“Tú y tus compañeros tendréis días como éste en el futuro, en los que lucharéis contra ustedes mismos para limpiar la basura y las toxinas que vertieron en vuestras mentes adolescentes”, dijo la escritora Fang Fang en respuesta a la carta de una supuesta joven de 16 años, que la regañaba por criticar la respuesta del partido comunista chino (PCCh) a la epidemia.

El Wall Street Journal citó las palabras anteriores en un artículo publicado el 1 de abril de 2020, titulado: “Una escritora de Wuhan se enfrenta a la maquinaria comunista de China y se convierte en una estrella de internet”.

Fang Wang, que usa el seudónimo Fang Fang, es una escritora de 64 años de edad de Wuhan que escribió una crónica de vida bajo el encierro, en sus diarios publicados en las redes sociales chinas. Su relato genuino de la lucha de los residentes de Wuhan bajo la masiva cuarentena se ganó los elogios de los lectores y obtuvo millones de visualizaciones.

Un artículo del New York Times publicado el 16 de abril de 2020 también citaba extractos de la respuesta de Fang Fang a la supuesta adolescente. Le escribió: “Niña, dijiste que tenías 16 años. Yo tenía 16 años en 1971, y en ese entonces si alguien me hubiera dicho que la revolución cultural iba a ser una calamidad, seguramente lo habría atacado hasta que su cabeza acabara cubierta de sangre. No lo habría escuchado, aunque hubiera intentado razonar conmigo durante tres días con sus noches”. Comentó que le habían lavado el cerebro desde la infancia para que creyera que todo lo que hacía el PCCh era bueno.

“Pero déjame decirte, niña, que tarde o temprano tu incredulidad obtendrá respuesta. Esa respuesta tendrá que venir de ti. En 10 años o tal vez en 20, llegará un día en que pensarás, vaya, qué infantil y despreciable era en aquel entonces”, explicó, “porque para entonces puede que te hayas convertido en un tú completamente diferente. Por supuesto, si tomas el camino por el que esos ultra izquierdistas quieren llevarte, quizás nunca obtengas tu propia respuesta”.

La carta de la adolescente personificaba el amor ciego que sienten algunos chinos por el PCCh. Desde su fundación hace décadas, el partido ha estado lavando el cerebro a sus ciudadanos para poder proyectarse como el salvador del pueblo chino y mantener su poder. Una táctica que emplea a menudo es instigar el odio hacia cualquiera que se atreva a decir la verdad y a revelar los verdaderos colores del PCCh.

El valor de Fang Fang para documentar lo que sucedía en Wuhan bajo el encierro la convirtió en blanco del PCCh. La grave situación descrita en sus diarios y experimentada por muchos vecinos de Wuhan, despertó a muchos a la naturaleza engañosa del PCCh y al desprecio que siente por la vida humana.

El lavado de cerebro del PCCh moldea la opinión pública

“Desde una edad temprana, hemos pensado en los EE. UU. como un país adorable. Creemos que esto se debe en parte al hecho de que los EE. UU. nunca ocuparon China, ni lanzaron ningún ataque a China. Más importante aún, el pueblo chino tiene una buena impresión de los EE. UU. basada en el carácter democrático y de mente abierta de su pueblo”.

Las palabras anteriores provienen de un artículo publicado en el periódico oficial del PCCh, el Xinhua Daily, el 4 de julio de 1947. Algunos años después, el PCCh abofeteó a los EE. UU. con la etiqueta de “imperialismo corrupto”. Cambio de actitud para justificar su participación en la Guerra de Corea. “Debemos eliminar absolutamente cualquier pensamiento de afinidad o temor por los EE. UU. En su lugar, el público en general debe tratar a los EE. UU. con odio, menosprecio y desdén”, instruyó “un aviso del comité central del PCCh sobre noticias y propaganda”.

Como dice un poema del periódico Wen Wei Po: “¿Quién se bebe la sangre del coreano? ¿Quién se bebe la sangre de los chinos? ¿Quién se bebe la sangre del mundo? ¿Quién se bebe la sangre de los estadounidenses? ¡Es el imperialismo estadounidense!”.

El PCCh usa el lavado de cerebro para desviar la atención de la gente y mantener su poder. Cualquiera que se atreva a estar en desacuerdo con él, es etiquetado como parte de las “fuerzas anti-China” o “antirrevolucionario” y es castigado.

Lo que algunos chinos no aciertan a reconocer es que el PCCh no es lo mismo que el país de China y que no estar de acuerdo con el PCCh no significa que uno no ame a China. La adolescente que reprendió a Fang Fang por no amar a China es un ejemplo de esto. Y no era la única que odiaba y reprendía a Fang Fang por ser antipatriótica.

El odio disfrazado de patriotismo y nacionalismo

Fang Fang escribió en una entrada de su diario el 23 de marzo: “Esperaba que al menos algunos funcionarios renunciaran (por no cumplir con sus deberes), como sucedió durante el SARS de 2003”. Quedé muy decepcionada: “Porque esta vez, no se despidió a ningún funcionario ni se le obligó a renunciar. Lo curioso es que, antes los funcionarios solían señalarse con el dedo, ahora culpaban a los Estados Unidos (como la fuente del virus)”.

Muchos ciudadanos de China atacaron a Fang Fang porque revelaba lo que pasaba en Wuhan para que todo el mundo lo viera. Algunos la llamaron “traidora” o “violadora de los intereses nacionales”, y algunos amenazaron con contratar a matones para que la asesinaran.

En respuesta a estas amenazas, Fang Fang dijo que no podía hacer nada. Pero se preguntaba quién publicaba aquellos ataques tan feroces.

A otros buscadores de la verdad les dieron un trato aún más duro, si lo comparamos con lo que Fang Fang enfrentó. Por ejemplo, Xu Zhangrun, un prominente profesor de la conocida Universidad de Tsinghua, fue puesto bajo arresto domiciliario por criticar al líder chino Xi Jinping.

Ren Zhiqiang, un magnate inmobiliario jubilado, también “desapareció” a mediados de marzo después de criticar el liderazgo de Xi, en un informe escrito en el Wall Street Journal que se publicó en Internet.

Tal patriotismo y nacionalismo fueron abusos del PCCh para reafirmar su control ideológico. “Un restaurante en el norte de China puso una pancarta celebrando la propagación del virus en los Estados Unidos. Una caricatura ampliamente difundida mostraba a los extranjeros siendo introducidos en cubos de basura”, informó The New York Times en un artículo titulado “A medida que el coronavirus se desvanece en China, el nacionalismo y la xenofobia se disparan”, del 16 de abril: “Los chinos que no son considerados como dignos admiradores del gobierno fueron objeto de virulentos ataques en Internet por parte del ejército chino de ‘rositas’, un apodo para la generación de jóvenes guerreros digitales que se abalanzan sobre cualquiera que critica al partido comunista”.

El intento de exportar “amor” causa rechazo

Mientras otros países se enfrentan a un aumento en los casos de infección y muerte, China vende suministros médicos para demostrar su “amor” a la comunidad internacional. Sin embargo, el intento de proyectarse como el salvador del mundo y ganar más “amor” de sus propios ciudadanos resultó contraproducente.

Por ejemplo, los 3 millones y medio de kits de pruebas importados por el Reino Unido resultaron ser imprecisos. El Reino Unido pidió un reembolso tras su devolución. Del mismo modo, sólo entre el 20 y el 30% de los kits de prueba importados por la República Checa y España pasaron la prueba. Otros países, como los Países Bajos, Eslovenia e Irlanda, también tuvieron problemas similares ya que los suministros médicos importados de China resultaron defectuosos.

Ante las devoluciones de productos y los llamamientos para responsabilizar al PCCh de causar la pandemia, el PCCh comenzó a decir a los chinos que otros países odiaban a China cuando en realidad su propio encubrimiento del brote del COVID-19 era el culpable.

Por ejemplo, después de que el PCCh anunciara el cierre de Wuhan el 23 de enero, los Estados Unidos formaron un equipo de 13 profesionales médicos de alto nivel, con la esperanza de apoyar a Wuhan y tomar muestras para su investigación. Pero sus peticiones fueron reiteradamente rechazadas por el PCCh. El resto del mundo se vio obligado a pagar un precio enorme al no contar con información precisa de China, ya que no pudieron prepararse para la pandemia.

Muchos países han despertado a la realidad. “En los últimos días, los líderes extranjeros, incluso de naciones amigas como Irán, cuestionaron las infecciones y muertes cifradas en China”, informó el New York Times el 8 de abril en un artículo titulado: “La batalla del coronavirus en China está disminuyendo”.

Los habitantes de Wuhan se despiertan ante la dura realidad

Mientras que algunos chinos siguen engañados con el PCCh, muchos habitantes del epicentro de la epidemia, Wuhan, despertaron a la dura realidad del desprecio que siente el PCCh por la vida.

El 23 de marzo, a los habitantes de Wuhan se les dijo que recogieran las urnas de sus seres queridos que murieron a causa del virus. Había largas colas de espera en las funerarias, donde se programó una distribución promedio de 500 urnas por funeraria y día, hasta el Festival Qingming (también conocido como el Día de la Limpieza de las Tumbas) el 4 de abril. Con ocho funerarias en Wuhan, el número de urnas (500 x 8 x 12) se traduciría en más de 40.000 muertes.

No se permitió a la gente tomar fotos o videos de los lugares de recogida. Cualquiera que tratara de desafiar la orden era detenido por la policía o miembros del personal vestidos de civil. Quienes estaban allí para recoger urnas debían estar acompañados por sus supervisores del trabajo o el personal de los comités de su vecindario. De lo contrario, no se le entregarían las urnas. Además, las urnas debían ser enterradas de inmediato.

La Voz de América (VOA, por sus siglas en inglés) reportó una historia de un habitante de Wuhan, Zhang Jun, el 4 de abril. El padre de Zhang, de 76 años, murió el 1 de febrero. Cuando se puso en contacto con la funeraria a principios de marzo le dijeron que esperara un aviso del centro de mando de prevención y control de epidemias de la ciudad. Cuando llamó otra vez a mediados de marzo también recibió la misma respuesta.

Al final, Zhang se negó a seguir buscando la urna de su padre porque no quería que alguien de su trabajo lo acompañara a recogerla, ya que sentía como si lo vigilaran mientras realizaba sus asuntos personales. Dijo que le disgustaba aquella política.

Otro residente de Wuhan, cuyo padre también murió a causa del virus, coincidió: “¿Es así un entierro? Esto no es más que vigilancia. Están llevando a cabo una tarea política, una tarea de mantenimiento de la estabilidad. A lo largo de todo este proceso –desde su ingreso en el hospital, su tratamiento, hasta su muerte y su entierro– nos hemos sentimos confundidos y sin dignidad”.

Decir no al PCCh

El 18 de marzo, Epoch Times propuso referirse al virus como el ‘Virus del PCCh’ debido al encubrimiento continuo y a la desinformación del partido comunista chino. Josh Rogin, un columnista del Washington Post, estuvo de acuerdo. En su artículo del 19 de marzo titulado: “No culpen a ‘China’ por el coronavirus, culpen al partido comunista chino”, escribió, “Llamémoslo simplemente el ‘virus del PCCh’. Eso es más acertado y ofende sólo a aquellos que lo merecen”.

A medida que el virus del PCCh hace estragos en el mundo, se acerca la hora de que los chinos que todavía creen mentiras del partido comunista reflexionen sobre si su amor ciego por el PCCh, le permitió al régimen encubrir aún más la pandemia y causar más daño a China y a otras naciones. Necesitan distanciarse del régimen para ponerse a salvo y en paz.

Fuente: Minghui

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