Parece que cada semana hay otra noticia sobre una pequeña disputa que estalla en discusiones, agresión o violencia extrema. Todos hemos visto los sorprendentes titulares como “El hombre acusado de intentar matar a un compañero de trabajo” o “La disputa entre vecinos se convierte en una agresión”.

“¿Cómo podría alguien estar tan loco e irracional?”, podemos pensar con arrogancia para nosotros mismos. Por supuesto, estos son ejemplos extremos. Sin embargo, todos podemos perder el control en algún momento, ya sea por una palabra áspera para un cónyuge o una injuria verbal contra un conductor que nos cortó el paso.

Es fácil culpar a la otra persona o desahogar tu ira, pero los antiguos chinos tenían una manera diferente de resolver la inevitable tensión social: con tolerancia.

(Pixabay.com)

Dejar que otras personas se metan con su paz interior es darles demasiado poder, el pensamiento se va. Mejor es perdonar los errores de los demás y ser comprensivo para con sus defectos humanos.

El mostrar misericordia, también podría generar el efecto de cambiar a la otra persona tocando su corazón, e incluso hasta elevar la consciencia de la sociedad. Mientras tanto, si logras mantener la calma frente a la injusticia, sigues siendo el maestro de tu propio dominio y mantienes intacta tu paz interior.

Aquí hay algunas historias legendarias de gran tolerancia en la cultura tradicional china, que pueden darte la inspiración que necesitas la próxima vez que tu compañero de trabajo robe tu almuerzo de la nevera en la oficina.

Qué hacer si tu vecino destruye tu jardín… al estilo antiguo chino

Song Jiu fue un gobernador de la provincia de Liang durante el período de los Reinos Guerreros (722 a 481 a.C.) en la antigua China. Adyacente a Liang estaba la provincia de Chu y la frontera entre las dos provincias estuvo marcada por una columna. Los productores del melón trabajaban la tierra en cada provincia dentro de su propio lado de la columna.

La gente de Liang era laboriosa y frecuentemente irrigaba su tierra, así que sus melones crecían grandes y florecientes. Pero la gente de Chu era perezosa. Casi nunca regaban su tierra, así que sus melones eran pequeños y arrugados.

Por celos, una noche, la gente de Chu cruzó al otro lado y pisoteó el sembradío de melones de la gente de Liang, provocando muchos destrozos. Al día siguiente, cuando la gente de Liang descubrió el daño, enfurecidos lo reportaron al gobernador Song, en busca de venganza.

(Lionel Rich/Wikimedia Commons/CC-BY-SA-2.0)

Song sacudió su cabeza y dijo: “No deberíamos hacer eso. Hacer un enemigo es un camino hacia la calamidad. Es estrecho de mente dar ojo por ojo”.

En cambio, Song ideó un plan: un equipo de Liang sería enviado secretamente a irrigar cada noche el cobertizo de melones de Chu. Pero tenía que ser hecho en secreto, insistió él; nadie debe decir nada a la gente de Chu.

A la mañana siguiente, cuando la gente de Chu salió a revisar su cosecha, vieron que ya estaba humedecida. Con la ayuda encubierta de la gente de Liang, el sembradío de melones de Chu prosperó cada día más y más.

A la gente de Chu le pareció muy extraño y comenzó a investigar. Cuando descubrieron que la gente de Liang los había estado ayudando, quedaron muy conmovidos y lo reportaron a su gobierno.

El rey de Chu posteriormente pidió disculpas a la gente de Liang con generosos regalos, jurando amistad entre las dos provincias. Liang y Chu entonces desarrollaron una alianza grande y duradera.

Durante siglos, la sabiduría de Song Jiu y su amplia mentalidad, han sido recordadas y valoradas, y la enseñanza de pagar un acto dañino con uno de bondad, ha sido transmitida de generación en generación.

Resolviendo una disputa de propiedad al estilo de un antiguo primer ministro chino

En el condado de Tongcheng, en la provincia china de Aihui, hay un famoso carril de unos 100 metros de largo y dos metros de ancho. Se llama “línea de seis pies” (casi 2 metros) y tiene una hermosa historia detrás de ella.

Zhang Ying, un conocido oficial que vivió durante la Dinastía Qing, nació en el condado de Tongcheng. Junto a su casa había un pedazo de tierra desocupada, y su vecino construyó un muro para reclamar la propiedad.

La familia de Zhang discutió con el vecino sobre el muro, pero sin llegar a ninguna solución.

(Annie Theby/Unsplash.com)

En ese momento, Zhang era el Primer Ministro de Estado y vivía en la capital. Sus familiares le enviaron una carta pidiéndole que intervenga en la disputa de tierras. Cuando Zhang leyó la carta, escribió un breve poema en respuesta:

Más de miles de kilómetros recorrió la carta, sólo por una pared;

¿Por qué permitirle a él tener otros tres pies?

La Gran Muralla sigue siendo firme y fuerte, pero,

¿Dónde está el paradero del emperador Qin?

La Gran Muralla fue construida bajo la orden del Primer Emperador de la Dinastía Qin, unos 2.000 años antes de esta dinastía. Al mencionar esta historia, Zhang pretendía explicar a su familia que la vida es demasiado valiosa y corta para luchar por cosas materiales e insignificantes.

Al leer el poema, sus familiares se sintieron avergonzados. Inmediatamente siguieron la instrucción de Zhang y cedieron los tres pies de tierra al vecino, quien a su vez se sintió tan conmovido por la humildad y el comportamiento de Zhang que dio otros tres pies de su propiedad, creando así un carril de seis pies. Esta historia de tolerancia ha sido transmitida a lo largo de China, de generación a generación.

Cómo manejar las amenazas y chismes como un antiguo diplomático chino

Lin Xiangru fue un diplomático de la provincia de Zhao, durante el Período de los Reinos Combatientes que trabajó mucho para llegar a ser Primer Ministro. Su rápido éxito atrajo la ira del general Lian Po, quien se vio obligado a tomar órdenes de Lin.

Lian Po estaba resentido y dijo públicamente: “Soy un general y gané mi estatus por conquistar muchas ciudades. Lin Xiangru consiguió una posición más alta solo hablando. Lo avergonzaré cuando le vea”.

Al oír las amenazas de Lian, Lin permaneció impasible, y para evitar un enfrentamiento, incluso se alejó del séquito de Lian cuando lo vio venir.

Los asistentes de Lin pensaron erróneamente que Lin tenía miedo del general. Le dijeron: “Aunque tu posición es más alta que la del general Lian Po, tienes miedo de él y tratas de evitarlo. Incluso una persona común se avergonzaría de hacer eso”.

Qin Shi Huang, el primer emperador de China. (NTD Television)

Lin los invitó firmemente a que se quedaran y les expuso la razón de su reacción ante las amenazas de Lian.

Él preguntó primero: “¿Quién crees que es más poderoso: El general Lian Po o el rey de Qin?”.

Los escuderos coincidieron en que era el rey de Qin, por supuesto, ya que para entonces la provincia de Qin era muy poderosa.

Lin entonces dijo: “Me atreví a discutir con el rey de Qin y regañarlo. ¿Por qué tendría miedo del general Lian?”.

Más tarde, Lin explicó: “El general Lian y yo somos la razón por la cual la provincia de Qin no se ha atrevido a invadir nuestro territorio. Dos tigres no pueden coexistir si luchan. Yo tolero su comportamiento porque pongo el bienestar de la nación sobre mi orgullo personal”.

Después de enterarse de las palabras de Lin, Lian Po se avergonzó y rápidamente vino a disculparse. “Me siento humilde ante su generosidad. ¡No esperaba que fuera tan tolerante conmigo!”, le dijo a Lin.

Laozi (Zona Yeh/La Gran Época)

Todo el resentimiento entre los dos se disolvió y se convirtieron en íntimos amigos.

Desde la antigüedad, el ser capaz de corregir los errores de uno ha sido considerado como virtud. La gente elogió al general Lian por tener la fuerza de carácter para arrepentirse sinceramente y reparar sus caminos. Lin Xiangru también fue admirado por adoptar una actitud tolerante durante el conflicto, colocando los intereses de la nación por encima del orgullo personal.

Océano de tolerancia

La tolerancia es una de las virtudes más importantes en la cultura tradicional china. Refleja el desinterés, sabiduría y una mente amplia que proviene de la autodisciplina y es la manifestación natural de bondad, compasión y benevolencia. Esto hace que las personas se unan y mejoren sus relaciones.

En la antigüedad, los sabios y hombres de virtud mantuvieron las perspectivas de otros en alta estima. Primero pensaban en los demás cuando se enfrentaban a dificultades, y fueron modelo de respeto fijando ejemplos elevados para con otros.

Lao Zi, un venerable sabio de la antigua China, enseñó que una persona con gran virtud es capaz de comportarse de manera global en armonía con el “Dao” o el “gran camino”. La razón por la que los grandes ríos y océanos son amplios y profundos es porque buscan el nivel más bajo para tomar toda el agua de arroyos y quebradas”.

(Davdeka/Shutterstock)

Esto significa que con el fin de abrazar plenamente y ser incluido en todas las cosas, uno debe tener un corazón compasivo. Cuanto más amplio es uno, mejor es el mundo que se abarca.

La gente con gran virtud es totalmente desinteresada y se aferra a un alto estándar moral. Ellas son más amables, tolerantes y dispuestas para ayudar y cuidar de los demás, y nunca estarían influenciadas por el egoísmo y lucro propio.

Por eso, la próxima vez que ocurran conflictos, imaginen ese océano con capacidad ilimitada que absorbe toda el agua de los ríos y los arroyos. Nosotros podemos ser ese océano.

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Categorías: Cultura Legado divino