En la sabiduría milenaria china hay un principio que dice que lo bueno es recompensado con lo bueno y lo malo con lo malo. En este sentido, la honestidad trae recompensas y bendiciones. Esta historia es un ejemplo de ello.

Xu Shaoyu vivió a finales de la dinastía Qing. A principios de agosto de 1890, bajo el reinado del emperador Guangxu, pidió prestados 100 dólares de plata a su amigo Yi Zhai sin firmar ningún pagaré. Ellos acordaron verbalmente que el dinero sería devuelto un año después.

A principios de agosto del año siguiente, sin embargo, Xu cayó enfermo. En su lecho de muerte, siguió murmurando: “Ya casi es hora de pagarle a Yi. ¿Qué debo hacer? ¿Qué pasa si muero?”.

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Su mujer le dijo: “No has firmado un pagaré, así que no tienes ninguna obligación de cumplir tu palabra. No te preocupes por eso”.

“Me prestó el dinero sin hacerme firmar una nota porque confiaba en mí. ¿Cómo es posible que no cumpla mi promesa?”, respondió Xu.

Dio instrucciones a su esposa para que vendiera un ruyi de jade, que es un objeto decorativo curvo usado como cetro ceremonial en el budismo chino, y dos túnicas de piel de zorro, por las que obtuvieron 90 dólares de plata. Tomaron prestados otros 10 dólares y le devolvieron el dinero a su amigo en la fecha acordada.

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Milagrosamente, Xu se recuperó completamente unos días después.

La moraleja de la historia es que, si haces una promesa, debes cumplirla. Esto significa que uno debe seguir el principio de la “honestidad”. Esta es una virtud tradicional y fundamental.

Cuando una persona valora la honradez y cumple su promesa a cualquier precio, será bendecida. (A través de Minghui,org)

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Categorías: Cultura Legado divino