La misión Orígenes, de la NASA, ha revelado agua atrapada en las arcillas que componen al asteroide Bennu, de acuerdo con los datos enviados, el 2 de diciembre, por la  nave espacial OSIRIS-REx, lanzada en el año 2016.

Después de un recorrido de 2.2 millones de kilómetros, entre  mediados de agosto y principios de diciembre, la nave logró un hallazgo que hubiera sido catalogado como de ciencia ficción, en otras épocas.

“Este hallazgo puede proporcionar un vínculo importante entre lo que creemos que sucedió en el espacio con asteroides como Bennu y lo que vemos en los meteoritos que los científicos estudian en el laboratorio”, según Eurekalert, dicho por Ellen Howell, miembro del grupo de análisis espectral de la misión.

Hallan agua en un asteroide:
Preparativos de la nave espacial OSIRIS-REx.

En el análisis de los datos intervinieron los dos espectrómetros de la nave, el Espectrómetro visible y de infrarojos (OSIRIS-REx Visible and Infrared Spectrometer (OVIRS) y el Espectrómetro de emisones termales (OSIRIS-REx Thermal Emission Spectrometer (OTES), que evidenciaron la existencia de “hidroxilos”, que son átomos de oxígeno e hidrógeno unidos entre sí, incrustados en las moléculas de arcilla.

“La presencia de minerales hidratados a través del asteroide confirma que Bennu, un remanente de la formación temprana del sistema solar, es un espécimen excelente para que la misión OSIRIS-REx estudie la composición de volátiles y orgánicos primitivos”, comentó Amy Simon, científica adjunta del instrumento OVIRS en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, según la NASA.

 Hallan agua en un asteroide
No será necesario que la nave se pose en el objetivo para tomar la muestra de material.

Estas evidencias químicas permiten que los científicos deduzcan que Bennu interactuó con el agua, y que si bien su tamaño no le permitió contenerla en forma líquida, si debió existir en el cuerpo de mayor tamaño del cual se desprendió.

Por otra parte, el instrumento OSIRIS-REx Camera Suite (OCAMS), corroboró la precisión de los cálculos elaborados por los investigadores en Tierra, en el año 2013, acerca de la forma real del asteroide, su diámetro, la velocidad de rotación, la inclinación, y la forma general presentada por Bennu.

En lo que no estuvieron tan acertados los cálculos fue en la relación de la altura, dado que se le pronosticaron 10  metros, en tanto que resultó midiendo 50 metros de altura, y un ancho de 55 metros.

La misión específica de la nave, es la de traer a la Tierra muestras de los materiales que encuentre en los cuerpos visitados. Para acercarse al objetivo el equipo de estudiosos aproximará aún más la nave y  determinará el lugar idóneo para la toma de la muestra de sus materiales.

“La nave espacial está sana y los instrumentos científicos funcionan mejor de lo necesario. Es hora de que nuestra aventura comience”, comunicó Dante Lauretta, investigador principal de OSIRIS-REx en la Universidad de Arizona, Tucson, según el mismo medio.

Lo que solía ser ciencia ficción ahora es una realidad, subrayó el presidente de la Universidad de Arizona, Robert C. Robbins.Nuestro trabajo en Bennu nos acerca un paso más a la posibilidad de que los asteroides proporcionen a los astronautas recursos como combustible y agua en futuras misiones en el sistema solar”.

Por otro lado, investigadores comprobaron la presencia de agua en la atmósfera del exoplaneta HR 8799c con ayuda del Observatorio Keck en Mauna Kea en Hawái, Estados Unidos, lo cual es un indicio de vida.

El siguiente gran desafío para la misión es el de acercarse al asteroide y tomar la muestra, proceso que se ha programado para el 31 de diciembre, que serán entregadas en la Tierra en el 2023.

José Ignacio Hermosa – BLes

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