Li Jue, con solo 15 años, se quedó a cargo de un negocio familiar de granos. Su conducta recta y desinteresada marcó un precedente de estándar moral.

La mayoría de la gente del negocio de granos obtenía beneficios engañando con los pesos y las medidas. Pero Li, al contrario, entregaba a sus clientes un recipiente medidor para que ellos preparasen lo que necesitaban.

No le importaban las altas y bajas de los precios de los cereales y solo ganaba unos pocos centavos por cada 10 medidas de arroz. Li empleó la mayor parte de su ganancia para mantener a su familia y -curiosamente- ellos vivían una vida abundante con ese dinero.

Con más de ochenta años, continuó haciendo negocios. A los 100, todavía estaba saludable y mentalmente sano, pero igualmente se despidió de su familia.

Tres días después de su muerte la gente escuchó un sonido crujiente de su ataúd. Lo abrieron y descubrieron que su cuerpo había desaparecido, solo quedaba  su ropa.

Los antiguos sabios creían que era difícil para los empresarios alcanzar la inmortalidad. Sin embargo, la historia de Li nos dice que no es una tarea imposible, siempre y cuando uno tenga un corazón recto y el comportamiento virtuoso.

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Historia adaptada de Xu Xian Zhuan (Biografías Continuas de los Inmortales); editada por es.minghui.org y resumida por BLes.com.