Redacción BLes – Tras el bloqueo por parte de las autoridades de varias zonas residenciales en la ciudad de Shenzhen, China, con el pretexto del incremento de casos de COVID-19, numerosos vecinos se reunieron para manifestar su ira delante del personal encargado de los encierros.

En internet circulan varios videos que muestran el descontento y la tensión entre la población y los funcionarios a cargo de las restricciones.

Se pueden escuchar gritos como “quiero vivir”, “no tenemos más comida”,” ya no tenemos dinero”

Los estantes en los supermercados están casi vacíos y los vecinos se apresuran para juntar suministros. El miedo a quedarse sin comida los lleva a una loca carrera en busca de tiendas para aprovisionarse. 

Shenzhen es una ciudad de 13 millones de habitantes, las medidas draconianas tomadas por las autoridades se basan en un supuesto brote que según la Comisión Municipal de la Salud de la ciudad es de 232 casos positivos en 5 días. 

Junto con los bloqueos también se cerró la mayor parte del sistema de transporte y de los comercios.

Estas escenas se han repetido a lo largo de toda China. La política de COVID-Cero que implementó el PCCH durante la pandemia no ha funcionado para controlar el virus. El bloqueo de ciudades enteras, la cuarentena domiciliaria y en centros de aislamiento, las mascarillas obligatorias y la vacunación masiva ahora son cuestionadas por numerosos médicos y científicos del mundo.

Las expectativas chocan con la realidad

 La política de COVID-Cero implementada por algunos países consiste en una estrategia de supresión y control máximo del virus, utilizando medidas de salud pública como el rastreo de contactos, pruebas masivas, cuarentena fronteriza, bloqueos y software de localización y control para detener transmisión entre los pobladores tan pronto como se detecte. Esta política es opuesta a la propuesta de convivir con el COVID en el que se tolera la transmisión del virus para lograr la inmunidad natural.

El PCCH utiliza su forma más brutal para lograr su objetivo.

Bajo la repetida frase de “por su seguridad” la población ha sido y es víctima de un calvario.

El presidente del Instituto de Investigación de la Población (PRI), Steven W. Mosher, dijo en un artículo del 9 de abril publicado en el New York Post:

 “El cierre de Shanghái, el más grande desde el primer cierre de Wuhan hace dos años, es el último intento de China de lograr [cero-COVID]. Al igual que los esfuerzos anteriores de China para contener la variante ómicron altamente infecciosa (B11529), este está condenado al fracaso, aunque no antes de generar un costo enorme”.

Aún se encuentran los videos en la red sobre los encierros en Shanghái, en los que se pueden escuchar los gritos desesperados de la gente desde sus ventanas pidiendo comida y libertad.

El video “Voces de abril”, documenta las conversaciones de los habitantes de Shanghái durante el encierro. Se puede escuchar como un bebe llora tras ser separado de sus padres por la cuarentena, y un hijo desesperado por no conseguir un hospital que atienda a su padre. 

La angustia y la frustración se sienten en cada palabra. El video pronto fue eliminado por la censura del régimen.

Las enormes consecuencias económicas y sociales del cierre de Shanghái muestran los efectos negativos de esta política. Gente desesperada pidiendo comida por las ventanas, negocios cerrados y miles de contenedores apilados en el puerto. Sin embargo, el PCCH continúa con las cuarentenas masivas.

A los cierres en Shenzhen ahora se suman los casi 22 millones de habitantes de la ciudad de Chengdu.

El pueblo dice “basta”

La gente comenzó a dar pasos para terminar con las restricciones.

El 8 de mayo en Beijing un grupo de estudiantes y maestros de la universidad de Estudios Internacionales de Beijing se manifestó contra las medidas de encierro tras encontrar una cerca de aislamiento en el edificio, en poco tiempo decenas policías llegaron y obligaron a los manifestantes retirarse. 

En agosto, los residentes en Beihai protestaron y exigieron a las autoridades terminar con los bloqueos. Al día siguiente se dio la orden de levantar las medidas.

El 2 de septiembre en  la comunidad de Panlongcheng en Wuhan, los vecinos se reunieron para manifestarse contras los cierres, gracias a la presión un funcionario prometió que en pocos días se levantarán las medidas.

Graffitis en Beijing, carteles en Shanghái, protestas desde las redes sociales… El descontento se manifiesta cada vez más a pesar del férreo control de las autoridades para apagar cualquier muestra de desafío.

El PCCH impuso las medidas más severas del mundo en la lucha contra el Covid. Al sufrimiento social se le suman las enormes pérdidas económicas por la desaceleración en la productividad, la fuga de empresas y capital extranjero, y los costos de la campaña para frenar al virus.

Solo tomando un ejemplo. Cerca de dos millones de estudiantes de jardín de infantes, primaria y secundaria en Shanghái deberán realizarse pruebas de PCR diarias.

Según los economistas de Nomura Holdings, el costo de realizar pruebas al 70% de la población de la nación cada dos días ascendería al 8,4% del gasto fiscal de China.

Cabe destacar que la fiabilidad de las pruebas PCR para detectar el Covid-19 sigue siendo cuestionada por varios científicos.

Los efectos del encierro en los más jóvenes

El caso publicado por Reuters refleja el sufrimiento causado por los encierros de muchos jóvenes en China.

Yao, de 20 años y que pidió que no se usará su nombre de pila, colapsó por primera vez en la escuela secundaria donde era interno, al no entender por qué las políticas de cierre eran así de duras. Contaba que un día tuvo que refugiarse en un baño de la escuela, llorando tan fuerte que “sentía que lloraba por dentro”.

En el 2021, cuando cursaba en la universidad en Beijing, por no lograr librarse de esa depresión, Yao intentó suicidarse.

Una encuesta se realizó a 39751 alumnos chinos de secundaria y preparatoria que estudiaban en sus casas tras los encierros. El 20% experimentó ideas suicidas. Dichas ideas no siempre son acompañadas con la intención del suicidio, muchas veces se reflejan con el pensamiento de que estarían mejor muertos.

Como argumenta la revista médica británica The Lancet:

“El Gobierno chino ha defendido enérgicamente su estrategia dinámica cero COVID-19. Pero los confinamientos de China han tenido un enorme costo humano. Este costo continuará pagándose en el futuro, con la sombra de la mala salud mental, afectando negativamente a la cultura y la economía de China en los próximos años. El Gobierno chino debe actuar de inmediato si quiere curar la herida que sus políticas extremas han infligido al pueblo chino.”

Por Michael Mustapich – BLes.com

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