Redacción BLes – ¿Por qué una mera teoría, como la darwiniana, que nunca aportó pruebas sólidas fue tan aceptada mundialmente e incluso llegó a los libros de educación elemental y superior?

Correremos un velo que ha cubierto a la humanidad por cientos de años: la teoría de la evolución se aceptó para generar confusión y engañar a las personas, para poder instalar a la ciencia como doctrina y socavar la creencia en Dios.

Al creer la teoría de que el más fuerte mata al más débil y ubicarnos como descendientes de un animal, tratan de ocultar nuestro verdadero origen.

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Charles Darwin -nacido en 1809 en Gales, Reino Unido- teorizó acerca de la evolución de las especies por selección natural y la lucha por la supervivencia. Así lo publicó en su libro “El origen de las especies” en 1859.

Según su teoría, todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural. En este contexto se cree que el ser humano podría descender de los simios, motivo por el cual se ha tratado de encontrar -sin éxito alguno- el “eslabón perdido”.

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En 2009 los medios masivos se hicieron eco del descubrimiento de un fósil que aseguraron era el ‘eslabón perdido’ del humano, al que bautizaron como Ida. Sin embargo a los pocos días la revista New Scientist lo desmintió, pero a eso no lo difundieron tan masivamente.

Las únicas pruebas que los darwinianos encontraron para asegurar que descendemos del mono son unos pocos huesos y es imposible formar una cara a partir de esos fósiles.

Otras cuestiones son: si descendemos del mono ¿por qué este sigue conviviendo con nosotros?
¿Por qué el chimpancé tiene 48 cromosomas y el humano 46? ¿en qué momento el hombre perdió los dos cromosomas que faltan? ¿por qué somos menos ágiles que ellos?

Esta teoría tiene tantas brechas que hasta los mismos científicos comenzaron a cuestionarla.

Chris Williams, un bioquímico de la Universidad Estatal de Ohio dijo: “Pocas personas fuera de la genética o la bioquímica se dan cuenta de que los evolucionistas todavía no pueden proporcionar detalles sustanciales sobre el origen de la vida”.

De acuerdo con la teoría de Darwin la vida se construyó a partir de mutaciones aleatorias, a modo de “capricho” de la naturaleza, y se enseña en los colegios como si fuera un hecho. Pero son cientos los investigadores que no comparten la aleatoriedad en el origen de la vida.

Francis Crick, ganador del Premio Nobel, co-descubridor de la doble hélice del ADN, dijo: “Un hombre honesto, armado con todos los conocimientos que disponemos ahora, solo puede afirmar que, en cierto sentido, el origen de la vida parece ser casi un milagro”.

Dado que la teoría darwiniana es el paradigma científico predominantemente aceptado, tal declaración equivale a una “herejía” en el ámbito científico porque sugiere que algo más que la evolución casual pudo haber intervenido en la génesis del ser humano. Por su parte el sitio Collective Evolution declara que se trata de un tema controvertido, y que algunos científicos son reprendidos por disidir del evolucionismo.

¿Pero por qué tanto esmero en sostener una teoría con tantas brechas y que fundamentalmente no es más que eso? Para esta respuesta tenemos que remontarnos muchos años atrás.

Según varios registros históricos, el filósofo alemán Karl Marx era un férreo defensor de la teoría evolucionista ya que le era muy “funcional” a sus propósitos. En diciembre de 1860, Marx escribió a su asociado Friedrich Engels sobre la teoría de Darwin, elogiando ‘El origen de las especies’ como el libro que contenía los fundamentos de historia natural para su punto de vista, refiriéndose al ‘materialismo histórico’.

En una carta dirigida al filósofo socialista Ferdinand Lassalle en enero de 1862, Marx dijo: “El libro de Darwin es muy importante y me sirve como base científica natural para la lucha de clases en la historia”.

En este sentido, tal como lo sugiere el capítulo 2 del libro “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, la teoría de la evolución en el campo de las ciencias naturales y el materialismo en el campo de la filosofía ofrecieron al marxismo dos poderosas herramientas para engañar y reclutar seguidores.

Mientras las distintas religiones y disciplinas espirituales afirman que los seres humanos fuimos creado por los dioses, los darwinistas y materialistas -a través de sus doctrinas- socavan esta creencia, fomentando así el ateísmo. Una persona que no cree en Dios, no tiene parámetros para discernir lo bueno de malo, y con esa baja moralidad se atreve a hacer cualquier cosa y a cometer cualquier crimen, sin restricción.

Además, al ocasionar el quiebre de la creencia en Dios, estas doctrinas ponen en peligro al ser humano porque lo llevan gradualmente a que se desconecte de su origen divino y a que se aleje cada vez más de los principios que Dios le dio para vivir y perfeccionarse en la Tierra, con el fin de regresar a su naturaleza original. El objetivo ulterior es entonces debilitar la conciencia del hombre para que como especie se eliminen los unos a los otros, diezmando la población para dejar solo unos pocos que -a su entender- son los más aptos.

Sin embargo, no todo está perdido. Hay esperanza. Todavía hay personas con una conciencia clara que se oponen a estas doctrinas.
Además, el origen divino del hombre, aunque enterrado en tantos conceptos materialistas- aún está allí, latente. Solo tiene que despertarse.

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