Redacción BLes– La sistemática extracción y venta de órganos de presos de conciencia a practicantes de la disciplina espiritual Falun Dafa, que se convirtió en el genocidio más grande del siglo XXI, para el régimen chino es un enorme y multimillonario negocio. Sin embargo, la falta de transparencia del comunismo en China, sumado al poderío ilimitado que desarrollaron en las últimas décadas a nivel mundial, dificulta toda tarea de la comunidad internacional para intervenir y detener las atrocidades que están sucediendo hasta el día de hoy.

La revista Bitter Winter, especializada en derechos humanos en China, publicó el lunes una detallada nota sobre la persecución que sufre la disciplina espiritual Falun Dafa, también conocido como Falun Gong. En ella cuenta el terrible papel del Partido Comunista Chino en el asesinato en masa, la tortura y la obtención de dinero a partir de la sustracción forzada de órganos de quiene practican la disciplina.

Por sus efectos en la salud y sus respuestas espirituales, Falun Dafa se hizo muy popular durante su difusión pública en China entre 1992 y 1999. A comienzos de 1999, había un estimado de entre 70 y 100 millones de practicantes en China.

El 20 de julio de 1999, el líder del PCCh, Jiang Zemin, ordenó al régimen que en un plazo de tres meses se erradique a Falun Dafa. Desde ese día comenzó una brutal persecución hacia los practicantes de dicha disciplina espiritual, que continúa hasta el día de hoy. La campaña de desprestigio y difamación se extiende incluso fuera de China.

La persecución de Falun Gong es una campaña ateísta ordenada por el Partido Comunista Chino, y liderada por la oficina 610, un grupo de tareas especial extra constitucional, creado específicamente para exterminar a los practicantes de Falun Dafa.

La campaña se centra en la implementación de un sistema de propaganda ateo y de desprestigio hacia Falun Dafa, un programa de conversión ideológica y reeducación forzada, y una variedad de medidas coercitivas ilegales, como detenciones arbitrarias, trabajo forzado, tortura física, sustracción forzada de órganos y muerte.

En 2006, el abogado canadiense especializado en Derechos Humanos, David Matas, junto al ex Secretario de Estado de Canadá para Asia Pacífico, David Kilgour, publicaron una completa investigación desarrollada por ellos durante varios meses bajo el nombre de “Cosecha Sangrienta: Investigación independiente sobre los alegatos de sustracción de órganos de practicantes de Falun Dafa en China”.

La investigación concluye con la afirmación de que el régimen chino utilizó a los prisioneros de conciencia (en su mayoría, practicantes de Falun Dafa) como un “banco de órganos vivos”.

Los prisioneros, una vez arrestadas, son sometidas a análisis de sangre y exámenes médicos para determinar su compatibilidad con los pacientes que necesitan un trasplante y confirmar su buen estado de salud. Al encontrarse uno compatible, al prisionero se le sustraen sus órganos en una operación secreta, seguida de muerte.

Según el informe, los centros de sustracción de órganos podrían haber tenido la capacidad de realizar entre 1,5 y 2,5 millones de trasplantes en los últimos 16 años. Los autores sospechan que las cifras reales de trasplantes se ubican entre los 60.000 y los 100.000 por año desde el 2000. Los órganos van desde corazones, pulmones, riñones, hígados hasta córneas de ojo.

Este es un gran negocio para China, que desarrolló un verdadero “turismo de trasplantes” concentrando su clientela principalmente en los ciudadanos más ricos de China y en ciudadanos europeos, estadounidenses y canadienses.

Pese a la innumerable cantidad de denuncias, investigaciones y pruebas que muestran la brutal persecución, extracción de órganos y asesinato de practicantes de Falun Dafa y otras minorías, el entusiasmo por continuar y expandir el comercio con China por la gran mayoría de los países del mundo, tiende a hacer que sea perjudicial para los intereses de los gobiernos y el sector privado, examinar adecuadamente la evidencia disponible del genocidio que actualmente se está desarrollando en el régimen chino.

Sin embargo la administración Trump optó desde el comienzo por condenar los abusos cometidos por el régimen comunista chino en materia de derechos humanos, y en los últimos meses redobló su apuesta tomando en consecuencia fuertes medidas concretas contra el régimen, como la reciente prohibición de importaciones de zonas de China donde se sabe que existen campos de concentración.

El 20 de julio se cumplieron 21 años de la persecución por parte del PCCh a los practicantes de la disciplina espiritual Falun Gong. En un comunicado de prensa del Departamento de Estado se pudo leer un llamado del gobierno de los Estados Unidos dirigido al régimen chino, condenando la situación y solicitando poner fin de inmediato al abuso y maltrato de los practicantes de Falun Gong.

A pesar de los esfuerzos constantes y recursos invertidos por el PCCh, Falun Dafa continúa con su expansión alrededor del mundo difundiendo sus valores de rectitud, basados en Verdad, Benevolencia y Tolerancia.

Andrés Vacca – BLes.com