Una mujer en la ciudad de Benxi, provincia de Liaoning ha sido encarcelada dos veces por un total de nueve años por defender su creencia en Falun Gong (también conocido como Falun Dafa). Fue torturada hasta el borde de la muerte en varias ocasiones durante su encarcelamiento.

La señora Zhao Huijun sostiene que Falun Gong curó sus fibromas uterinos, colecistitis y úlceras estomacales, pero su gozosa vida sufrió un giro luego de que el partido comunista chino comenzó, en 1999, a perseguir esta antigua práctica de la Escuela Buda que mejora el cuerpo y la mente. Lo que narra a continuación es el particular relato de la persecución que sufrieron tanto ella como su familia.

Sentenciada a seis años tras ser arrestada por primera vez

Wu Yucheng, por entonces subjefe de la estación de policía de mi distrito, condujo a varios oficiales a mi casa la medianoche del 13 de abril de 2007. Forzaron la cerradura, irrumpieron en mi hogar y me arrestaron. También confiscaron mis libros de Falun Gong y más de dos mil yuanes.

Mi hija, que era una niña por entonces, trató de detenerlos. Aunque la golpearon y la arrestaron, logró escapar del departamento de policía de Benxi.

Al día siguiente descubrí que el departamento de policía de Benxi había llevado a cabo arrestos en masa el 13 de abril, deteniendo a de más de 20 practicantes de Falun Gong.

Permanecí detenida en el centro de detención Dabailo en Benxi durante los siguientes seis meses. Como me rehusé a usar el uniforme de los reclusos, me forzaron a acostarme en una cama con mis extremidades atadas en la postura de un águila con las alas abiertas durante 14 días. Me alimentaban con panes mohosos y sopa, con gusanos flotando y tierra en el fondo del plato.

El tribunal del distrito de Xihu en Benxi me sentenció a seis años de prisión el 26 de octubre de 2007. Aunque apelé, el tribunal intermedio de Benxi confirmó la sentencia.

Torturada en prisión

Me transfirieron a la prisión para mujeres de la ciudad de Shenyang, provincia de Liaoning, el 28 de diciembre de 2007. Me pusieron en la novena división, cuyo vicedirector, Li Heqiao, era el responsable de “transformar” a los practicantes de Falun Gong.

Li asignó dos reclusas para que me “transformaran”. Me ordenaban recitar las reglas de la prisión y leer materiales que calumniaban a Falun Gong. Me rehusé a cumplir sus órdenes. Entonces me forzaron a estar en cuclillas sin permitirme dormir. Me abofetearon con tanta fuerza que casi perdí la vista del ojo izquierdo. Una reclusa me golpeó la cabeza con una zapatilla. Mi cabeza estaba cubierta de sangre.

Varios días de tortura me produjeron daños graves. En cierto punto, de pronto, mi corazón dejó de latir y mi presión sanguínea bajó a niveles peligrosos. Me llevaron de urgencia al hospital.

Si bien sobreviví, me aguardaba más tortura luego de que me llevaron nuevamente a la prisión. Li designó a otras dos reclusas para torturarme. Me forzaban a doblar la cintura hasta que tocaba mis pies con las puntas de los dedos de mis. manos, en períodos de dos horas.

También me echaban agua fría y me colgaban de un brazo a una tubería caliente que pasaba por encima de mi cabeza. Me arrastraban tirándome del pelo. Los tirones eran tan fuertes que casi no me quedaba cabello. Me pisaban el pie y la mano, y me pateaban los tobillos, las espinillas, la espalda y la cabeza.

Durante el crudo invierno, me tapaban la boca, me ataban las manos y piernas en posición de meditación, y me arrojaban fuera, a la nieve.

Ilustración de la tortura: atada

Las guardias de la prisión estaban detrás de las torturas. Aunque no estaban presentes, proveían los instrumentos de tortura a las reclusas, incluyendo esposas, cinturones, cinta y cuerdas.

Se me aflojaron los dientes, el tímpano izquierdo se me perforó, se me ulceraron las manos y los pies, se me atrofió el pie izquierdo y los nervios periféricos del pie quedaron necróticos. Sufrí de pérdida de memoria por casi siete meses.

Padecía insuficiencia cardíaca, orinaba sangre y me desmayaba a menudo. Me volvieron a llevar al hospital para otro tratamiento de emergencia.

En el 2008, las guardias me obligaron a trabajar en una fábrica desde las 5:40 a. m. hasta las 9:00 p. m. todos los días. Cuando regresaba a mi celda por la noche, tenía que doblar productos tales como bolsas de papel, cajas de hamburguesas, y cajas de medicamentos. Como a veces cometía errores, debido a las torturas, las guardias tiraban mi almuerzo a la basura para castigarme.

Me transfirieron a otro grupo en el 2010. Me vigilaban y tenía un tiempo muy reducido para comer e ir al baño. Hice una huelga de hambre durante nueve días en señal de protesta. Las guardias me llevaron al hospital donde procedieron a alimentarme a la fuerza, lo que me causó una grave hemorragia estomacal.

La enfermera de mi pabellón, una reclusa que había cometido delitos médicos anteriormente, me daba una o dos botellas extra de inyecciones de solución salina de 500 ml por vía intravenosa todos los días, lo que me causó una acumulación excesiva de líquido en el cuerpo, necrosis renal y falla orgánica interna. Me quité la aguja después de descubrir aquello.

Me liberaron el 12 de abril del 2013.

Segundo arresto seguido de otro período de prisión

Me arrestaron nuevamente el 31 de julio de 2014 mientras distribuía materiales de Falun Gong. No pasé el examen médico requerido, pero la policía usó sus contactos para obligar al centro de detención local a aceptarme.

El tribunal local llevó a cabo un juicio sin notificárselo a mi familia. Me impusieron tres años de prisión y rechazaron mi apelación.

Me transfirieron a la prisión de mujeres de la provincia de Liaoning el 18 de agosto de 2015, y posteriormente me liberaron el 30 de julio de 2017. Pesaba menos de 32 kg cuando volví a mi casa. Mi familia pensó que no sobreviviría. Me recuperé en tres meses haciendo los ejercicios de Falun Gong y leyendo los libros de Falun Gong.

Tragedia familiar

Arrestaron a mi madre por practicar Falun Gong en junio de 2002. Registraron su casa. La policía la esposó a una tubería caliente durante un día antes de transferirla al centro de detención Baishi en Benxi. Cuando sufrió un ataque cardíaco la llevaron al hospital, de donde logró escapar y ocultarse. Luego volvieron a arrestarla y le impusieron dos años en un campo de trabajos forzados.

Mi padre y mi madrastra murieron mientras yo estaba encarcelada la primera vez. Mi hija se volvió una niña encerrada en sí misma debido al incesante acoso policial.

La oficina de seguridad social de Benxi retuvo mi pensión hasta que me liberaron. Incluso me pidieron que devolviera los beneficios que había recibido durante mi reclusión, a lo cual me negué.

Actualmente, la policía frecuentemente acosa a mi familia y me vigila.

Fuente: Minghui.

Nota del Editor:

Falun Dafa es una disciplina espiritual de la Escuela Buda que cultiva el cuerpo y la mente haciendo énfasis en la elevación del carácter moral a través de la comprensión de los principios que rigen la práctica: Verdad, Benevolencia y Tolerancia (Zhen Shan Ren), señala el sitio web oficial.

Esta disciplina se realiza generalmente en lugares públicos al aire libre, y fue introducida en el año 1992 por el Sr. Li Hongzhi. Gracias al impacto que tuvo la misma en la salud de los practicantes se presentó un incremento exponencial en el número de personas que hacían la práctica en toda China llegando a los 100 millones.

Sin embargo para el año 1999 el régimen comunista, encabezado por el entonces cabecilla del Partido Comunista Chino, Jiang Zemin, comenzó una intensa persecución en contra de la práctica debido a que sintió que su crecimiento representaba un obstáculo para los intereses del partido. Desde entonces, los practicantes son víctimas de numerosas flagelaciones como trabajos forzados, además de padecer bajo el sistema de sustracción forzada de órganos avalado por el mismo régimen chino.

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