Redacción BLesLa pandemia por el COVID-19, también conocido como coronavirus de Wuhan o virus del Partido Comunista Chino (PCCh), ha marcado un antes y un después en muchos aspectos de la vida social del mundo entero, conocer a los responsables y la posición adoptada por las principales actores ayudará a comprender mejor las nuevas relaciones de poder.

Sin duda el asunto implica algo más complejo que una crisis sanitaria, ha generado grandes polémicas entre potencias y llevado incluso a reorganizar el mapa geopolítico mundial tras las disputas. 

También ha provocado cambios notables en las formas de relacionarse, de trabajar, de comunicarse e incluso alterando muchas costumbres históricas de las diversas culturas.

El régimen comunista chino está en el centro de las miradas, no solo porque allí es donde nació y desde donde se expandió el virus, sino por su polémico comportamiento a la hora de reaccionar en la primera instancia del brote, la mala comunicación con el resto del mundo, el ocultamiento constante de la información y las consistentes acusaciones que afirman que el virus se fugó de un laboratorio chino y no que se gestó en un mercado popular donde se venden alimentos y animales salvajes como cuenta el relato oficial. 

Paralelamente, las críticas indican que el régimen además ha hecho un maquiavélico uso político de la pandemia la cual ha sido utilizada, tanto por ellos como por otros gobiernos teñidos de comunismo, como argumento para aumentar considerablemente el control social sobre la población.

 

El PCCh oculta el surgimiento del virus con la complicidad de la Organización Mundial de la Salud

El ocultamiento del brote del virus del PCCh durante más de dos meses por parte del régimen chino, y la negligente complicidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), han sido causa de acusaciones que indican incluso la voluntad de generar un “genocidio de escala global”.

El 30 de diciembre de 2019, el Dr. Li Wenliang, un oftalmólogo chino que trabajaba en el Hospital Central de Wuhan, envió un mensaje a un grupo de médicos en la plataforma de mensajes We Chat, alertando sobre una enfermedad mortal que podría causar estragos en Wuhan por la rápida transmisión entre humanos y los graves efectos en el sistema respiratorio de los contagiados, informó la revista científica The Lancet.

Días después, fue citado a la Oficina de Seguridad Pública de Wuhan donde fue obligado a firmar una declaración en la que se le acusaba de hacer declaraciones falsas que alteraban el orden público.

El paso de los días le dió la razón al oftalmólogo, y los casos con virus comenzaron a reproducirse exponencialmente, aunque las autoridades sanitarias decidieron esconder la situación y no informar al respecto. 

Li volvió al trabajo después de firmar la declaración y contrajo el virus que lo llevó a la muerte poco más de un mes después, provocando la indignación de sus colegas y seres queridos quienes hicieron todo lo posible por difundir las advertencias del Dr Li.

Paralelamente, Taiwán avisó el 31 de diciembre a la OMS del caso de pacientes con una “neumonía atípica” en Wuhan, que comenzaba a afectar también al personal médico.

Pero la organización no compartió la información, informó el Daily Caller, citando un informe publicado el viernes 20 de marzo de 2020 en el Financial Times.

“Aunque el sitio web interno (del Reglamento Sanitario Internacional) proporciona una plataforma para que todos los países compartan información sobre la epidemia y su respuesta, ninguna de las informaciones compartidas por los (Centros para el Control de las Enfermedades) de nuestro país se está colocando allí”, dijo el vicepresidente de Taiwán, Chen Chien-jen, al Times.

“Apreciaría mucho si tiene información relevante para compartir con nosotros”, solicitaron los funcionarios taiwaneses interesados en la protección de sus ciudadanos, pero fueron ignorados por la OMS.

Cabe destacar que la OMS desconoce la existencia jurídica internacional de Taiwán por la influencia negativa que ejerce el régimen chino, que no reconoce la independencia declarada desde hace cerca de 70 años por la isla.

La OMS, que negó haber sido notificada, dilató la gravedad de la aparición del virus del PCCh, por lo que se le acusa de complicidad con el régimen chino, causando el desastre que ahora envuelve al mundo con cientos de miles de muertos y pérdidas económicas incalculables.

 

Denuncias informaron sobre miles de casos mientras el PCCh los escondía

Cuando en enero de 2020 el mundo comenzó a hablar de la existencia del coronavirus de Wuhan y con el correr de las semanas los países declararon los primeros brotes y muertes, misteriosamente China, donde había comenzado a expandirse el virus, se mantenía en silencio  y sus reportes públicos no indicaban contagios ni muertes. Como si allí no existiese la mencionada enfermedad.

En ese entonces comenzaron a viralizarse los relatos de periodistas independientes y usuarios de redes sociales que reportaban desde China en primera persona que la realidad no coincidía con el discurso que el PCCh pretendía reflejar al mundo.

Tal es el caso del abogado Chen Qiushi, quien conmocionó al mundo entero cuando se atrevió a publicar una serie de videos en enero de 2020, en el que se lo puede ver en la ciudad de Wuhan, donde comenzó el primer brote del virus del PCCh, relatando en primera persona lo que allí sucedía. 

El joven llegó a la ciudad justo cuando las autoridades decidieron bloquearla por completo y, con mucha valentía comenzó a reportar la catastrófica situación que se vivía en aquel entonces en la ciudad de Wuhan. Otros periodistas y ciudadanos independientes también comenzaron a subir videos del estilo con información que coincidía con la de Chen.

Las imágenes mostraban hospitales colapsados de enfermos, hileras de cadáveres supuestamente fallecidos por el virus aguardando a ingresar a las morgues, calles desoladas por las prohibiciones de circular y el atropello constante de las fuerzas de seguridad que habían tomado el control de los espacios públicos.

Mientras tanto, los medios de comunicación de propaganda comunista y los informes oficiales continuaban sin mencionar el virus o si lo hacían era solo para contabilizar los muertos y contagiados en otras partes del mundo.

Tanto Chen Qiushi como muchas otras personas que decidieron intentar comunicar lo que estaba sucediendo en China con respecto al virus, fueron gravemente castigados por el régimen comunista chino, quien interpretó que se trataba de acciones que debían ser enjuiciadas con cargos por “provocar peleas y disturbios”, un delito cuasi infantil inventado por el PCCh utilizado generalmente como excusa para silenciar a los activistas.

Los castigos incluyeron desapariciones, cuarentenas forzadas e injustificadas, juicios express que deribaron en detenciones en pésimas condiciones y golpizas por parte de las fuerzas de seguridad.

 

China y su intento por posicionarse como el salvador de la pandemia

Mientras los principales países del mundo mostraron panoramas apocalípticos con millones de infectados y centenares de miles de muertos por coronavirus, en el otro extremo el régimen comunista chino, siendo el país más poblado del mundo, 1402 millones para ser preciso, y donde tuvo origen el virus, al día de hoy los datos oficiales indican que solo fallecieron 4638 personas por COVID-19 desde que comenzó la pandemia.

El insignificante número de muertos declarado no es creíble en absoluto, sin embargo, pareciera que China ya tiene a la comunidad internacional acostumbrada a su falta de transparencia en los datos estadísticos reportados, porque una mentira así que debería ser interpretada como bochornosa y digna de una investigación profunda por parte de los organismos internacionales, pareciera no preocupar a ninguna potencia ni medios hegemónicos de comunicación, con la excepción de algunos funcionarios aislado que hicieron algún comentario al respecto. 

En base a sus dudosas estadísticas, el régimen chino pretende imponer la imagen de haber llevado a cabo una verdadera hazaña con su supuesta exitosa política de “COVID cero”.

Según otras denuncias, los cuerpos de aquellos que murieron a causa de la infección no eran reportados como tales. Así lo especificaba el director de una funeraria en la ciudad china de Jining ya en marzo de 2020, cuando en diálogo con periodistas aseguró que misteriosamente comenzó a recibir de hospitales locales cadáveres que tenían certificados de defunción marcados con “neumonía no identificada” como la causa de la muerte.

El director de la funeraria le preocupaba que los hospitales no reportaran muertes relacionadas con el brote actual. “Los hospitales tienen la capacidad de escribir claramente la causa de la muerte, pero no la etiquetaron claramente”, dijo en diálogo con periodistas independientes.

Otra estrategia utilizada por el régimen comunista chino para intentar posicionarse como el gran “salvador” de la pandemia, fue la donación y venta de toneladas de elementos de seguridad e instrumental médico para enfrentar el virus a casi todos los países del mundo, incluyendo a los más desarrollados de Europa.

Las múltiples donaciones de equipos médicos, expertos y consejos para combatir el COVID-19, forman parte de lo que algunos analistas ya han bautizado como la nueva “diplomacia de las mascarillas” de China.

En pocos meses, el país ha pasado de ser el origen y centro de una desconocida y nueva enfermedad, que al principio parecía lejana para muchos en Occidente, a exaltar sus victorias contra el nuevo patógeno y ofrecer ayuda a otros.

Este accionar fue utilizado como herramienta política para ingresar con disimulo y profundizar acuerdos edonómicos y políticos con muchos gobiernos. Los primeros en responder fueron sus históricos aliados como Venezuela en Latinoamérica. 

En marzo de 2020, poco después de que el FMI negara otro préstamo a Venezuela de 5 mil millones de dólares, el régimen chino anunció con bombos y platillos la entrega de miles de test para identificar el virus y elementos de sanidad para prevenirlo.

El dictador venezolano Nicolás Maduro no tardó en agradecer y vanagloriar a las autoridades del PCCh en China.

A pesar de las grandes dudas que surgen sobre las estadísticas reportadas desde China, y las críticas que surgieron de todo el mundo respecto a la mala calidad de los productos donados, gran parte de los medios hegemónicos mundiales han colaborado en difundir la idea de China como gran salvador de la pandemia evitando informar sobre las graves denuncias reportadas por medios independientes y ciudadanos comunes. 

 

Laboratorio de Wuhan

Mientras el mundo vive el tercer año de pandemia, todavía quedan muchos interrogantes sobre el origen del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19 y que habría matado a 5 millones y medio de personas según las estadísticas declaradas por los distintos gobiernos en todo el mundo desde que salió de China en los primeros días del 2020.

Si bien el régimen comunista chino y un controvertido informe de la OMS ubican el origen del brote en el mercado de alimentos de Wuhan, los investigadores al día de hoy no hallaron el “huésped intermedio”, el animal desde el cual el virus saltó al hombre.

Esto mantiene con fuerza los sólidos argumentos que sostienen que, con o sin intención, el virus se filtró del Instituto de Virología de  Wuhan, un laboratorio donde se almacena y experimenta con la mayor colección mundial de coronavirus de murciélago.

La falta de pruebas hizo que un creciente número de respetados especialistas presionaran para investigar la posibilidad de que el virus no se haya originado naturalmente. 

La OMS, que según los críticos funcionó como cómplice del PCCh durante todo el proceso, recién decidió intervenir habiendo pasado más de un año luego del inicio del brote para realizar una investigación cargada de polémicas y poca credibilidad en el polémico laboratorio.

El informe se centra en la hipótesis de que el virus podría haberse originado en la especie de murciélagos de herradura, de donde pasó a infectar a los seres humanos.  

Como era de esperar, las conclusiones publicadas por la comitiva resultaron favorables para el régimen chino, sin embargo las críticas no tardaron en llegar desde diversos espacios del arco político y científico. 

Incluso dentro de la OMS hubo desacuerdo por los resultados publicados. Dominic Dwyer, uno de los miembros de la comitiva que fue a Wuhan, aseguró que el régimen chino se negó a entregar datos clave al equipo.

El microbiólogo Dwyer dijo a Reuters, al Wall St Journal y al New York Times que el equipo solicitó datos de pacientes sin procesar de los primeros casos, lo que llamó “práctica estándar”, pero nunca recibieron la valiosa información

Un asesor consultivo de la OMS, Jamie Metzl, señaló graves falencias en el informe de esta entidad acerca del origen del virus del PCCh.

“Todo este estudio del equipo conjunto, en mi opinión, no es creíble ni válido porque examinaron algunas hipótesis y no otras, y luego tuvieron la temeridad de clasificar la probabilidad de las diferentes hipótesis”, aseguró Metzl al medio Sky News en abril de 2021.

Metzl enfatiza en la supresión de pruebas ejecutada por el PCCh, y su represión contra las personas que intentaron rastrear el origen del virus. 

“Además, desde el primer día, China inició un encubrimiento masivo que implicó la destrucción de muestras, la ocultación de bases de datos y otros registros, y el encarcelamiento de periodistas”.

Las acusaciones de Metzl y tantos otros científicos se reforzaron a finales de enero del 2022 luego de que que se revelara que en laboratorio de Wuhan se llegaron a crear ocho virus similares al SARS-CoV-2 desde 2015 y que al menos dos de ellos eran altamente infecciosos para el ser humano, según publicó el medio ABC.


Trump denunció la responsabilidad del PCCh y la OMS 

El expresidente de los Estados Unidos Donald Trump fue uno de los primeros referentes mundiales en demandar públicamente la responsabilidad del régimen chino en la catástrofe sanitaria mundial.

Luego de un acercamiento con el régimen chino en el que incluso habían dado los primeros pasos para llevar adelante un gran acuerdo comercial entre ambas potencias, se desató la pandemia por el virus generando grandes pérdidas humanas y económicas a los Estados Unidos. En ese contexto Trump fue fiel a sus convicciones y no dudó en responsabilizar al régimen por lo que estaba sucediendo, a pesar de que eso implicaría la ruptura del acuerdo y el inicio de una nueva guerra comercial.

Incluso ha llegado a monetizar las consecuencias del virus en Estados Unidos exigiendo que en compensación por las muertes y daños causados, el régimen “debería pagar diez billones de dólares”. 

Durante un discurso público, en la Convención Estatal Republicana de Carolina del Norte, Trump sugirió que cualquier país que le deba dinero a China debería cancelar sus deudas como un “pago inicial” de las reparaciones y que Estados Unidos debería poner aranceles del 100 por ciento a los productos chinos entrantes.

En octubre de 2021, Trump volvió a arremeter contra el PCCh insistiendo en que debe resarcirse con 10 billones de dólares y además exigió que se vuelva a elaborar el informe inicial de la OMS sobre el laboratorio de Wuhan por ser defectuoso, instando a que se haga una investigación transparente.

 

Nuevos mecanismos de control social 

El régimen comunista chino desde hace décadas que ha colocado su gran desarrollo tecnológico a disposición de su aparato de inteligencia para monitorear, controlar e influir en el comportamiento de sus ciudadanos. Muchos países, sobre todo aquellos influidos por las ideas de izquierda, han seguido en mayor o menor medida el ejemplo de China.

Si bien siempre existió cierta resistencia al control social por determinados sectores de la sociedad, la pandemia ha logrado imponer tal miedo en la gente que por lo general el desarrollo exponencial en los sistemas tecnológicos de control no han sufrido un suficiente rechazo y en consecuencia han logrado imponerse. 

El régimen totalitario del PCCh ya venía experimentando previo a la pandemia un nuevo sistema de clasificación para sus ciudadanos de escala nacional, conocido como el sistema de “crédito social”.

El gigantesco operativo, que ha suscitado mucha preocupación a nivel global, consiste en la recopilación y control de todos los datos relativos a la vida cotidiana de personas y empresas en un sistema que luego decide quién es un ‘buen ciudadano’ y quien no, según explica el medio Visual Capitalist

Muchas voces cuestionaron la ética de este sistema argumentando que puede ser utilizado para violar los derechos humanos fundamentales de las personas. 

Sin embargo, sistemas similares lograron imponerse en todo el mundo con muchísima facilidad durante la pandemia a pesar de que parecía algo muy lejano poco tiempo atrás.

El crédito social ya está activo en toda China y consiste en que a cada ciudadano se le asignan 1.000 puntos iniciales en una aplicación que monitorea todas las acciones cotidianas de una persona: sus compras, sus conversaciones telefónicas, sus comunicaciones (chats, correos electrónicos), a quién visita y cuándo y en función de ellas aumenta o disminuye esos puntos. Ahora se suma a la evaluación de su comportamiento el acatamiento de las normas contral el virus del PCCh.

Como si esto fuera poco, régimen chino propuso realizar un seguimiento del virus del PCCh a escala mundial utilizando una aplicación móvil destinada a registrar los viajes de todas las personas. Buscando que todos los gobiernos puedan tener registros de los casos positivos y los movimientos realizados por sus portadores para determinar los posibles contagios. Una excusa perfecta para exportar a todo el mundo su aparato de control y vigilancia masiva.

Acorde a lo reportado por SCMP, el líder del régimen comunista chino, Xi Jinping, propuso en la cumbre del G-20 de noviembrer de 2020, que los países de todo el mundo utilicen un sistema global de seguimiento del virus del PCCh.

El seguimiento se realizaría utilizando una aplicación móvil global y cada individuo tendría un código QR personal, a través del cual cualquier persona autorizada podría escanearlo y obtener información de sus movimientos, estado de salud y un historial de proximidad con otras personas contagiadas.

 

El virus en la actualidad y el panorama a futuro

Actualmente, mientras pareciera que el mundo entero está finalmente dejando de lado la pandemia, el régimen Chino no abandona su lucha por imponer terror en la población repespecto al virus.

Así es como, a pesar de ir en contra de la tendencia mundial en alivianar las restricciones, tras confirmar que poco pueden hacer para impedir la transmición de la contagiosa variante Ómicron, el régimen ordenó el encierro estricto de millones de ciudadanos chinos por un supuesto nuevo brote del virus.

Como las autoridades no pueden garantizar la entrega de alimentos ni elementos básicos para la superviciencia, se ha despertado una ola desesperante de reclamos, saqueos y suicidios en Shangai, la ciudad más afectada por las medidas orwelianas del régimen.

Shanghai es el epicentro del peor brote (reportado oficialmente) de China desde los primeros días de la pandemia en Wuhan y las autoridades han redoblado sus pilares de Covid Zero de pruebas masivas y cierres para intentar acabar con las infecciones.

La situación se ha convertido rápidamente en una pesadilla logística, ya que los 25 millones de habitantes de la ciudad, encerrados en sus casas desde hace más de 20 días, luchan por conseguir que se les entreguen los alimentos básicos y los funcionarios tratan de censurar el creciente descontento de la población.

Durante los últimos días se difundieron impactantes videos que muestran desgarradores gritos desde los rascacielos de Shanghai en los que se puede escuchar a los vecinos diciendo con desesperación que sus familias están padeciendo hambre y no están recibiendo ayuda. 

La situación es realmente caótica y teniendo en cuenta los antecedentes sobre el manejo de la pandemia, no pareciera haber un justificativo para continuar con estas medidas que no sea el de pretender ejercer un control absoluto sobre la población.

 

Andrés Vacca –Redacción BLes

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