Redacción BLes– Los primeros años de la República Popular China fueron particularmente catastróficos. Desde que el PCCh tomó el poder en 1949, las luchas internas, los conflictos con países vecinos, la puja política con las potencias Occidentales, sumado a las políticas dictatoriales del líder Mao Zedong, generaron un escenario con consecuencias realmente graves en la sociedad civil.

En 1958, entre medio de las enormes tensiones locales e internacionales, Mao implementa una seria de políticas económicas y sociales que llamó el “Gran Salto Adelante”, con el objetivo de transformar la tradicional economía agraria china a través de una rápida colectivización de las tierras y un rápido proceso de industrialización.

Los principales cambios del régimen rural incluyeron la creación de las comunas populares, la prohibición de la agricultura privada, y el desarrollo de proyectos intensivos basados en la mano de obra masiva.

Pero las consecuencias inmediatas estuvieron lejos de ser las esperadas y los registros históricos muestran que constituyó un fracaso total, que causó la muerte por inanición de alrededor de 50 millones de campesinos.

Tanto la comunidad internacional como sectores internos del PCCh identificaron las medidas impuestas por Mao como las causantes del desastre económico/social que estaba viviendo China, lo que lo obligó a dejar la presidencia en 1959.

Mao acusó de capitalistas traidores a aquellos que impulsaron su retirada y continuó su ataque con la posterior Revolución Cultural, que no solo sirvió para cambiar la estructura de partido a la que consideraba aburguesada y simpatizante del capitalismo, sino también para mantener vivo el espíritu revolucionario y recuperar la influencia que había perdido tras el fracaso del Gran Salto.

La Revolución Cultural en China fue un movimiento político que afectó prácticamente todos los aspectos socioculturales a lo largo y ancho del país. El objetivo declarado de los lineamientos políticos del movimiento era preservar el comunismo chino y el llamado “pensamiento maoísta”, tras la eliminación de todo resto de elementos considerados capitalistas y/o tradicionales de la China antigua.

 

Origen del movimiento que dio fuerza a la Revolución Cultural China

Tras la Gran hambruna china, el presidente Liu Shaoqi, y el secretario general, Deng Xiaoping, apoyaron la idea de que Mao fuese destituido del poder real como jefe de Estado y de gobierno de China, pero mantenga su papel ceremonial y simbólico como presidente del Partido Comunista de China. Intentaron marginar a Mao tomando el control de la política económica y haciendo valer sus derechos políticos también. Mao respondió a los movimientos de Liu y Deng lanzando la Gran Revolución Cultural Proletaria en 1966.

La Revolución Cultural constituyó una década de caos político y social causado por el intento de Mao Zedong de utilizar a las masas chinas, sobre todo a los jóvenes, para reafirmar su control sobre el Partido Comunista y la política nacional.

Su desconcertante complejidad y su brutalidad insondable fue tal que hasta el día de hoy los historiadores se esfuerzan por dar sentido a los sucesos que acaecieron durante el período.

Mao encontró en los jóvenes el factor decisivo de su revolución, convencido que los sectores “vendidos al capital” y asociados a la burguesía se concentraban en las personas mayores.

Así fue como Mao llamó a la juventud de la nación a purgar los elementos “impuros” de la sociedad china y revivir el espíritu revolucionario que había llevado a la victoria en la guerra civil 20 años antes y la formación de la República Popular China.

La Revolución Cultural continuó en varias fases hasta la muerte de Mao en 1976, y su legado atormentado y violento continuó resonando en la política y la sociedad china durante las próximas décadas.

En agosto de 1966, Mao mandó a cerrar las escuelas y universidades de la nación, llamando a una movilización juvenil masiva con la consigna de reprender a los líderes actuales del partido por su adopción de los valores burgueses y su falta de espíritu revolucionario.

En los meses siguientes, el movimiento se intensificó y tomó vida propia rápidamente. Los estudiantes formaron grupos paramilitares llamados Guardias Rojos y atacaron y hostigaron a miembros de la población intelectual y de edad avanzada de China.

 

Objetivos de la Revolución y la destrucción de los “Cuatro Viejos”

El objetivo de la revolución apuntaba claramente contra determinados sectores del PCCh que estaban poniendo trabas al poderío ilimitado al que había accedido Mao.

“Nuestro objetivo es luchar contra y aplastar a las personas con autoridad que están tomando el camino capitalista… para facilitar la consolidación y el desarrollo del sistema socialista”, decía una de las primeras directivas.

Los lineamientos de la Revolución no solo indicaban a este grupo de personas como blanco a atacar, además se incluyó a toda idea asociada a la cultura tradicional china, incluyendo el arte, la religión, la filosofía y toda forma de expresión ligada a lo divino y a la sociedad pre comunista.

Mao, realmente logró despertar un odio visceral entre los jóvenes contra los sectores más conservadores, por lo que no hizo falta mucho esfuerzo para que millones de éstos salgan a las calles organizadamente a perseguir, asesinar, torturar y destruir todo vestigio de la sociedad tradicional china de más de 5 mil años de historia que encontraron a su paso.

Durante la Revolución Cultural, decenas de millones de personas fueron perseguidas y sufrieron todo tipo de abusos, incluyendo humillación pública, encarcelamiento arbitrario, tortura, trabajos forzados, hostigamiento sostenido, confiscación de bienes y asesinato.

Pero las personas no fueron las únicas víctimas, el patrimonio cultural sufrió pérdidas irrecuperables, se destruyeron reliquias, artefactos y valiosos documentos históricos, se saquearon sitios culturales y religiosos, y se reemplazó todo tipo de expresión artística clásica por fórmulas que tenía la única función de enaltecer al Partido y la figura del dictador Mao.

El 8 de agosto de 1966, durante “el agosto rojo” de Beijing, el Comité Central del partido aprobó su “Decisión sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria”, más tarde conocida como los “Dieciséis Puntos”,​ que definía la Revolución Cultural como “una gran revolución que conmueve al pueblo hasta el alma y constituye una etapa más profunda y extensa en el desarrollo de la revolución socialista en nuestro país”.

Las implicaciones de los Dieciséis Puntos fueron de gran alcance. Llevó a lo que inicialmente era un mero movimiento estudiantil a una campaña masiva a nivel nacional que impulsó a trabajadores, agricultores, soldados y funcionarios de bajo rango del partido a levantarse, desafiar la autoridad y reformar la “superestructura” de la sociedad.

Entre agosto y noviembre de 1966, se celebraron ocho concentraciones masivas en las que participaron más de 12 millones de personas de todo el país, la mayoría de las cuales eran Guardias Rojos. ​

El gobierno sufragaba los gastos de los Guardias Rojos, un verdadero ejército de jóvenes dispuestos a dar todo por su líder, que viajaban por todo el país intercambiando “experiencias revolucionarias”.​

Entre las principales exigencias que tenían los seguidores de Mao estaba la destrucción de los “Cuatro Viejos”, es decir: las viejas costumbres pre comunistas, la vieja cultura, los viejos hábitos y las viejas ideas.

La fiebre revolucionaria barrió en una década al país por completo, quebrando nada más y nada menos que 5 mil años de historia y tradición. Los Guardias Rojos actuaron como sus guerreros más prominentes.

 

Los Guardias Rojos

Así se hizo llamar este grupo de personas que además de funcionar como un enorme ejército fue sin duda un movimiento político en defensa del comunismo radical que planteaba su líder Mao Zedong.

En su mayoría estaba compuesto por estudiantes universitarios y de escuelas secundarias de toda china.

Estos jóvenes super adoctrinados fueron movilizados por Mao entre 1966 y 1968 para convertirse en el pilar fundamental de la Revolución Cultural y combatir los “elementos elitistas” de la sociedad tradicional.

Los Guardias rojos fueron los autores de terribles acciones, las cuales fueron desde la destrucción sistemática del patrimonio histórico chino hasta la humillación pública, el encierro en “campos de reeducación”, tortura y asesinato de millones de disidentes e intelectuales.

El temible ejército de los Guardias Rojos nunca conformó una institución legal, más bien funcionó como una agrupación paramilitar que realizó el trabajo más sucio de la dictadura comunista durante los inicios de la Revolución Cultural.

Su formación original fue en la Universidad Tsinghua en mayo de 1966 por un grupo de estudiantes preocupado por las supuestas tendencias burguesas y elitistas de la casa de estudios. A partir de allí, y con el fuerte apoyo de Mao, el movimiento se expandió rápidamente por todo el país.

En agosto de ese mismo año, Mao reunió formalmente a un millón de Guardias rojos en un mitin en la Plaza de Tian’anmen, donde les entregó un brazalete distintivo a todos los miembros reconociendo y apoyando explícitamente sus objetivos.

A partir de allí comenzó la llamada Revolución Cultural y el horizonte de sus protagonistas se fijó en destruir completamente a los “cuatro viejos”.

También se asignó a los Guardias rojos la tarea de eliminar a funcionarios de alto nivel del PCCh con tendencias conservadoras, lo que dio comienzo a una enorme purga dentro del partido.

Sin embargo, en la población general hubo mucha resistencia al avance atropellado de los Guardias Rojos, sobre todo entre trabajadores industriales y campesinos de mediana edad, quienes en reiteradas ocasiones decidieron hacerles frente lo que provocó graves conflictos que habitualmente terminaron en escenarios dantescos de cuerpos mutilados y asesinatos en masa.

Con el paso de los meses, las críticas dentro del partido y de la sociedad comenzaron a hacerse notar, y Mao se vio obligado a ponerle un freno al movimiento, por lo menos a las acciones más evidentes, aunque es sabido que continuaron su actividad represiva con un perfil más bajo durante toda la Revolución Cultural.

 

El culto a la personalidad de Mao

La Guardia Roja marchó por las calles de todo el país destruyendo los símbolos que consideraban “feudales, capitalistas y tradicionales”. En su andar nombraron y renombraron letreros de calles, edificios y monumentos históricos.

Millones de personas en los ámbitos de la educación, la academia, los medios de comunicación, la literatura y el arte fueron abusados, torturados y asesinados tras ser acusados de “seguidores del camino capitalista” o “antirrevolucionarios”.

Además, los Guardias Rojos saquearon museos, templos e iglesias y destruyeron libros, edificaciones antiguas y obras de arte milenarias.

Los intelectuales debieron soportar la peor parte de estos ataques. Un informe oficial de octubre de 1966 detalló que los Guardias rojos ya habían arrestado a 22.000 intelectuales contrarrevolucionarios para ese entonces.

Paralelamente a los ataques aberrantes, los revolucionarios buscaban enaltecer la imagen de su líder Mao Zedong. Un ejemplo de esto fue la difusión que lograron realizar del famoso “librito rojo de Mao”, un manifiesto de textos enunciados por él, que se convirtió en uno de los libros más impresos de la historia al adquirir una especie de carácter sagrado para los comunistas quienes lo implementaron, y obligaron a implementar, como una guía para resolver cualquier conflicto o dilema social, político o moral.

El libro pasó a tener una función entre los seguidores comunistas similar a la que tiene las escrituras sagradas para los creyentes. Los científicos solían leer el libro rojo para resolver sus dilemas que nada tenían que ver con el adoctrinamiento mayúsculo del contenido del libro, sin embargo, resultaba para ellos inspirador leerlo y decir que allí habían encontrado la solución.

El libro se usó durante la Revolución Cultural no solo para simplificar la ideología y la uniformidad ideológica, sino como un arma contra los percibidos como “enemigos de clase” o “contrarrevolucionarios”.

 

La Masacre de Guangxi

Con el paso de los años surgieron documentos clasificados que dieron fe de ciertas atrocidades cometidas durante la Revolución Cultural China. Entre ellos se destaca el terrible caso de la Masacre de Guangxi.

Documentos confidenciales del régimen comunista chino revelados durante la década de los 90 detallaron un salvajismo sin precedentes por parte de los Guardias Rojos en la zona de Guangxi, donde decenas de miles de “traidores” fueron torturados, asesinados y lo más grave de todo, los atacantes habrían comido la carne de sus víctimas en escalofriantes rituales.

Copias de los documentos han sido sacadas de contrabando de China por Zheng Yi, un destacado escritor buscado por las autoridades chinas, quien ahora reside como exiliado en el exterior y durante años ha relatado los sucesos para generar conciencia y denunciar a los responsables.

“Hubo muchas variantes de canibalismo”, declara uno de los informes, “y entre ellas están estas: matar a alguien y preparar una cena tardía, cortar la carne y hacer una gran fiesta, dividir la carne para que cada persona tome un gran trozo en casa para hervir, asar el hígado y comerlo por sus propiedades medicinales, y así sucesivamente”.

El registro oficial muestra una cifra estimada de muertes de entre 100 a 150 mil personas durante el último período de los años 60 en Guangxi.  En la masacre, los métodos de sacrificio incluyeron “decapitación, golpizas, entierro vivo, lapidación, ahogamiento, ebullición, matanzas grupales, destripamiento, excavar corazones, hígados, genitales, cortar carne, explotar con dinamita y más”, aseguran los documentos.

El canibalismo fue recurrente durante ese período y no justamente por tratarse de una época de hambruna ni mucho menos, mas bien fue la máxima expresión del odio, resentimiento y violencia que manifestaba el comunismo en su Revolución Cultural.

Según los documentos clasificados al menos 137 personas, quizás cientos más, fueron comidas por miles de personas que participaron en el canibalismo que generalmente se llevaba a cabo en público, para que la gente demostrara su fervor revolucionario y como prueba de lealtad a sus líderes.

En una entrevista después de salir de China, mientras esperaba por su visa de los Estados Unidos, el Sr. Zheng citó un ejemplo de su propia investigación en Guangxi en el que relató que la primera persona en quitarle la carne al director de una escuela fue la ex novia del hijo del hombre, en su afán de demostrar que no sentía ningún tipo de simpatía por él y que era tan “roja” como cualquier otra persona.

Los incidentes reportados desde Guangxi fueron aparentemente los episodios de canibalismo más extensos en el mundo durante el último siglo o más. También se diferencian de los demás en que los que participaban no estaban motivados por el hambre o una enfermedad psicopática.

 

¿Cuándo terminó y que efecto tuvo sobre China?

La Revolución Cultural llegó oficialmente a su fin cuando Mao murió el 9 de septiembre de 1976 a la edad de 82 años.

En un intento por seguir adelante, y evitar desacreditar demasiado a Mao, los líderes del partido ordenaron que la viuda del presidente, Jiang Qing, y un grupo de cómplices fueran juzgados públicamente por ser los autores intelectuales del caos. Eran conocidos como la “Banda de los Cuatro”.

Jiang impugnó los cargos alegando que ella simplemente había sido “el perro del presidente Mao”, pero fue sentenciada a muerte en 1981, y luego reducida a cadena perpetua. En 1991, en vísperas del 25 aniversario de la Revolución Cultural, se ahorcó.

Mao y sus seguidores esperaban que su movimiento revolucionario convirtiera a China en un ejemplo del comunismo y convenciera a sus ciudadanos de sus bondades. Sin embargo, el efecto real no parece haber sido el esperado, incluso muchos afirman que la Revolución Cultural allanó el camino para la adopción de un sistema más similar al capitalista por parte de China desde la década de 1980, aunque nunca perdió su esencia dictatorial y represiva.

Roderick MacFarquhar y Michael Schoenhals escribieron en su libro sobre el período, Mao’s Last Revolution: “La Revolución Cultural fue un desastre tan grande que provocó una revolución cultural aún más profunda, precisamente la que Mao pretendía prevenir”.

Aunque hay que destacar que hay un punto no menor en el que la Revolución Cultural sí tuvo éxito para los propósitos comunistas, que es la destrucción casi total del increíble legado artístico y cultural de los ancestros chinos durante los 5 mil años precedentes.

El arte y la cultura tradicional sobrevivieron a modas, tendencias, guerras e invasiones, transmitiéndose durante generaciones dinastía tras dinastía. Pero en una década infame el comunismo logró su destrucción casi total, imponiendo por la fuerza las ideas, el arte y la cultura comunista por sobre toda expresión ligada a lo tradicional, lo religioso, lo espiritual o lo divino.

 

El régimen chino presenta un relato deformado sobre la Revolución Cultural

Como ha sucedido durante toda la historia del comunismo, el régimen chino se encargó de deformar la historia a través del relato oficial para suavizar los hechos respecto a los catastróficos años de la Revolución Cultural China.

El PCCh ha minimizado los hechos violentos, las muertes y la ilegalidad del régimen durante aquellos años, al mismo tiempo que justificó los excesos evidentes de sus funcionarios principales como Mao.

Los nuevos jóvenes son adoctrinados con información que asegura que Mao consideraba que el PCCh y el país enfrentaban el peligro de la restauración capitalista, y por tal motivo enfatizó “tomar la lucha de clases como la clave” y tratar de prevenirla lanzando la Revolución Cultural

Paralelamente se realizaron algunos juicios, catalogados por muchos como farsas organizadas, para identificar algunos culpables sobre ciertos atropellos acusándolos de desobedecer los lineamientos generales, y de este modo liberar al PCCh de toda responsabilidad.

 

Andrés Vacca  –Redacción BLes

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