Chris Lemons es una de las pocas personas en el mundo que ha logrado sobrevivir sin oxígeno durante un largo periodo de tiempo. Su historia, plasmada en el reciente documental Last Breath (Último aliento), supuso el cambio en algunos aspectos del buceo profesional.

Todo ocurrió el 18 de septiembre de 2012, recoge la BBC. Lemons, que trabajaba en un equipo de buceo reparando tuberías en un pozo petrolífero al este de Escocia, se adentró junto a dos compañeros en la campana de buceo para bajar desde el barco al lecho marino y acometer la reparación.

Sin embargo, el sistema de posicionamento dinámico del barco falló repentinamente y el buque empezó a desviarse. Al sonar las alarmas para volver a la campana, el cable de Lemons se enganchó en un trozo de tubería, con la mala suerte de que esta se rompió y Lemons cayó al fondo del mar.

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“Quedé rodeado por una oscuridad que lo abarcaba todo”, ha recordado. Al reincorporarse trató de volver al pozo de petróleo para ver si la campana de buceo seguía allí, pero no la veía. “Decidí calmarme y conservar el poco aire que me quedaba. Solo tenía entre seis y siete minutos de aire de emergencia en la espalda. No esperaba que me rescataran, así que me acurruqué en forma de bola”, ha proseguido.

Según explica Mike Tipton, jefe del laboratorio de entornos extremos de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), el cuerpo humano solo puede sobrevivir unos minutos antes de que los procesos biológicos empiecen a fallar: “El cuerpo humano tiene un par de litros de oxígeno. El uso que haga de él depende del ritmo metabólico”, ha asegurado.

Mientras Lemons trataba de alargar el poco tiempo que le quedaba, sus compañeros intentaban por todos los medios encontrarlo en el fondo del mar. Cuando lo encontraron, inmóvil, 30 minutos después de lo ocurrido, su cara estaba azul y no respiraba. Sin embargo, tras realizarle el boca a boca, Lemons volvió a respirar.

El buzo ha recordado esos últimos momentos y cómo fue volver a la vida: “Cuando se me acabó el aire, me sentí un poco como antes de quedarme dormido. No fue desagradable, pero recuerdo haberme disculpado mucho con mi prometida, Morag. Me enfadaba el daño que esto le haría a otras personas”.

Sin embargo, su situación tuvo un desenlace que ha podido contar. “Me sentí muy aturdido, vi luces parpadeantes. Solo unos días después me di cuenta de la gravedad de la situación”, ha agregado.

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Entre las posibles causas que ayudaron a su supervivencia bajo el agua se encuentra la baja temperatura del Mar del Norte, probablemente por debajo de los 3ºC, que pudo haber enfriado el cerebro y así aumentar el tiempo de sobrevivir sin oxígeno. “Si la temperatura del cerebro baja a 30°C, puede aumentar el tiempo de supervivencia de 10 a 20 minutos. Si enfrías el cerebro a 20°C, puedes conseguir una hora”, apunta Tipton.

Para Lemons, una de las razones por las que sobrevivió “fue la calidad de las personas que me rodeaban. Yo hice muy poco. Fue la profesionalidad y la heroicidad de los dos compañeros que estuvieron conmigo en el agua y de todos en el barco. Tuve mucha suerte”, ha concluido.

Tras su accidente, se empezó a utilizar tanques de emergencia que contienen 40 minutos de aire en lugar de los cinco que había anteriormente. Además, los cordones umbilicales que llevan los buzos ahora cuentan con luces de colores para poder distinguirlos mejor en el agua.

A través de 20 Minutos.

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Categorías: Ciencia