Redacción BLesFan Baolin, un sobreviviente de la masacre de Tiananmen en 1989, fue encarcelado durante 17 años por el Partido Comunista Chino (PCCh). Tras su liberación fue rastreado, perseguido y hostigado por miembros del régimen hasta que finalmente logró escapar de China el año pasado.

A 32 años de la masacre de Tiananmen donde el PCCh desató una feroz represión contra estudiantes que protestaban contra el régimen absolutista chino, Fan Baolin habló con Associated Press y relató el padecimiento que debió atravesar desde su detención en 1999 hasta el año pasado que logró escapar del país para refugiarse del PCCh.

Fan de 57 años, participó de las manifestaciones de 1989 como tantos otros jóvenes estudiantes de su generación, sobrevivió a la represión y finalmente continuó su actividad profesional, tras recibirse de abogado, como miembro del aparato de seguridad del partido. Pero nunca dejó su actividad como defensor de los derechos humanos.

En 1999 fue arrestado por el PCCh, por entregar a activistas en el extranjero documentos confidenciales sobre la vigilancia de exiliados chinos en favor de la democracia. 

Fue condenado por “proporcionar ilegalmente secretos de estado en el extranjero” por enviar por fax documentos de la agencia de seguridad a un grupo del movimiento prodemocrático en Los Ángeles y “expresar simpatía y apoyo”, según el informe de sentencia al que accedió AP News. Fan dijo que había prometido utilizar su puesto para transmitir informes de inteligencia sobre el grupo.

Tras 17 años en prisión, fue liberado en 2016, y se convirtió en uno de los que aún son vigilados por el partido, una generación después de los hechos de Tiananmen en un esfuerzo por borrar la memoria pública de las protestas en el corazón de Beijing.

“Una vez que esté en la lista negra del gobierno chino, será rastreado de por vida”, asegura Fan al periodista que lo entrevistó, antes de cumplirse el 32 aniversario de la masacre de Tiananmen el viernes 4 de junio. 

Actualmente se encuentra en otro país asiático pero pidió expresamente que no sea identificado mientras el gobierno considera su solicitud de asilo.

Los líderes del PCCh han diseñado un perverso sistema para encarcelar o expulsar al exilio a activistas que atentan contra sus corruptos cimientos, y han logrado en gran medida asegurarse de que los jóvenes de china sepan poco sobre lo que sucedió el 4 de junio en la plaza de Tiananmen. 

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Según relató Fan, los familiares de los fallecidos en la brutal represión son vigilados y, antes del aniversario, algunos son detenidos u obligados a permanecer temporalmente dentro de sus casas para evitar que hagan algo que pueda llamar la atención. 

Los monumentos públicos sobre este tema en China siempre han estado prohibidos, así como cualquier material de estudio histórico que relate cómo fueron los hechos realmente. Las vigilias solían realizarse abiertamente en Hong Kong y Macao, territorios chinos con menos controles políticos, pero las autoridades prohibieron los eventos este año.

Luego de ser liberado de la prisión, Fan vivió en su ciudad natal de Xi’an, en el oeste de China, bajo vigilancia y restricciones absolutas. Mencionó que la policía le prohibió salir de la ciudad, rastreó su teléfono móvil y escuchó sus llamadas constantemente para tener conocimiento de sus movimientos.

“Buscaron a mi hermano y hermana”, dijo. Las autoridades querían “hacer que los miembros de mi familia me persuadan, me controlen, que no participe más en este tipo de cosas, que ya no conozca a estas personas”. Pero para proteger a su familia, Fan evitó contar detalles sobre sus actividades anti PCCh.

Fan dijo también que cuando viajó a otras ciudades durante el 2017 para visitar a antiguos amigos, la policía llamó todos los días para preguntar sobre qué estaba haciendo y cuáles serían sus movimientos. También relató que cuando realizó unas pequeñas vacaciones a la provincia de Yunnan en el suroeste en 2018, la policía lo detuvo y lo envió de regreso a Xi’an. Algo parecido le sucedió cuando en 2019 intentó visitar Beijing en el 30 aniversario de las protestas de Tiananmen.

Fan dijo que es tal el hostigamiento del PCCh sobre él y sus seres queridos por las acciones cometidas en el pasado, que cuando decidió irse de China no le informó ni a sus familiares lo que estaba planeando. Descartó su teléfono móvil para evitar que las autoridades lo usaran para rastrearlo, se dirigió a la frontera sur y la cruzó.

Hoy en el exilio aún teme ser vigilado y controlado por las autoridades del régimen comunista, que continúa persiguiendo, encarcelando y asesinando a sus detractores tanto dentro como fuera de sus fronteras. 

“No regresaré a China”, dijo. “Este es un camino sin retorno”.

Andrés Vacca – BLes.com