Redacción BLes – Investigadores de la Universidad de Baylor en Texas, EE. UU., hallaron un cráter en la cara oculta de la Luna donde habría una enigmática y rica cantidad de metales. Los expertos aseguran que la misma podría estar allí debido a los restos de asteroides que alguna vez impactaron y dieron forma a dicha depresión en la superficie del satélite natural.

De acuerdo con RT, los científicos compararon los datos recuperados de la misión GRAIL de la NASA con los registros obtenidos mediante topografía lunar. A la hora de analizar la información encontraron que había una cantidad de “cientos de kilómetros” de masa debajo de la cuenca del cráter Aitken.

El cráter tiene un diámetro de unos 2.600 kilómetros y una profundidad de 15 kilómetros desde el fondo hasta los picos de su estructura.

Según informó el portal de noticias científicas Science Alert, ante el descubrimiento, Pearl James, geofísico de la Universidad de Baylor, expresó: “Imagínese tomar una pila de metal cinco veces más grande que la isla de Hawái y enterrarla bajo tierra”, “esa es aproximadamente la cantidad de masa que encontramos”.

Inicialmente la información de la anomalía con la que los investigadores estaban trabajando mostró que la cuenca tenía una densidad aún mayor a la que se había medido en comparación con la superficie lunar, lo cual atribuyeron a la superficie rica en hierro.

Pero una vez que lograron comparar los datos con los registros topográficos recogidos por el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA, descubrieron la masa de aproximadamente 2.18 quintillones de kilogramos, extendida a más de 300 kilómetros bajo la superficie.

De acuerdo con James, la explicación a la cantidad de masa adicional encontrada es “que el metal del asteroide que formó el cráter todavía está incrustado en el manto de la Luna”.

Las simulaciones logradas por computadora mostraron que en condiciones adecuadas, el núcleo de hierro y el níquel proveniente de un asteroide impactado puede dispersarse en el manto superior, entre la corteza y el núcleo de la Luna. Eso es lo que los investigadores creen que sucedió hace 4.000 millones de años.

Otra de las posibilidades atribuidas al fenómeno señala que aquella masa podría tratarse de una concentración de óxidos densos, que estarían asociados a la última etapa de solidificación del océano de magma lunar.

¿Y si esta gran reserva de metal fuera un indicio de la verdadera naturaleza de nuestro satélite?

Hay una teoría que expone que la Luna bien podría ser una obra de ingeniería que supera las expectativas de la ciencia moderna.

Esta versión explica por qué la órbita de nuestro satélite está hecha “a la medida” de la Tierra, dado que, en su ciclo de traslación puede generar un efecto positivo en las distintas fases de cambio de la vida terrestre, favoreciendo a la humanidad en el proceso.

¿Pero acaso las características que tiene la Luna para contribuir a la vida en la Tierra, y más específicamente a la humanidad, pueden ser el resultado de la inteligencia y el razonamiento humano?; tal vez, pero uno muy distinto al que se encuentra plasmado en los registros académicos modernos.

Quizás los textos antiguos puedan arrojar luz sobre el conocimiento más primigenio del hombre, ya que el margen de tiempo que separa la historia actual con la antigüedad puede contener muchos más detalles de lo que pudo haber sido la historia humana entre distintos periodos de civilizaciones pasadas.

Por ejemplo, en la Constitución de Tages, Aristóteles menciona que los arcadios tenían derecho a la tierra por sobre los griegos por “estar habitándola antes de que la Luna apareciera en los cielos”.

El filósofo romano Plutarco también llegó a hacer mención de los pueblos que pudieron presenciar la ascensión de la Luna. En Preguntas Romanas, redactó: “Estaban los Arcadios de Evander, que les siguieron a las gentes llamadas pre-lunares”.

También en libros como el Canchur (libro milenario tibetano), el Samarangana Sutradhara de la antigua India y la epopeya de Gil-gamesh se habla sobre civilizaciones que poseían distintos grados de tecnología.

La ciencia aún tiene que responder muchos enigmas sobre la Luna, y en ese sentido los descubrimientos que periódicamente se hacen públicos contribuyen a entender cómo este cuerpo celeste podría tener un origen muy distinto al descrito en el conocimiento moderno estandarizado.

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Temas: Categorías: Ciencia

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