Impregnada de daoísmo y budismo, la medicina tradicional china ve al ser humano como un sistema que vive al ritmo del universo que lo rodea.

Alimentado por los cinco climas del Cielo y los cinco sabores de la Tierra, el hombre forma parte íntegramente de la naturaleza.

No solo le pertenece, sino que le corresponde. La medicina tradicional china suele presentar al ser humano como un ecosistema en miniatura. Subraya la semejanza que presenta su organismo con el de la naturaleza: protuberancias óseas como relieves montañosos, sistema piloso como bosques, sistema venoso como ríos.

O aún las emociones se presentan como climas: la alegría, comparable al buen tiempo; la tristeza, a la lluvia. En esta visión, el cuadro clínico toma un sentido profundo en la medicina tradicional china.

Algunos ven en aquellas analogías una dimensión poética, sin vínculos verdaderos con la ciencia o con la medicina. Sin embargo al igual que un niño se parece a sus padres, es lógico que el hombre tenga alguna semejanza con su madre natural.

Entonces, no es solo poesía, sino la esencia de la visión tradicional china sobre el ser humano.

Cada uno de nosotros puede ser un “pequeño universo” ¿verdad?

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