Redacción BLesLos países que logran desplegar su poderío alrededor del mundo obtienen, gracias a este, amplias ventajas geopolíticas, que, generalmente, se revierten en beneficio de todos los países  participantes de esa interacción, mientras cumplan con los acuerdos mutuos. 

Actualmente, Estados Unidos ostenta la primacía mundial, dado el tamaño de su economía básicamente, y la amplia gama de interacciones que gira en torno a ella, no obstante, la meta del Partido Comunista de China (PCCh) es la de adquirirla para sí y ocupar el primer lugar convirtiéndose en el regulador de los destinos de los demás países. 

“La visión de Xi [Xi Jinping, el líder chino] de que el Partido Comunista Chino controle el Estado y acabe influyendo e incluso controlando el resto del mundo es clara. No son meras palabras para el consumo de las masas. Son instrucciones para los miembros del partido”, reseña el autor John Mauldin en Forbes.  

Para lograrlo ha implementado estrategias basadas principalmente en un aumento del poderío bélico e industrial, y al asumir que se cumplirán esas proyecciones teóricas, el PCCh calcula que en el 2050 podría convertirse en la primera potencia mundial. No obstante, no basta con la fuerza solamente para convertirse en el líder del mundo.

La actitud agresiva del PCCh en su carrera para cumplir esas metas, acompañada de las múltiples acciones polémicas que ha emprendido en gran parte del mundo, arroja un balance que no favorece el logro de esas aspiraciones. 

De hecho, así se desprende del concepto que suelen emitir las autoridades estadounidenses y de otros países, que no ven en las políticas internacionales del PCCh a un sano competidor que se ajuste a las regulaciones generalmente aceptadas. 

“Como quedó claro en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de 2018, Estados Unidos ve a China como un estado revisionista que amenaza directamente la seguridad y la prosperidad estadounidenses”, destacó un informe de la Universidad de Harvard al comentar sobre el proyecto Made in China 2025 (MIC 202, presentado por el régimen chino. 

¿Tendrá opción el PCCh a través de la guerra?

Cuando se piensa en el país de mayor poderío mundial, el curso habitual del pensamiento tiende a inclinarse inicialmente a considerar las confrontaciones bélicas, dado, quizás, a que la historia describe a la violencia como el principal recurso a través del cual se levantaron los antiguos imperios que dominaron el mundo. Por eso echaremos un vistazo al escenario bélico que podría plantear el régimen chino. 

Los ejemplos más recordados en busca de la primacía mundial son las campañas de Alejandro III de Macedonia, ​​o Alejandro Magno, quien a través de la guerra se coronó como ​ rey de Macedonia, gobernante de Grecia, faraón de Egipto y Gran rey de Media y Persia, hasta su muerte ocurrida a los 33 años en 323 a. C.

Luego, la del Imperio Romano, iniciada en 27 a. C. y que perduró hasta el 476 d. C. Esta etapa marcó la civilización de Occidente, dada la vasta extensión de territorio por la que se extendió. Roma compartió con el mundo muchos de los vastos aportes culturales desarrollados por sus ciudadanos que aún sirven de base a la civilización actual. 

Para el Partido Comunista de China (PCCh) la opción de fortalecer sus fuerzas armadas no pasa desapercibida, menos aún tras el ascenso al poder en 2012 del líder Xi Jinping. Por su parte, el Departamento de Estado de Estados Unidos (DOE) en su estudio “Elementos del Desafío de China” informó del impulso que se le está dando al Ejército Popular de Liberación (EPL). 

“El Ejército Popular de Liberación (EPL), que debe lealtad al PCCh, es fundamental para el objetivo del partido, de capacitar a China para que desempeñe un papel decisivo en la escena mundial”, escribió el personal de planificación de políticas del DOE en 2020. 

Y agregó: “Su objetivo es completar la transformación del EPL y la Policía Armada del Pueblo en ‘fuerzas de clase mundial para 2049, el centenario de la fundación de la RPC’”.

Al respecto, el expresidente de la Asociación Internacional de Estudios Estratégicos con sede en Washington, el australiano Gregory Copley, recordó que en el 2018, el PCCh declaró ante sus dirigentes la guerra a Estados Unidos, cuya supuesta victoria se celebraría en el 2049 para el centenario de la ocupación de China continental.

Por lo que explicó:  “… y como se dijo específicamente en ese momento … el nuevo orden mundial sería definido por Beijing, que escribiría las nuevas reglas globales de compromiso en el nuevo orden mundial”, basado en regulaciones dictadas según sus términos.

Si bien es cierto que el PCCh parece estar impulsando fuertemente esta iniciativa, los datos reales no son accesibles públicamente, por lo que la veracidad de la información no es fácil de determinar, y una parte significativa de ellas podría ser parte de su propaganda. 

No obstante, son viables algunas comparaciones que dan una idea de las fuerzas que debería superar el EPL, en caso de optar por una “Guerra Caliente”, es decir, mediante el  uso del arsenal bélico tradicional.   

Observando algunas cifras, es de considerar que en un caso extremo no se pondría en pie de lucha armada solamente el PCCh contra un país en particular, sino contra ese país y sus eventuales aliados, lo que en última instancia plantearía la III Guerra Mundial, en otras palabras. 

Así, aunque el ejército chino ocupa el tercer lugar en el mundo, la OTAN, a la que pertenecen 30 países, y otras alianzas territoriales, muy probablemente intervendrán en defensa de sus aliados. Si bien el EPL cuenta con 2 millones de  efectivos, la mayoría de ellos se encuentran estacionados en el territorio chino.

Frente a esto, entre  Estados Unidos, la OTAN y los países miembros de la ASEAN suman más de 3.897.000 efectivos, lo que casi duplica la capacidad del PCCh. Además, si se añaden India, Corea del Sur, Australia, Taiwán y Japón, el personal militar sumaría más de 6.371.000 combatientes.  

Dado que de esta manera los países aliados triplican los efectivos disponibles del PCCh, se hace muy remota una guerra de proporciones globales. Si bien no se ha considerado la posibilidad de que Rusia se una al régimen comunista, de darse esa alianza tampoco alcanzarían el poder de los aliados ya mencionados.

De hecho, son muchos más los factores a tener en cuenta en un enfrentamiento armado de tales proporciones, pero no se ve una opción fácil para el PCCh, dado que, además, es un país que no cuenta con verdaderos amigos en el escenario internacional. 

En el contexto de la esfera internacional, el régimen comunista chino ha acumulado descrédito y una atmósfera adversa, por violaciones a los derechos humanos contra minorías raciales como la de los uigures y contra movimientos espirituales como el de Falun Dafa, el budismo, el cristianismo y otros. 

A nadie le caen bien las continuas amenazas y agresiones que el PCCh lanza contra Taiwán, India y países vecinos como Filipinas, Vietnam, Japón, Malasia, Brunéi, Indonesia, Singapur, Tailandia, Japón y Australia, afectados por las tomas de territorios y la militarización del PCCh en el Mar del Sur de China.

Por otro lado, hay otros aspectos que no juegan a su favor, como, por ejemplo, las insuficiencias al interior del país en seguridad alimentaria, el desbalance de la seguridad en el suministro de agua, una geografía compleja que dificulta el transporte oportuno, y la corrupción generalizada en todas las ramas administrativas del régimen, incluyendo al ejército.

Tampoco le ayudan al PCCh los problemas de seguridad interna, las pugnas políticas por el poder, ni las sanciones internacionales a las que se ha hecho acreedor, entre otros problemas que le acosan.

Todos los argumentos ya expuestos señalan a grandes rasgos que no solo es remota la aplicación de métodos violentos para lograr el liderazgo mundial, sino que podría resultar tan arriesgado para el régimen chino como para implicar su completa desaparición, aún dentro de su mismo territorio.

El plan Made in China 2025

Otra de las estrategias del PCCh para alcanzar la primacía mundial consiste en haber impulsado desde el 2015 el proyecto Made in China 2025 (MIC 2025), con el cual pretende potenciar su competitividad económica y  mejorar su posición en la cadena de valor de la fabricación mundial. Parte del hecho de que “El sector manufacturero de China es grande pero no fuerte”.

Si bien el régimen chino admite en este caso que las empresas del país dispongan de cierta flexibilidad en las actividades económicas, es claro que todas tienen que rendir cuentas ante su burocracia, por lo que un informe del Congreso de Estados Unidos presenta esta opción como una forma de disimular su intervencionismo.  

“El plan promueve maneras de propiedad y control estatales y permite a las empresas chinas flexibilidad para acceder a los mercados globales, lo que puede ocultar el alcance del papel del Estado”, reportó  el Servicio de Investigación del Congreso (CRS) en agosto de 2020. 

Aunque las instituciones financieras del PCCh (Government Guidance Funds,GGF) apoyan a las compañías nacionales, aprovechan esa relación para tomar poder en la dirección de estas. 

Tal como lo describe el CRS: “Los GGF a menudo toman una participación o un puesto en el consejo de administración de las empresas que financian y pueden influir en la toma de decisiones de las empresas”.

De hecho, es conocido el procedimiento que utiliza el régimen chino para aprovechar su posición de poder en el país para apropiarse de los conocimientos de las empresas extranjeras y transferirlos a las nacionales.  

“El gobierno también utiliza las normas nacionales, la propiedad intelectual, la competencia y de contratación, así como otras condiciones de acceso al mercado que buscan transferir los conocimientos técnicos extranjeros a entidades chinas y emplear proveedores chinos para los componentes clave”, de acuerdo con el reporte del CRS. 

Asimismo, el PCCh no puede dejar de utilizar las tácticas ventajosas que le han caracterizado a lo largo de sus relaciones con Occidente, así se infiere de un estudio de 2016 del Instituto Mercator de Estudios sobre este tema, en el que advirtió que las compras de tecnología del régimen chino en exterior pretenden:

“Adquirir sistemáticamente tecnología de vanguardia y generar una transferencia de tecnología a gran escala”. En el largo plazo, China quiere obtener el control de los segmentos más rentables de las cadenas de suministro y las redes de producción”.

La programación del MIC 2025 es tan amplia que supera al año 2025 y se extiende hasta el 2049, cuando se cumple el centenario de la fundación del  PCCh. Para el 2035, el objetivo es alcanzar la paridad con la industria mundial en niveles intermedios, mejorar la innovación, realizar grandes avances, liderar innovación en sectores específicos y establecer normas mundiales.

Es de tener en cuenta que la industria actual y futura se apoya fundamentalmente en la tecnología de punta, específicamente en los circuitos integrados que contienen los microchips electrónicos, y que en el caso del PCCh son esenciales para el logro de los objetivos  del proyecto MIC 2025.

En este sentido, China sigue dependiendo de la tecnología, la propiedad intelectual y los conocimientos técnicos de EE. UU., y de la producción de microchips de Taiwán, lo que implica un cuello de botella crucial para sus aspiraciones hegemónicas. 

La desmoralización de la población china

Sin lugar a dudas, los habitantes de una nación son la razón de su existir y su espiritualidad es la mayor riqueza con la que se pueda contar, más aún tratándose de una población como la china. Esta nación se desarrolló durante milenios, vivificándose con una cultura basada en los principios divinos, tal como se desprende de su antigua tradición. 

Pero el PCCh se ha encargado de destruir sistemáticamente no solamente los tesoros artísticos y culturales que reflejaban la tradición clásica china, sino también las auténticas manifestaciones espirituales como templos, monumentos y escrituras sagradas. 

Simultáneamente, el régimen chino intenta reemplazarlas por la ideología marxista, materialista y atea que le anima. 

Además, los constantes escándalos de corrupción de los miembros del PCCh, junto con las persecuciones étnicas y religiosas y la supresión de toda expresión democrática unida a la extrema limitación a los derechos civiles, se reflejan en el creciente desánimo de los ciudadanos chinos. 

Una de las expresiones de desmoralización más impactantes para una sociedad es la que se refleja en sus generaciones de jóvenes, sobre quienes se fundamentan las aspiraciones de futuro para una nación. 

En este sentido, el creciente movimiento de los jóvenes chinos “acostados” evidencia de qué manera la falta de motivación perjudica el desarrollo normal de las nuevas generaciones. El medio internacional Minghui.org., especializado en información sobre China, describe esa ‘protesta silenciosa’ de la siguiente manera: 

“Debido a su insatisfacción con la sociedad y a que no ven salida a su situación, muchos jóvenes chinos han optado por vivir de la forma más pasiva posible, como protesta silenciosa contra el sistema actual y el statu quo social. A este acto de protesta lo llaman ‘estar acostado’”.

Esta tendencia agrava la crisis de la rápida disminución del crecimiento demográfico, causada por las manipulaciones de la tasa de nacimientos impuesta por la política del hijo único, que durante décadas desequilibró el normal aumento de la población. 

Al parecer, los extremos de represión y destrucción de la cultura clásica china están siendo contraproducentes para la continuidad misma del PCCh, que los implantó en la población por la fuerza. Un pueblo desmoralizado y sin esperanzas, difícilmente, coopere con el régimen que lo oprime. 

“Una nación desmoralizada y desestabilizada entra fácilmente en la fase de crisis volátil. Una crisis es de corta duración y supone un cambio revolucionario de poder. Puede adoptar diversas formas”, hace notar el autor Jerry J. Pokorsky, aludiendo a resultados históricos.

Y agrega: “Pero en todos los casos, un acontecimiento catastrófico se impone y divide al país, alarmando a los ciudadanos. Tal fue el patrón de las revoluciones francesa, rusa, china y cubana, con varios otros ejemplos en Oriente Medio en los últimos años”.

Por otro lado,  una investigación de la Corporación Rand del 2020, en la que se contemplaron cuatro posibles resultados de la estrategia del PCCh hacia el 2050, concluye: “Una China triunfante es la menos probable porque ese resultado presupone un escaso margen de error y la ausencia de cualquier crisis importante o contratiempo grave de aquí a 2050”.

En este contexto, no solo se perfila como muy remota la posibilidad de que el régimen chino llegue a ser el sistema regulador de los destinos del mundo, como primera potencia mundial en el año 2050, sino que el riesgo de que pierda el control en sus propios territorios es grande. 

José Hermosa –Redacción BLes

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