Redacción BLes – La presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen, estuvo presente, el 30 de agosto, en el Foro Regional de Libertad Religiosa 2022, organizado por la Fundación para la Democracia de Taiwán, el Instituto Estadounidense en Taiwán (AIT) y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán con el objetivo de dar su apoyo a los movimientos espirituales oprimidos bajo regímenes autoritarios.

“La libertad religiosa es un derecho humano universal. Pero en los últimos años, hemos visto regímenes autoritarios, reprimir esta libertad fundamental en una escala cada vez mayor”, dijo la presidente.

“Nuestra visión es crear un mundo donde nadie sea perseguido por sus creencias, tradiciones o identidad religiosa”, agregó la mandataria.

La presidente también mencionó que Taiwán está comprometido con “la promoción y protección de la libertad religiosa internacional”, y por esta razón ha contribuido con donaciones al Fondo Internacional para la Libertad Religiosa del Departamento de Estado de EE. UU.

Por otra parte, la Fundación para la Democracia de Taiwán se ha desempeñado como miembro asesor de la Coalición Internacional para la Libertad y las Creencias Religiosas durante los últimos tres años. 

Rashad Hussain, Embajador General de EE. UU. para la Libertad Religiosa Internacional, elogió a Taiwán por ser uno de los socios más fuertes de EE. UU. en la promoción de la libertad religiosa.

El funcionario dijo que continúan ocurriendo hechos lamentables contra las religiones en todo el mundo, especialmente en la región Indo-Pacífico, donde los regímenes autoritarios reprimen a las personas por sus creencias espirituales.

En ese contexto, China es el país con más acusaciones y denuncias por sus graves violaciones a la libertad religiosa y abusos de derechos humanos.

¿Taiwán corre el riesgo de convertirse en una Xinjiang del PCCh?

Taiwán, tras la guerra civil china hace más de 70 años, consiguió su independencia, la Isla asiática actualmente es una democracia floreciente, pero el régimen chino considera que la isla debe unificarse a China, bajo la fórmula de “un país, dos sistemas”. 

Desde entonces, China ha declarado su amenaza de invasión, aumentando la presión política y militar sobre Taiwán con la intención de provocar su rendición.

Expertos en política internacional temen que Estados Unidos, país con el que mantiene una sólida relación extraoficial con la isla, inicie una guerra con China por causa de Taiwán. 

Después de la visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en agosto, las relaciones entre los países involucrados están en su peor momento.

China realiza continuos entrenamientos militares alrededor de la isla, restringiendo la entrada y salida de suministros, restringiendo el comercio y el turismo, de esta manera, Taiwán se enfrenta cada día a amenazas de invasión del PCCh.

Nury Turkel, el director de una agencia estadounidense que supervisa la libertad religiosa en todo el mundo, advirtió a los taiwaneses de que podrían enfrentar un destino similar al de los uigures perseguidos en la región occidental china de Xinjiang, si el PCCh logrará invadir la isla democrática.

“Hemos visto lo que el PCCh le está haciendo al pueblo uigur”, dijo Turkel, quien es un abogado y defensor de los derechos humanos uigur-estadounidense que vive en Washington, DC. 

“Sabemos lo que el régimen chino le está haciendo al pueblo de Hong Kong y lo que están dispuestos a hacerle a su propio pueblo en Shanghái en nombre de un objetivo político. Y podemos estar seguros de que los líderes chinos buscan lo mismo para Taiwán”, agregó el funcionario.

Varias investigaciones demuestran los abusos del PCCh contra la etnia uigur. 

Según testimonios de personas de la etnia uigur, fueron tratadas en las fábricas como esclavos y sufrieron las peores atrocidades contra los derechos humanos, como por ejemplo: el adoctrinamiento, la tortura, el aborto forzado, el infanticidio, la violación y la sustracción forzada de órganos a personas vivas para venderlos a la industria de órganos para trasplante.

El PCCh trasladó masivamente ciudadanos uigures desde la región occidental de Xinjiang a fábricas en todo el país para obligarlos a realizar trabajo forzado, haciéndolo parte de las cadenas de suministro de al menos 82 marcas mundiales reconocidas en los sectores de la tecnología, la indumentaria y la automoción, incluidas Apple, BMW, Gap, Huawei, Nike, Samsung, Sony y Volkswagen.

De acuerdo al último informe de la ONU publicado el 31 de agosto, China es responsable de “graves violaciones de los derechos humanos” en la provincia de Xinjiang.

Michelle Bachelet, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, tras su visita a Xinjiang, afirmó que “las denuncias de patrones de tortura o malos tratos, incluidos los tratamientos médicos forzados y las condiciones adversas de detención, son creíbles, al igual que las denuncias de incidentes individuales de violencia sexual y de género”.

El informe demuestra que los uigures sufrieron detenciones arbitrarias “restringiéndolos y privándolos de los derechos fundamentales”, lo que puede ser considerado como “crímenes internacionales, en particular crímenes contra la humanidad”.

Represión a las creencias en China

En China, diferentes grupos religiosos enfrentan diferentes niveles de persecución del PCCh: cristianos, protestantes, evangélicos, católicos, budistas, tibetanos, musulmanes uigures y practicantes de Falun Gong sufren violaciones al derecho de libertad religiosa.

La libertad de religión, en el territorio asiático, es restringida por medio de arrestos, con graves sentencias, abuso físico a través de la tortura, el adoctrinamiento, con lavado de cerebro con drogas en centros de reeducación, con multas, confesiones forzadas, destrucción de monasterios y conventos, expulsiones de escuelas y pérdida de empleos y control bajo vigilancia permanente.

Desde sus comienzos el PCCh ha desconfiado de las religiones, con una base atea, no permite a sus miembros creer o practicar cualquier fe; pues ve a la religión como una fuerza opositora a su poder y control.

Sin embargo, el artículo 36 de la constitución China garantiza la libertad de creencias religiosas, pero esa libertad se ve restringida por requisitos impuestos por el PCCh, que obliga a las religiones a adaptar su “teología, concepción y organización” de acuerdo a los principios socialistas. 

De esta manera, el PCCh determina qué creencia puede ser una religión, qué es ortodoxo, prohíbe cualquier creencia espiritual cuando lo considera necesario, celebraciones religiosas, la construcción de sitios religiosos, las reuniones, la difusión de material religioso, entre otros.

Un informe de Freedom house revela como los cristianos en China, no pueden celebrar la Navidad, los monjes tibetanos reciben reeducación patriótica, cómo un musulmán uigur fue condenado a 9 años de prisión solo por rezar.

No obstante, en medio de tanta censura a las creencias espirituales, los ciudadanos chinos se han mantenido fiel a su fe y continúan resistiendo, lo que puede considerarse como un fracaso de las políticas de represión del PCCh contra la libertad religiosa.

Es el caso de Falun Gong, que desde 1999 sufre una brutal persecución, luego que el exlíder del PCCh Jiang Zemin lanzó una campaña sin precedentes contra la disciplina espiritual, movilizando todo el aparato estatal para eliminar a Falun Gong.

Organizaciones de derechos humanos han documentado más de 100,000 casos de torturas a practicantes de Falun Gong, pero se estima que el número es mayor. 

De las 4000 muertes confirmadas de practicantes de Falun Gong en China, la gran mayoría fueron causadas por la tortura extrema. 

Las políticas y medidas represivas para erradicar la fe y la ancestral espiritualidad del pueblo chino, que ha venido tomando el PCCh en los últimos 20 años han sido un completo fracaso y no han hecho más que afianzar la defensa por la libertad religiosa en todo el mundo
Por Romina García – BLes.com

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