La economía china sigue hundiéndose, al parecer, irremisiblemente. Ahora son los deudores del sector inmobiliario quienes se niegan a seguir pagando sus hipotecas anticipadamente. Están cansados de perder los ahorros de toda su vida por los fracasos del sector.

Los interesados en viviendas de empresas vinculadas con el régimen chino están perdiendo la confianza en esta industria, tras un año de caída de las ventas, proyectos estancados, miles de apartamentos nuevos abandonados e impagos de deudas de los promotores.

Usualmente, más del 85% de las viviendas chinas se venden antes de ser construidas, mientras que el porcentaje era del 50% en 2005; además, las hipotecas comienzan meses o incluso años antes de que se entreguen las propiedades. 

Si bien las preventas también se ofrecen en otros países, las regulaciones del Partido Comunista de China (PCCh) obligan a los compradores a pagar la totalidad del bien antes de que esté terminado. 

Además, no están claras las sanciones para los constructores que no cumplan con los contratos pagados por completo. Así, se propician estafas millonarias a gran escala. 

Adicionalmente, las empresas constructoras son aliadas de los bancos que facilitan los créditos, y las autoridades locales también se involucran con regulaciones menores. Esta mezcla de regulaciones termina bloqueando la transparencia de las operaciones comerciales. 

Con frecuencia, el dinero de los pagos de los compradores se utiliza en otras actividades e inversiones, por lo que no es suficiente para terminar las obras contratadas. 

Muchos de los constructores se involucran en negocios de estructura piramidal, que obtienen cantidades fabulosas de dinero carentes de respaldo sólido. De esta manera crean burbujas inmobiliarias gigantescas que al explotar arruinan a muchas personas. 

Las proporciones alcanzadas por este desastre económico son tan grandes que podrían causar el colapso definitivo del régimen chino. 

La reacción de los compradores frustrados

A mediados de este mes, surgió un movimiento de propietarios frustrados que amenazó con dejar de pagar sus hipotecas sobre viviendas en construcción, y el anuncio se regó como fuego por las redes sociales chinas. 

Muchos compradores expresaron que suspenderían los pagos si los promotores no cumplían las entregas de los apartamentos contratados. Las reclamaciones se efectuaron también desde el exterior. 

Más aún, varios grupos de clientes en toda China escribieron a los reguladores locales y a los bancos avisándoles de sus decisiones al respecto. Los reclamos ya se estaban presentando desde meses atrás, aunque a menor escala, y ya aparecieron en más de 86 ciudades.  

Estas cartas vinculan al menos 14 proyectos que afectan a 46.000 compradores de viviendas, avaluadas en unos 5.210 millones de dólares, y el movimiento sigue creciendo, dado que en redes sociales se citan 84 proyectos más. 

Otra lista registra más de 300 urbanizaciones por un valor superior a 51 billones de dólares. En medio de su ira, los afectados han llamado a este tipo de proyectos: “Construcciones Cola Podrida”.

En una ocasión, más de un millar de víctimas de uno de las obras incumplidas rodearon las instalaciones de la Comisión Reguladora Bancaria y de Seguros de la ciudad-prefectura de Xi’an, provincia de Shaanxi, gritando incansablemente: “¡No más pagos de hipotecas!, ¡No más préstamos ilegales!”

El recalentado sector inmobiliario, uno de los pilares centrales de la economía nacional, amenaza ya con una espiral destructiva.

De acuerdo con Lehman Brothers, decenas de miles de chinos se niegan en la actualidad a seguir pagando sus hipotecas porque sus complejos de apartamentos permanecen a medio construir.

Por su parte, la revista de negocios “Caixin”, informó que cientos de proveedores de los grandes promotores de la construcción ya no pueden pagar sus facturas.

En este sentido, los medios de comunicación del PCCh advierten que la estabilidad del sistema financiero podría verse afectada si más compradores de viviendas siguen su ejemplo.

El economista jefe para China de Goldman Sachs Group Inc., Hui Shan, sostiene: “La cuestión principal es que el gobierno intervenga rápidamente para aumentar la confianza, resolver el problema y proporcionar más claridad al mercado y a los inversores sobre cómo se va a resolver esta caída del sector inmobiliario”.

Y un director gerente de la firma de asesoramiento empresarial global Teneo, Gabriel Wildau, consideró: “En el peor de los casos, la cuestión podría desencadenar un riesgo financiero sistémico y la inestabilidad social, dado el papel de la vivienda como un cimiento del sistema financiero más amplio”.

La alarma causada por estas amenazas hundieron aún más las acciones inmobiliarias cotizadas en Hong Kong el 13 de julio. Algunas de ellas bajaron de precio entre el 8% y el 13%.  

Para la periodista Jennifer Zeng: “Esto es algo que nunca ha ocurrido antes, y algunos dicen que las consecuencias serán 100 veces peores que la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos y en el mundo”.

De ser así, el impacto de esta suspensión de pagos agravaría aún más la actual crisis inmobiliaria, asestando un golpe definitivo a la ya muy deteriorada economía del PCCh, y, por supuesto, al precario nivel de vida de muchos millones de chinos.   

Las pérdidas de la economía manejada por el régimen chino

Es de tener en cuenta que el daño resultante de la suspensión de pagos de los compradores inmobiliarios se sumaría al causado con los cierres por las epidemias consecutivas, los altos precios del petróleo y la depreciación del yuan, entre otros. 

La prolongada crisis inmobiliaria ha roto la cadena de capital de los promotores inmobiliarios, y afectando gravemente al sistema financiero y a la industria siderúrgica.

Es previsible que toda la cadena de industrias relacionadas también sufra pérdidas económicas. 

Al menos seis empresas siderúrgicas, entre ellas Longyan Shixing Iron and Steel de la provincia de Fujian, han quebrado desde principios de este año. 

Además, 28 empresas siderúrgicas han suspendido sus operaciones. Otras 247 han sufrido cuantiosas pérdidas. La industria siderúrgica del país disminuiría su capacidad desde finales de 2022 o 2023.

En un contexto amplio, el PIB del país creció tan solo un 0,4% interanual en el segundo trimestre, y se contrajo un 2,6% en comparación con el primer trimestre, según la Oficina Nacional de Estadísticas de China. 

Asimismo, a pesar de que el régimen chino proyectó que este año el PIB crecería el 5.5%, esto no parece posible, y el Fondo Monetario Internacional rebajó sus previsiones para China a cerca del 4%. Como consecuencia, se impone una exigencia de crecimiento del 6% para el segundo semestre del año.

El deterioro del nivel de vida bajo el PCCh

Como es de imaginar, quienes terminan sufriendo el mayor impacto del derrumbe de la economía a cargo del PCCh son los habitantes, indefensos e impotentes ante esta situación. Millones de ellos perdieron sus empleos. 

Durante el primer semestre de este año, 460.000 empresas cerraron sus actividades, y unos 3,1 millones de negocios domésticos desaparecieron, de acuerdo con un video del profesor Zheng Yuhuang, de la Universidad de Tsinghua, localizada en Beijing. 

Simultáneamente, el desempleo juvenil en las ciudades es tal que casi uno de cada cinco jóvenes entre 16 y 24 años carece de ingresos. Además, casi once millones de titulados universitarios están entrando en el mercado laboral durante el año. 

Tras una larga lucha de sus familias y a pesar de sus buenas calificaciones, muchos de ellos tendrán que aceptar trabajos precarios. Según cálculos del banco estadounidense Merill Lynch, el desempleo juvenil podría aumentar hasta el 23% en lo que resta del 2022.

Como si fuera poco, todos los gigantes del mercado han despedido a gran parte de sus empleados, en un porcentaje de dos dígitos. Entre las empresas que redujeron sus nóminas se encuentran desde Alibaba hasta Tencent, pasando por el servicio de streaming Iqiyi. 

En este contexto, la República Popular se halla lejos de la “prosperidad común” prometida por los líderes del régimen chino.

De acuerdo con datos de la oficina nacional de estadística, más de 960 millones de ciudadanos, de los 1.400 millones de habitantes, tienen que arreglarse con ingresos mensuales inferiores a 290 dólares. 

También, algunos organismos oficiales prevén que 400 millones de personas realizarán trabajos esporádicos, inestables, en los próximos años.

Al respecto, el medio Aboluowang planteó la pregunta: ¿Implica esto que el régimen chino planea quebrar más empresas privadas? 

Adicionalmente, los bajos ingresos de la población reduce sustancialmente su contribución al producto interior bruto, y esto genera el debilitamiento del consumo interno. Además, según el Banco Popular de China, el 58,3% de la población se inclina por ahorrar su dinero en lugar de gastarlo.

Y un sitio web chino centrado en la industria inmobiliaria comercial, Winshang, muestra que la media de afluencia diaria a los centros comerciales de China de enero a abril disminuyó un 19%, en relación con el mismo período del año pasado.

Por otro lado, en vez de registrarse solidaridad social de las personas más adineradas, muchas de estas piensan en trasladarse al extranjero.

Algunos cálculos señalan que unos 15.000 millonarios planean salir de China este año,  llevándose una fortuna de 48.000 millones de dólares. Muchos funcionarios de alto rango y personas ricas ya trasladaron a sus esposas, hijos y propiedades al extranjero.

Para estos personajes todavía es posible emigrar, aunque cada vez se hace más difícil transferir sus riquezas al exterior. 

En concepto del profesor de derecho internacional en la Universidad China de Ciencias Políticas y Derecho, Lai Jianping, toda China es como una peligrosa muralla que está a punto de derrumbarse en cualquier momento. Cualquiera que pueda caminar quiere abandonar el país lo antes posible.

José Hermosa – Redacción BLes

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