Redacción BLes– El régimen chino está sacando provecho de la actual pandemia del virus PCCh (Partido Comunista chino) o COVID-19 para incrementar la represión contra la etnia uigur en la región de Xinjiang al noreste de China.

Según dio a conocer una mujer perteneciente a dicha etnia bajo condición de anonimato a Associated Press, las autoridades del Partido Comunista chino la encerraron por más de un mes en un centro de detención junto a decenas de mujeres y ni bien fue puesta en libertad fue confinada en su hogar a pesar de no haber dado positivo a las pruebas del virus PCCh.

Ella afirmó que fue obligada a ingerir medicinas tradicionales en frascos sin etiqueta bajo la amenaza de ser detenida, dicha droga suministrada le habría causado náuseas además de sentirse débil; sin tener en cuenta de que, estando en detención, cada semana junto a las demás internas debía desnudarse para que les dieran una limpieza con una manguera y desinfectante.

Además a muchos en los centros de detención se les obliga a ingerir medicamentos sin prescripción médica, algo que los expertos han calificado como una violación hacia la ética médica. La eficacia de dichos tratamientos no está sometida a datos rigurosos que demuestren su efectividad.

Algunos de los medicamentos además contienen ingredientes que están prohibidos en países occidentales como Alemania, Suiza y Estados Unidos, según el informe de AP.

Aunque los medios estatales promueven la idea de que el programa de tratamiento con tal tipo de medicina cuenta con una tasa de participación del “100%”, los residentes de Xinjiang tienen pocas opciones u opiniones al respecto.

Incluso la Organización Mundial de la Salud, que mantiene relaciones estrechas con el Partido Comunista chino y ha sido acusada de ayudar a encubrir información determinante para que la comunidad internacional actuara ante el brote del virus; en el mes de marzo se dio a la tarea de eliminar de su sitio web la guía que negaba la efectividad dichos tratamientos.

Entre tanto, las autoridades de la región han recurrido a implementar el encierro forzado para los residentes en sus casas y enfrentarse a cuarentenas prolongadas de hasta más de 40 días. Quienes no cumplan las medidas son detenidos, según AP.

La agencia de noticias señala que a principios del mes de junio, ante los más de 300 casos registrados, las autoridades en Beijing implementaron medidas menos restrictivas, cerrando algunos vecindarios durante algunas semanas. 

En contraste, más de la mitad de los 25 millones de habitantes de Xinjiang están bajo un bloqueo que se extiende a cientos de millas del centro del brote en la capital de Urumqi. Aunque las medidas también han afectado a los residentes de Han en Xinjiang, no se ven sometidos a las acciones extrajudiciales como las minorías étnicas.

Como indica AP, en otras provincias chinas como en Wuhan o Hubei, que también se vieron obligadas a enfrentar restricciones similares, a los residentes no les fue impuesto ingerir medicinas ni fueron sometidos a baños con mangueras.

En redes sociales los residentes han recurrido a denunciar los maltratos que reciben por parte de las autoridades chinas, aun cuando las mismas autoridades emplean esfuerzos para reducir el impacto de sus mensajes.

Según un artículo de Emily Feng, corresponsal de Beijing para la National Public Radio, “la mayoría de las publicaciones se eliminaron pronto y se suspendieron varias cuentas. Los videos compartidos en la plataforma por residentes frustrados muestran a los residentes de Xinjiang esposados ​​a las rejas de las ventanas y las barandas de los balcones fuera de sus casas, un castigo por violar las reglas de cuarentena domiciliaria”.

Las represión dirigida hacia la etnia musulmana uigur se debe a que, como señala la revista de derechos humanos, Bitter Winter, el régimen chino considera como un problema cualquier movimiento que predique la libertad de culto o que reclamen la independencia.

Bajo la etiqueta de ‘separatismo’ o ‘terrorismo’, desde el 2017 el régimen chino viene estableciendo medidas para presionar a la minoría étnica que exige una autnomía real en la región, entre las más documentadas se encuentran los amados “campos de reeducación” en donde los prisioneros son sometidos a lavao de cerebro, adoctrinamiento y castigo.

Sin embargo, la represión dirigida hacia la etnia musulmana tan sólo es una parte del extenso historial de violaciones contra los derechos humanos cometido por el régimen chino.

La disciplina espiritual de la escuela Buda conocida como Falun Gong se ha convertido en un tema de interés para los expertos en derechos humanos que han investigados los masivos abusos que han sufrido los practicante de esta disciplina desde el año 1999, cuando el Partido Comunista chino implementó una campaña de persecución debido a la popularidad que alcanzó en todo el territorio de ese país.

César Múnera-BLes.com