Redacción BLes – La revolución cultural en China dirigida por Mao Zedong dejó una huella indeleble en la memoria de quienes sobrevivieron a ese momento oscuro y terrible de la historia del país. Tanto víctimas como victimarios guardan en su corazón el sufrimiento producido por un movimiento que utilizó a los más jóvenes como herramienta de terror para perseguir, torturar y asesinar a 1,5 millones de personas.

Después del desastre del “Gran Salto Adelante” entre 1958 y 1962 que intentó conducir a una sociedad basada en la agricultura y transformarla en una industrial y moderna, la cual desembocó en la “Gran Hambruna China”, el poder de Mao en el círculo político se vio debilitado. Para volver a ser el timonel, impulsó una gran reforma que lo libraría de sus detractores y lo colocaría una vez más en la cúspide de su reinado. 

Mao afirmó que el país estaba siendo corrompido por individuos insuficientemente revolucionarios, y que el único camino a seguir era el de encontrar a esos traidores.

“Tomarán el poder y convertirán la dictadura del proletariado en una dictadura de la burguesía”, escribió.  Así comenzó una sangrienta lucha de clases.

La consigna fue destruir “los Cuatro Antiguos”. Viejas ideas, viejas culturas, viejas costumbres y viejos hábitos que, según Mao, eran fomentados por los ricos explotadores para envenenar las mentes de la gente.

Los jóvenes respondieron con fervor al llamado y en poco tiempo formaron la Guardia Roja.

Con la protección y la impunidad concedidas por Mao, estos grupos de jóvenes se tornaron cada vez más violentos.

Demostrando fidelidad a Mao

El 5 de agosto de 1966, Liu Jin y Song Bin Bin eran estudiantes de una escuela secundaria reservada para los hijos de la élite del partido comunista. Song es la hija de uno de los fundadores del PCCh, Song Renqiong.

Luego de que Mao disolviera los equipos de trabajo por falta de “fuego revolucionario”, las dos jóvenes guardias rojas quedaron como autoridades dentro de la escuela. Bajo sus órdenes, los guardias rojos comenzaron a estigmatizar a los profesores que consideraban enemigos de clase y a someterlos a sesiones de crítica. Despidieron a aquellos con antecedentes dudosos y detuvieron a la Sra. Bian Zhongyun de 50 años, subdirectora y secretaria del partido en la escuela.

Se la acusó de varios crímenes, como el de no saber cómo colgar un retrato de Mao en caso de terremoto o el de no dar otra chance en un examen a la hija del presidente Liu Shaoqi.

Niñas del primer año de curso organizaron el castigo.

Mientras se la obligaba a gritar “Soy una defensora del modo capitalista. Soy una revisionista contrarrevolucionaria. Merezco ser golpeada” Bian fue pateada y golpeada brutalmente con palos y patas de sillas.

A las 7 de la tarde del 5 de agosto de 1966, Bian dejó de moverse “Su rostro estaba cubierto de moretones, se había ensuciado y su ropa estaba empapada en sangre”, recuerda Liu. Ambas alumnas llevaron el cuerpo de la maestra en un carro hasta un hospital cercano Los médicos se negaron a tratar a un “enemigo del pueblo” Un maestro se armó de valor y firmó una renuncia para que pueda ser atendida, pero ya era demasiado tarde. Fue el primer asesinato de los guardias rojos durante la Revolución Cultural.

Trece días después de la muerte de Bian Zhongyun, Song Bin Bin se hizo famosa en toda China por poner un brazalete de la guardia roja en el brazo de Mao durante un acto en la plaza de Tiananmén.

Mao, al notar que el nombre de la joven significa “elegante y refinada”, la animó a ser más marcial, por lo que la joven pasó a llamarse Song Yaowu (ser militante). Una oportunidad perfecta de la máquina propagandística del PCCh para continuar explotando el fervor y el fanatismo de los jóvenes hacia la figura de Mao.

Durante la Revolución Cultural, miles de jóvenes con brazaletes rojos y vestidos de militar golpearon y humillaron públicamente a vecinos y maestros, culpándolos de traidores al PCCh. Los templos fueron destruidos y los monjes fueron obligados a abandonar los lugares sagrados mientras eran insultados y violentados por la horda de jóvenes fanáticos .

Yu Xiangzhen, ex guardia rojo, contó en un reportaje a The Guardian: 

“Todos compartimos la creencia de que moriríamos para proteger al presidente Mao”

“Aunque podría ser peligroso, eso era absolutamente lo que teníamos que hacer. Todo lo que me habían enseñado me decía que el presidente Mao estaba más cerca de nosotros que nuestras mamás y papás. Sin el presidente Mao, no tendríamos nada”.

Solo entre agosto y septiembre de ese año, 1772 personas fueron asesinadas en la ciudad de Beijing.

Buscando el perdón

Después de la disolución de la Guardia Roja, Song Binbin perdió su impulso revolucionario y decidió emigrar a Estados Unidos a principios de los 80’. Obtuvo una maestría en geoquímica de la Universidad de Boston y más tarde un doctorado del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Trabajó para el gobierno americano como oficial de análisis ambiental en la Agencia de Protección Ambiental de Massachusetts, logró la ciudadanía estadounidense y vivió en EEUU durante estos años.

Song regresó a China en 2014 y en una conferencia de prensa se disculpó públicamente con la familia de la maestra asesinada Bian Zhongyun.

Frente al busto de bronce que conmemora a la víctima en la escuela secundaria de la universidad de Beijing, Song derramó lágrimas y dijo:

“Soy responsable de la desafortunada muerte de la presidenta Bian”

“Tenía miedo de que me criticaran por prevenir la violencia. Es cierto que por eso no me esforcé más”

Wang Jingyao, el esposo de Bian, un eminente profesor de la Academia de Ciencias, no aceptó las disculpas. Mientras tanto, espera el día en que un museo sobre la Revolución Cultural se abra, para poder donar las fotos que sacó del cuerpo maltratado de su mujer el día de su muerte junto a sus pertenencias.

Wang Keming, un ex guardia rojo que viajó por todo el país para disculparse con el hombre al que lastimó durante la revolución, dijo: 

“El odio nos poseía: dondequiera que nuestros ojos aterrizaran, veíamos enemigos. Cuando una generación así se ve envuelta en una era turbulenta, persigue a otros, o son ellos mismos perseguidos, o les lavan el cerebro… Sin embargo, cuando son capaces de mirar hacia atrás en la historia y denunciar la educación de odio que recibieron, la ‘naturaleza del partido’ cede a la naturaleza humana.”

Por Michael Mustapich – BLes.com

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