y que, por desgracia, no tendría ningún hijo.

Wei anotó todo cuidadosamente. Con el paso del tiempo, las predicciones se fueron cumpliendo una tras otra; entonces Wei se convenció de que el nacimiento, la muerte, cuándo uno tiene fortuna y cuándo padecerá infortunios, está todo fijado, que todo está determinado por el Cielo y no hay manera de cambiarlo.

Sin embargo, años después, Wei se encontró con un monje y, bajo su tutela, descubrió que sí se puede cambiar el destino de uno.

Una persona muy benevolente, aunque en su vida esté determinado que tendrá que sufrir penurias, cuando realiza un acto de extrema bondad, la energía de esta acción bondadosa hace que su penuria se convierta en alegría y que la pobreza, la baja posición social y la muerte precoz se conviertan en riqueza, clase alta y longevidad.

Por el contrario, una persona mala, aunque en su vida tenga predestinada fortuna, cuando realiza algo extremadamente malo, la energía de esta acción hace que su fortuna se convierta en desgracia.

Wei, que era muy superficial y no daba importancia a nada, empezó a cultivarse en una persona muy humilde y respetuosa hacia otros. Aun cuando se encontraba solo, se mantenía alerta para no cometer errores y llamar la atención del Cielo. Cuando gente que no lo quería lo calumniaba, él tampoco se molestaba.

Al año siguiente, Wei rindió un examen para otro puesto de funcionario y obtuvo el primer lugar, a pesar de que el señor Kong había vaticinado que iba a quedar en el tercero. También obtuvo una promoción en otoño, que no había sido predicha.

Desde entonces, Wei se hizo cada vez más estricto consigo mismo, siguiendo el dicho “No dejes de hacerlo sólo porque es una bondad pequeña, ni tampoco lo hagas porque apenas es una pequeña maldad”.

Así sus infortunios se disolvieron y llegó la fortuna, incluso tuvo un hijo y vivió por muchos años más.

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Temas: Categorías: Cultura

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