Para muchos no es extraño el sentimiento de emoción que proviene de la confirmación de historias y relatos de textos sagrados gracias a investigaciones científicas.

Un sentimiento de confianza surge al verificar estas historias, más aún cuando se trata de confirmar lo que por dogma de fe ha sido enseñado.

Muchos emprendimientos de carácter científico se han enfocado en dar luces sobre eventos históricos relatados en la Biblia y no pocos han dado su brazo a torcer.

Uno de los motivos por los cuales puede volverse extenuante este tipo de investigaciones tiene que ver con lo coyuntural de sus posibles resultados.

En principio, la posible animosidad de quienes estén a favor o en contra de una creencia puede desencadenar controversias, independientemente de los hechos investigativos.

En segundo lugar, está la verdadera naturaleza del propósito investigativo, porque puede resultar de uno u otro bando, quien esté a favor o en contra de una creencia y eso, de entrada, conlleva un posible sesgo investigativo e impedimentos de tipo ético y moral.

No obstante, en medio de todo este entorno de contradicciones y motivos claros o turbios, hay científicos que se embarcan en este tipo de empresa y logran obtener respuestas.

El arca de Noé es uno de esos enigmas bíblicos que ha llamado la atención de la comunidad científica gracias a un gran número de coincidencias que apoyan la ocurrencia de tal evento.

Monte Ararat, lugar donde se cree se encuentra el arca

Recientemente se dio un simposio de expertos en Turquía para debatir el lugar exacto en el que se podría encontrar el Arca.

De acuerdo con la opinión de los expertos, la embarcación puede estar ubicada en el monte Ararat, ubicado en Turquía, el cual tiene una altitud de 5.166 metros.

Este monte ha sido objeto, múltiples veces en la literatura, de especulaciones sobre ser el lugar de reposo de la embarcación que salvó a múltiples especies de la Tierra.

Una expedición realizada en 2010 dio luces de un posible hallazgo gracias a un estudio que corroboró una datación de carbono a maderas de la zona con cerca de 4.800 años de antigüedad.

Grabado de principios del siglo XVIII que refleja el Arca de Noe y la distribución de los animales que en ella viajaron. Wikipedia
Grabado de principios del siglo XVIII que refleja el Arca de Noe y la distribución de los animales que en ella viajaron. Wikipedia

La fecha que data la prueba de carbono coincide con la época en que la embarcación pudo haber sido utilizada.

Raúl Esperante, miembro del instituto de investigación en geociencia ofrece cierto grado de veracidad a los descubrimientos, no obstante, afirma que hace falta un trabajo de mayor rigurosidad científica.

El experto añadió: “Mi propósito es visitar los sitios alrededor de la montaña para encontrar pruebas sobre eventos catastróficos sucedidos en el pasado”.

Recientemente muchas de las referencias históricas de hechos bíblicos o religiosos han adquirido un espacio en la comunidad científica. Esto a su vez puede brindar una visión más clara de estos sucesos.

A fin de cuentas, nos encontramos en un mundo que parece ser regido por principios estocásticos, tan aceptados por la comunidad científica, en donde el azar prima sobre el determinismo. Sin embargo ¿Qué subyace a estos principios?

Como bien lo decía Einstein: “Dios no juega a los dados”. Al parecer el hecho de encontrar un arca de esas dimensiones a más de 4.000 metros de altura, en la cima de una montaña y tan alejada del mar no parece ser un hecho del azar.

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