Hipócrates, médico de la antigua Grecia, vivió entre los siglos V y IV a. C. Muy hábil en medicina y reconocido por su ética médica, se lo considera el fundador de la medicina occidental.

Según los historiadores, el Juramento Hipocrático fue ampliamente adoptado a lo largo de los siglos. En 1804, por ejemplo, la Escuela de Medicina de Montpellier (Francia) utilizó el texto completo del Juramento Hipocrático como juramento para sus graduados.

El juramento menciona a Asclepio, que era el dios de la medicina en la mitología griega. De hecho, se decía que era hijo de Apolo y que había tenido varias hijas, como Hygieia (“Higiene”, la diosa de la limpieza), Iaso (la diosa de la recuperación de la enfermedad), Aceso (la diosa del proceso de curación), Panacea (la diosa del remedio universal) y otras.

En la era moderna, muchos colegios y universidades, incluidos los de Estados Unidos, utilizan versiones modificadas del Juramento Hipocrático en sus ceremonias de graduación al otorgar los títulos de “Doctor en Medicina”.

El Juramento Hipocrático

“Juro por Apolo Médico, por Asclepio, por Higiea y Panacea, por todos los dioses y diosas, poniéndolos por testigos, que cumpliré en la medida de mi capacidad y mi criterio el juramento y compromiso siguiente:

“Tener a mi maestro en este arte en la misma consideración que a mis progenitores; compartir con él mis bienes y en caso de necesidad, transmitirle parte de los míos; tener a sus hijos como mis propios hermanos y enseñarles este arte si desean aprenderlo, sin honorarios, ni compromiso; transmitir los preceptos, enseñanzas orales y el resto de aprendizaje a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos comprometidos y juramentados según la ley médica, pero a ningún otro”.

“Haré uso del régimen en beneficio de los enfermos, según mi capacidad y mi recto entender y, si es para su daño e injusticia, lo impediré. A nadie daré aunque me lo pida un remedio mortal, ni tomaré la iniciativa de proponer una cosa así. Del mismo modo, tampoco proporcionaré a una mujer un pesario abortivo. De forma más pura y santa pasaré mi vida y ejerceré mi arte. No operaré a nadie por cálculos, sino que los dejaré en manos de los hombres que realizan esa práctica”.

“A cualesquiera casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos. Todo lo que viere o escuchare en el ejercicio de mi profesión, o fuera de esta, en relación con la vida de los hombres, si ello no debe ser divulgado jamás, lo mantendré en silencio, teniendo tales cosas por secretas”.

“Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro”.

Profundo significado

El Juramento Hipocrático no es largo, pero sus implicaciones son profundas.

Fe en lo divino

En todas las culturas existe la creencia generalizada de que los seres humanos fueron creados por lo divino. Para que la humanidad sobreviva y se multiplique, y al mismo tiempo mejore la vida humana, existen muchas profesiones, entre ellas la medicina. En particular, la profesión de la medicina es especial. Un ser humano puede enfermar en cualquier momento, pero solo cuando tiene un cuerpo sano puede contribuir con la sociedad y participar en las actividades sociales. Por eso la medicina se ha considerado tradicionalmente una profesión noble.

Para ser médico, hay que tener una fe recta y sincera que respete verdaderamente la vida. La persona debe dedicarse a la medicina y desarrollar compasión por sus pacientes. Solo así puede uno inspirarse y recibir el poder de lo divino mientras trata a los pacientes, asegurándose de que estos se recuperen pronto. El proceso también consiste en cultivar el corazón, en el que se pueden identificar los pensamientos inadecuados y eliminarlos.

Es decir, en la antigüedad, los verdaderos grandes médicos eran cultivadores, tanto en Oriente como en Occidente. La práctica de la medicina era, en gran medida, un medio para su cultivación, y la base de la cultivación era su recta fe en lo divino. El propio Hipócrates, al igual que los antiguos médicos chinos como Hua Tuo, Bian Que y otros, fueron testigos de muchos milagros en el proceso de tratamiento de las enfermedades.

Código de conducta

Este Juramento de Hipócrates, que rige la conducta de los médicos en la práctica de la medicina, puede considerarse como reglas ordenadas por lo divino para los médicos, y se transmitió durante miles de años. De ello se desprende que las exigencias divinas en cuanto a la moralidad y la integridad de quienes ejercen esta profesión son muy elevadas, a diferencia de lo que ocurre en otras profesiones. Al fin y al cabo, este juramento se produjo en la antigüedad, cuando la fe recta en lo divino era fuerte, tanto en Oriente como en Occidente.

Al final, el juramento dice: “Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro”.

Los creyentes en lo divino saben que el juramento no debe tomarse a la ligera. Juran con gran solemnidad y seriedad, sabiendo que el juramento es verdaderamente efectivo.

Modificaciones modernas

Este Juramento Hipocrático es bastante sencillo. En cambio, hoy en día las normas y los sistemas e incluso las leyes para los médicos de las facultades de medicina y los hospitales, tanto en Oriente como en Occidente, son mucho más complicados y engorrosos. Y hay todo tipo de demandas por negligencia médica y conflictos entre médicos y pacientes, muchos más que en el pasado. ¿A qué se debe esto?

Podría ser que, al centrarse más en la tecnología, la gente se ha desviado de los valores éticos. En otras palabras, su fe en lo divino se ha ido debilitando. Es especialmente el caso de China continental, donde el Partido Comunista Chino (PCCh) casi ha destruido los valores tradicionales, sustituyéndolos por el ateísmo y la cultura del Partido basada en la lucha de clases, el odio y la mentira.

La situación en Occidente también es alarmante. Hoy en día, muchas facultades de medicina han sustituido el Juramento Hipocrático por palabras más adecuadas a la situación actual, como la Declaración de Ginebra, adoptada en 1947, que dice:

PROMESA DEL MÉDICO COMO MIEMBRO DE LA PROFESIÓN MÉDICA:

“PROMETO SOLEMNEMENTE dedicar mi vida al servicio de la humanidad;

VELAR ante todo por la salud y el bienestar de mi paciente;

RESPETAR la autonomía y la dignidad de mi paciente;

VELAR con el máximo respeto por la vida humana;

NO PERMITIR que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente;

GUARDAR Y RESPETAR los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente;

EJERCER mi profesión a conciencia y dignamente y conforme a la buena práctica médica;

PROMOVER el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;

OTORGAR a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y la gratitud que merecen;

COMPARTIR mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y el avance de la salud;

CUIDAR mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar atención médica del más alto nivel;

NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso bajo amenaza;

HAGO ESTAS PROMESAS solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

La Declaración de Ginebra parece ser similar al Juramento Hipocrático, pero una de las diferencias más cruciales es la ausencia del juramento a lo divino y la disposición a aceptar el castigo divino si se rompe. La Declaración de Ginebra se acerca más al código moral de la gente corriente, sin las limitaciones para el corazón humano. Es como una casa de aspecto magnífico construida sobre unos cimientos poco firmes y, por tanto, susceptible de derrumbarse a la menor brisa.

De hecho, mientras uno tenga una fe recta en su conciencia y en lo divino, sabrá cómo comportarse. No hay necesidad de tantas leyes y reglamentos. Esto se aplica no solo al ámbito médico, sino también a otras profesiones.

Es probable que la profesión médica siga existiendo en el futuro. En ese momento, es probable que los médicos vuelvan a su fe recta en lo divino y el tratamiento médico resultante podría ser muy diferente del actual.

Fuente: Minghui.org

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