En la antigua cultura china desde pequeños los padres les inculcaban a sus hijos que debían ser buenas personas, debían tener un buen corazón y siempre pensar primero en los demás. Asimismo rescataban en su educación que todo tiene una retribución kármica, tanto las acciones buenas como las malas. Esta historia -que se contó de generación en generación- se trata de un hombre que fue recompensado por el Cielo debido a su buen corazón y a su amabilidad.

Había una familia adinerada llamada Yang. El abuelo Yang fue una persona generosa, pero el Sr. Yang fue incluso más generoso que su abuelo. Una vez, fueron allí los monjes budistas o taoístas pidiendo comida y les ofreció grandes platos de comida. Si la gente pobre le pedía ayuda, él siempre decía que sí y sonreía. Si la gente regresaba de nuevo, él no se negaba. Como el siempre los había ayudado en los momentos difíciles, la gente quería saldar sus deudas con él.

El Sr. Yang pensó: “Si alguien viene a pedir ayuda, es porque está pasando dificultades, si acepto que me reembolsen la misma cantidad que les he dado, todavía les sería muy difícil para ellos lograrlo”.

Entonces una idea se le ocurrió. Hizo dos cucharones de calabaza, una de ellas, dos veces más grande que la otra. Utilizó el cucharón para prestar el grano y usó la cuchara pequeña para medir la deuda. Al principio nadie se daba cuenta, pero con el tiempo la gente tuvo consideración y lo llamaron con respeto “Liang Piao Jia” (“El anfitrión de la casa con dos cucharas”) Pronto se hizo conocido por el nombre.

Un verano, durante la cosecha del trigo, cuando tenía 80 años de edad, Liang Piao Jia entró en su campo a echar un vistazo. De repente, una tormenta amenazaba, pero Liang Piao Jia estaba muy tranquilo. Se echó en el suelo y su vida parpadea ante sus ojos.

En ese momento, oyó una voz como un trueno “Dios del trueno, de los relámpagos y de la lluvia: ¡Escuche! Liang Piao Jia está en su trigal. Pase por su campo sin derramar ni un sola gota”.

Después de escuchar esta voz, escuchó la tormenta alejarse de él. Liang Piao Jia se levantó y vio que su campo de trigo estaba seco, sin que una sola gota de lluvia haya caído allí, mientras que otros campos se inundaban con la lluvia y el maíz estaba recubierto con barro.

Su familia vino a buscarlo y él les contó la historia con entusiasmo.

Fuente: Adaptado de Clearharmony.

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Categorías: Cultura Legado divino