Redacción BLes– Tras 10 años de ardua lucha por permanecer como dueño absoluto del poder en la nación más poblada del planeta, China, Xi Jinping se acerca a la hora de la verdad. 

La encrucijada que tendrá lugar en noviembre, con motivo del 20º Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), será “una batalla a vida o muerte para Xi Jinping”, según dice Chen Weijian, redactor jefe de la revista Beijing Spring, citada por Secret China. 

El 20º Congreso se celebrará en Beijing y reunirá a unos 2.300 delegados, que representan a cerca de 90 millones de miembros del PCCh. Estos decidirán el destino de más de 1.400 millones de ciudadanos chinos, durante los próximos cinco años, al menos. 

En este evento también se elegirá un nuevo Comité Central, que a su vez aprobará a los miembros del Buró Político y del Comité Permanente, quienes serán los jefes durante ese período. También se espera que el líder, Xi Jinping, se postule para un tercer mandato. 

Sin embargo, a pesar de la titánica labor ejecutada por Xi para lograrlo, los fuertes vientos que se alzan en su contra no permiten presagiar su éxito. De esta manera, se estaría fraguando una de las peores crisis en los 100 años de historia del PCCh.

La batalla más reciente de Xi Jinping

Luego de purgar y apartar del camino a millones de funcionarios, con base en una campaña supuestamente anticorrupción, el régimen chino impuso a los funcionarios de alto rango el deber de informar las actividades empresariales de sus cónyuges e hijos. Quienes no lo hagan o traten de eludir las normas, serán despojados de ellas.

Esta sería la más reciente batalla declarada por Xi ante sus rivales por el poder, y una de las más letales, dado que  no hay nadie en la élite del PCCh que no tenga hijos o cónyuges, directa o indirectamente, con vínculos empresariales.

Visto desde otro ángulo, Xi tiene ahora en su poder a todos los posibles oponentes a su reelección, y podrá determinar quienes permanecen activos o, por el contrario, serán desposeídos. Los resultados dependerían del grado de lealtad de los implicados. 

“La lucha contra la corrupción es la forma probada por Xi de eliminar a los oponentes políticos. Casi todos los antiguos jefes del partido, excepto Hu Wen y Jiang Zhu, fueron enviados a Qincheng [una prisión de máxima seguridad, ubicada en Beijing]…”, sostiene también  Chen.

Y agrega: “… y los que no entraron no tuvieron otra salida que arrodillarse y perder su lealtad para salvar sus vidas”.

Quién puede salir adelante depende de la actitud que haya mostrado hacia Xi. Esta vez, la campaña anticorrupción de Xi Jinping es políticamente más clara y tiene como objetivo abrir el camino para su reelección en el XX Congreso Nacional”. 

Reveses de Xi en la escena internacional

Aunque Beijing ha tratado de desvirtuar la agresividad de su  política internacional, mediante el intenso uso de la propaganda a varios niveles, sus desaciertos le están pasando la factura. 

Un informe presentado por el Consejo Atlántico, un “think tank” (centro de pensamiento) estadounidense en el campo de los asuntos internacionales, expresó el año pasado: “Ahora, sin embargo, la misión de estrategia de EE. UU. para China debería ser hacerla volver a su camino anterior a 2013, es decir, al status quo estratégico anterior a Xi”. 

Esta recomendación es interpretada por el doctor Zhang Tianliang, como un “cambio de Xi pero no del Partido Comunista”. Es decir que Xi Jinping debe ser reemplazado, desde la perspectiva de este informe. Zhang es profesor de historia china y presentador del popular programa de televisión en chino A Grand View of Chinese History.

Además, enfatizó que había una fuerza dentro del Partido Demócrata, de Estados Unidos, que odiaba a Xi Jinping más que al PCCh, y que quería reemplazarlo inmediatamente, que difícilmente podía tolerarlo.

Por otro lado, la reciente designación del representante especial del régimen chino para asuntos europeos, Wu Hongbo, para una gira de tres semanas, fue interpretada por los líderes empresariales como una estrategia para mejorar sus posibilidades de reelección en el próximo Congreso del PCCh.

“Los chinos quieren cambiar el tono de la historia, para controlar los daños. Entienden que han ido demasiado lejos”, dijo uno de los líderes empresariales europeos, citó CNBC el 19 de junio.

De hecho: “En todas las paradas, Wu admitió que China había ‘cometido errores’, desde su gestión de Covid-19 hasta su diplomacia de ‘guerrero lobo’, pasando por su mala gestión económica”, escribió Frederick Kempe, presidente y director general del Consejo Atlántico.

Es de recordar que en una visita a Europa, previa al viaje de Wu, al funcionario del PCCh, Huo Yuzhen, se le negó una reunión con funcionarios del gobierno de Polonia. Esta sería una muestra de la posible ‘erosión’ del poder del régimen en Europa.

Rechazo popular

En este contexto, y aún más impactante, es la pérdida de popularidad experimentada por Xi Jinping. 

Una demostración de ello se evidencia en el revés con el que fue castigado por los ciudadanos un intento del PCCh por conocer la opinión popular.

En “El aprendizaje de Xi Jinping de la campaña de “persuasión” de Yuan Shikai”, lanzada por la Internet, los resultados fueron realmente desalentadores porque aunque los comentarios superaron los 850.000 durante el primer día, la mayoría fueron negativos hacia el régimen chino.

“En definitiva, la glorificación y la ‘persuasión’ que esperaban los planificadores no se produjeron, sino que dieron al público la oportunidad de criticar públicamente a Xi Jinping”, sostiene el medio IPK, del 4 de julio.

La campaña fue organizada personalmente por Xi Jinping en febrero, con el objetivo de impulsar su reelección en el XX Congreso Nacional, con resultados desastrosos, donde el 99% de los comentaristas expresaron su frustración con él, y con el PCCh, en medio de muchísimas quejas.

Por su parte el Gran Movimiento de Traductores, integrado por disidentes del régimen chino, resumió este fiasco tuiteando: “¡Qué historia!: El PCCh originalmente invitó a la gente a dar sugerencias para el próximo congreso nacional, pero lo prohibió poco después. ¿Qué esperaban realmente?”.

Desde otro enfoque, de acuerdo con el análisis económico del ex primer ministro australiano Kevin Rudd, Xi, difícilmente logrará alcanzar la meta del crecimiento económico planteado,  del 5.5%, y este fracaso sería decisivo en los resultados de su aprobación para un tercer mandato.

“Para el señor Xi, no alcanzar el objetivo sería políticamente desastroso”, consideró Rudd, de acuerdo con su artículo del Wall Street Journal, del 10 de mayo.

En este sentido, el socio fundador de Rhodium Group, Daniel H. Rosen, también vinculado al Atlantic Council, afirma que “China no puede tener el estatismo de hoy y las fuertes tasas de crecimiento de ayer. Tendrá que elegir”.

De esta manera, aunque se apruebe la continuidad de Xi en el poder del PCCh, las fuertes presiones que se registran desde innumerables fuentes, le estarían obligando a aplicar cambios sustanciales e ineludibles en la dirección del régimen chino. 

El autor e historiador, Claude Arpi, va aún más lejos al considerar que incluso esos cambios podrían terminar con el liderazgo absoluto de Xi Jinping. 

Por lo que escribe “Aunque las políticas de Xi han empezado a ser cuestionadas dentro de China, esto no significa que no se le conceda un tercer mandato”.

Y agrega: “Sin embargo, es sin duda un Xi debilitado el que gobernará China después de noviembre. Un liderazgo colectivo puede ocupar el lugar del actual gobierno imperial”. Así, se configuraría  una de las peores crisis en sus 100 años de historia. Por lo pronto, habrá que esperar hasta noviembre para conocer el desenlace final.

José Hermosa – Redacción BLes

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