Como cada noche, el pequeño Wu Meng se acercó en puntas de pie al cuarto donde descansaban sus padres. Sin hacer ruido, desabrochó su camisa, buscó un lugar apropiado y, con el torso desnudo, esperó la llegada de los pinchazos; el día había sido caluroso y húmedo, y los primeros mosquitos no se harían esperar.

En medio de la oscuridad, lo único que hacía soportable el dolor de Wu Meng era el pensamiento de que sus padres iban a tener una noche reparadora. Cada mosquito que lo picara a él, era una picadura menos para ellos.
Muestras de conducta filial como la de Wu Meng abundan en la historia china. Muchos de estos relatos, que fueron escogidos y compilados durante la Dinastía Yuan (1280-1368 d.C.), incluyen proezas filiales de hijos hacia sus padres desde la era del Emperador Shun. Aún hoy, estas historias son una parte importante de las virtudes ortodoxas chinas.

La historia de Wu Meng tuvo lugar durante la Dinastía Jin (265-420 d.C.). Aunque solo tenía ocho años de edad, el niño servía a sus padres con devoción. Su familia era extremadamente pobre y no podía comprar mosquiteros, por lo que en las cálidas noches de verano los mosquitos entraban en enjambres tan espesos como el humo. Entonces, él se quitaba la camisa y dejaba que los insectos se posaran sobre su piel desnuda.
A veces miraba cómo los mosquitos se llenaban de sangre y se alejaban satisfechos. Aunque era conciente del escozor que le causaría a la mañana siguiente, Wu Meng sabía que si los espantaba con la mano, los mosquitos irían a molestar a sus padres.

Para que no supieran el sacrificio que estaba haciendo y le ordenaran dejarlo, el devoto hijo se despertaba antes que sus padres, se colocaba la camisa sobre el torso hinchado y regresaba a su propia cama como si hubiera descansado allí toda la noche. Pero una mañana, cansado por tanta pérdida de sueño, Wu Meng se durmió y olvidó ponerse la camisa. Cuando su padre se levantó y lo encontró durmiendo al lado de su cama, vio que la piel del niño estaba cubierta de ronchas coloradas. Inmediatamente comprendió lo que él había estado haciendo por ellos.

El señor Wu despertó a su esposa y le contó la historia. Profundamente emocionados por la preocupación de su hijo, ambos padres comenzaron a llorar. Estaban tan conmovidos que el llanto llamó la atención de los vecinos, quienes se reunieron para averiguar qué pasaba y supieron del sacrificio que el joven Wu Meng había hecho por sus padres.

Todos opinaron que la actitud de respeto filial del niño era extraordinaria, en especial tratándose de uno de ocho años de edad. La voz comenzó a correrse y alguien informó el incidente al magistrado local, quien escribió un memorando al “Trono del Dragón” informando a la corte real. Cuando la historia llegó a oídos del emperador, éste premió a Wu Meng con una beca de la academia imperial. Además, le regaló a la familia un juego de mosquiteros y un salario para que nunca más sufriera carencias.

La historia se popularizó tanto, que hasta se difundió un verso en honor a Wu Meng, del cual se puede entender bien un sentido de la piedad filial (adaptado al castellano):

¡Sin redes para mosquitos, en las noches de verano!
Miles de insectos lo pican, pero él no levanta su mano
«Déjenlos beber mi sangre y llenarse hasta que se cansen,
¡Pero no molesten a mis padres cuando esta noche descansen!»

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Categorías: Cultura Legado divino