“Los responsables políticos estadounidenses deberían condenar claramente esta persecución contra Falun Dafa y declararla un genocidio”, escribió Nina Shea, directora del Centro para la Libertad Religiosa del Instituto Hudson, en un artículo titulado “El PCCh lleva a cabo un segundo genocidio -contra Falun Dafa” publicado en National Review el 4 de febrero.

Nina Shea es la directora del Centro para la Libertad Religiosa del Instituto Hudson. (MingHui.org)

Más concretamente, este genocidio “está señalado por varios informes rigurosos que establecen que un gran número de sus practicantes detenidos han sido sometidos por la fuerza a procedimientos médicos que inevitablemente los matan”. Estos informes indicaron que después de declarar la intención del gobierno de eliminar a Falun Dafa hace 20 años, el Partido Comunista Chino (PCCh) “ha elegido a los detenidos de Falun Dafa para la sustracción involuntaria de órganos, además de la internación masiva, la desaparición y la tortura”.

“Esto significa que las víctimas son asesinadas mientras o poco antes de que sus corazones, hígados, pulmones y riñones sean extirpados quirúrgicamente para ser vendidos en lo que Beijing se jacta de ser el mayor mercado de trasplantes de órganos del mundo”, explicó Shea. Añadió que los nuevos hallazgos críticos de los expertos de la ONU han reforzado el caso de genocidio.

La persecución comenzó en 1999 con una orden de Jiang Zemin, exlíder chino y secretario general del PCCh. Beijing estimó que había unos 70 millones de practicantes de Falun Dafa en ese momento. El Departamento de Estado de Estados Unidos señaló que el PCCh puso en marcha “un aparato de seguridad extralegal, dirigido por el partido, para eliminar el movimiento Falun Dafa”.

Citando estudios documentados en Bloody Harvest, un libro escrito por el exsecretario de estado del gobierno canadiense David Kilgour junto con los expertos David Matas y Ethan Gutmann, Shea escribió: “La fuente de la mayor parte del volumen masivo [de China] de órganos para trasplantes es el asesinato de inocentes: Uigures, tibetanos, cristianos y, principalmente, practicantes del conjunto de ejercicios espirituales Falun Dafa”.

Otros estudios también han confirmado la evidencia de que los practicantes de Falun Dafa no solo se encuentran entre las víctimas de una industria de sustracción involuntaria de órganos, sino que probablemente han sido sus principales víctimas durante las últimas dos décadas. Ha habido al menos dos evaluaciones de este tipo en 2020. Una de Matthew Robertson, de la Fundación Conmemorativa de las Víctimas del Comunismo (VOC), cuya evaluación fue publicada por la Fundación Jamestown, y la otra del Tribunal de China, un panel independiente dirigido por Sir Geoffrey Nice, que también dirigió el reciente Tribunal Uigur.

Las evaluaciones eran coherentes con el hecho de que “los hospitales chinos programan los trasplantes a la carta, en días o semanas”, tal y como se documenta en Bloody Harvest, en fuerte contrato con los registros de los NIH que indican que la media de espera para recibir riñones en Estados Unidos es de cuatro años. Según una versión archivada de 2004 del sitio web de una empresa de trasplantes con sede en China, a los posibles pacientes extranjeros se les dice: “En China realizamos trasplantes de riñón de donantes vivos. Es completamente diferente a los trasplantes de riñón de cadáveres de los que se habla en los hospitales y centros de diálisis japoneses”.

Las autoridades chinas afirmaron que en 2015 habían puesto fin a este tipo de abusos, como el uso de reclusos en el corredor de la muerte, en la obtención de órganos, y que en su lugar habían establecido un sistema de donantes voluntarios. Pero el Tribunal de China determinó que las estadísticas oficiales chinas sobre trasplantes están “falsificadas”. “Observó una ‘brecha incomprensible’ entre las evaluaciones ‘creíbles’, basadas en datos hospitalarios, de unos 60.000 a 90.000 trasplantes anuales, y los 5.146 donantes de órganos elegibles reportados en un año por la RPC”, escribió Shea. “El Tribunal y otros estudios concluyen que las fuentes de detenidos de Falun Dafa vivos ayudaron a llenar este vacío. La cita común de los medios de comunicación de 65.000 practicantes de Falun Dafa asesinados por sus órganos, hay que tener en cuenta que es de la investigación de Ethan Gutmann que cubre solo el período 2000-2008”.

Pruebas adicionales, incluyendo testimonios, mostraron que los detenidos de Falun Dafa son comúnmente sometidos a exámenes médicos en la prisión, los resultados introducidos en las bases de datos del gobierno para la asignación de órganos por el sistema hospitalario. “La Fundación Jamestown detalla un solapamiento entre el personal médico de trasplantes y los cuadros del PCCh en la campaña anti-Falun Dafa, y una estrecha coordinación de trasplantes de órganos entre el PCCh, el Ejército Popular de Liberación, las prisiones y los hospitales”, explicaba el artículo de National Review.

Además, el Tribunal de China concluyó hace dos años que el PCCh ha cometido un “crimen contra la humanidad” en la sustracción de órganos, lo que plantea la posibilidad de que los practicantes de Falun Dafa mueran por la sustracción de órganos. “La documentación de una docena de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas revela que Falun Dafa y otros presos de conciencia religiosos son objetivo exclusivo de la sustracción de órganos, mientras que otros detenidos con órganos igualmente valiosos no son fuentes específicas”, afirmó Shea en el artículo. “El hecho de que el PCCh se dirija exclusivamente a las minorías religiosas detenidas, en particular a Falun Dafa, indica que el lucro no es su principal motivo (aunque el dinero puede ser el motivo para el personal médico implicado)”.

En una declaración conjunta de junio de 2021, los doce expertos independientes en derechos humanos designados por la ONU para informar sobre cuestiones como la tortura, la detención, la libertad religiosa, los derechos de la mujer y las minorías, declararon estar “extremadamente alarmados” por “informaciones creíbles” sobre “sustracción de órganos”, contra practicantes de Falun Dafa, uigures, tibetanos, musulmanes y cristianos, detenidos en China”. De hecho, estos grupos se convirtieron en sujetos involuntarios de exámenes médicos con resultados “registrados en una base de datos de fuentes de órganos vivos que facilita la asignación de órganos”. Por el contrario, la información creíble demostró que “otros prisioneros no están obligados a someterse a tales exámenes”.

En resumen, esta información revela vínculos entre la orden del PCCh de “eliminar” a Falun Dafa y la constatación del Tribunal de China y otros expertos de que “un gran número de detenidos de Falun Dafa han sido seleccionados por funcionarios del PCCh y del Estado para ser enviados a una muerte segura cerca de las mesas de operaciones de trasplantes o en ellas. Esto evidencia una intención genocida”, escribió Shea.

“Los responsables políticos estadounidenses muestran una nueva disposición a reconocer la represión del PCCh. Deberían condenar claramente esta persecución contra Falun Dafa y declararla genocidio”, concluyó Shea. “Si esto se hubiera hecho antes, el genocidio uigur podría no haber ocurrido nunca. No obstante, los Juegos Olímpicos de Beijing justifican un escrutinio especial de este horrible y continuo capítulo del historial de derechos humanos del PCCh”.

Fuente: minghui.org

 

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