Redacción BLesChina es el país más habitado del planeta y necesita una enorme cantidad de recursos para continuar haciendo crecer su desigual economía. Entre otros mercados, el régimen comunista chino ha invertido millones durante las últimas décadas para desarrollar una importante concentración en la explotación minera de recursos naturales no renovables.

Comenzando por una importante explotación minera dentro de su país, el régimen chino continuó con decididas estrategias para expandir la explotación en el resto del mundo, sobre todo en países en vías de desarrollo tanto en Latinoamérica como en África.

Así fue como la minería se incluyó dentro de la estrategia de avance comercial china en la llamada “La Franja y la Ruta”. A través de la cual el régimen chino logró penetrar en países emergentes tentando a funcionarios y ciudadanos con enormes inversiones de dinero en diversos proyectos, entre los que se incluye la minería, por lo general poniendo en riesgo la soberanía nacional de los países supuestamente beneficiados por las inversiones. 

La Unión Europea ha identificado una lista de 30 materias primas minerales catalogadas como productos críticos. Los conflictos y los monopolios comerciales en torno a la explotación de éstos, ponen en peligro su cadena de suministro, sobre todo cuando son controladas por un régimen dictatorial como el del Partido Comunista Chino (PCCh), acusado de gran corrupción y una tendencia constante al avance imperialista.

Estos 30 productos junto con la explotación de las llamadas “tierras raras”, son cruciales para los sectores de defensa, tecnología y energías renovables. La producción mundial de estas materias primas críticas apenas alcanza unos pocos miles de toneladas al año y su explotación está repartida entre un puñado de países, entre los que se encuentra China.

El régimen comunista chino produce el 45% de las materias primas críticas, mientras los siguientes diez grandes productores suman una cuota conjunta del 35%.

 

El régimen chino lidera la explotación de minerales clave 

China no solo tiene importantes reservas de recursos minerales, sino que además lidera la extracción mundial de muchos de ellos. Eso le da una notable ventaja geopolítica como fuente de los recursos imprescindibles para la producción tecnológica global.

En apenas dos décadas se ha convertido en el principal proveedor de muchas de estas materias primas, muy por delante de Estados Unidos y Europa, sus principales competidores comerciales. Este dominio se debe en parte a los yacimientos existentes en la propia China, pero también a una planificación deliberada para extender su aparato minero por todo el mundo incluso en regiones aisladas como el amazonas brasilero y países marginados de África.

Cuando se habla de estas materias primas, China se destaca en dos grupos principales: los metales básicos y los elementos tecnológicos. 

El grupo de materiales básicos comprende esencialmente cinco metales de la tabla periódica; hierro, cobre, aluminio, magnesio y zinc (y en ocasiones también se incluyen el plomo y el estaño).

De más está decir que podemos encontrar todos estos metales en objetos de la vida cotidiana, y que han sido la columna vertebral del desarrollo de la industria moderna. Por lo tanto, todos los países los necesitan, lo que coloca a aquellos con mayores depósitos de estos metales en una ventaja estratégica respecto al resto.

La riqueza mineral de un país no necesariamente se relaciona con la cantidad de minerales existentes que posea, además se mide por la facilidad y viabilidad de la extracción del producto. En el caso de China, coexisten ambas variables ya que el país tiene los mayores yacimientos del mundo de muchos de estos minerales y además resultan de relativa accesibilidad, liderando el ranking con magnesio (79% de las extracciones globales), estaño (43%) y zinc (31%).

En cuanto a los metales utilizados en la industria tecnológica, es importante destacar que incluye varios minerales, como elementos de tierras raras, metales preciosos y semiconductores. Cuantitativamente hablando, la cantidad necesaria de estos metales es mínima, aunque su disponibilidad es crucial para producir la tecnología actual.

A modo de ejemplo, algunos de los metales tecnológicos más comunes incluyen algunos como litio, itrio, paladio, cerio y neodimio, que se pueden encontrar en baterías de teléfonos inteligentes, medicamentos, imanes o catalizadores. En estos casos también China lidera con los mayores yacimientos de algunos de estos elementos, destacando los de tungsteno, tierras raras y molibdeno.

En resumidas cuentas, el régimen chino no solo tiene los mayores depósitos de estos valiosos minerales utilizados como materiales clave en la industria moderna, sino que también es el exportador número uno del mundo. Aparte de la extracción, el país también refina y fabrica componentes con estos minerales y en muchos casos incluso elabora el producto final. Es decir, interviene en la totalidad del proceso productivo.

 

El régimen chino busca protagonismo en la explotación minera internacional

Durante los últimos años las empresas chinas han logrado desarrollar la tecnología suficiente no solo para explotar los yacimientos mineros, sino también para procesar los productos extraídos. 

Por este motivo, además se ha convertido en un gran importador de estas materias primas, las cuales son procesadas en China para luego volver a ser exportadas, como minerales o transformados en productos terminados. 

El régimen chino es conocido por poseer normativas medioambientales y laborales laxas, lo que les permite reducir considerablemente sus costos de producción en todas las industrias, incluida la explotación minera. Esta situación obligó a muchos de sus competidores internacionales a correrse del mercado dando lugar al avance chino.

A pesar de las extracciones minerales récord detectadas en China en los últimos años, el país no logra satisfacer su demanda anual de minerales como cobre, zinc, níquel y una gama de otras materias primas utilizadas en su industria. 

En consecuencia, China ahora importa más de 100 mil millones de dólares en metales básicos cada año, consumiendo más del 25 por ciento de los suministros mundiales.

Las empresas de origen chino han estado a la cabeza de la ola de fusiones y adquisiciones experimentadas por el sector minero durante los últimos años. En su compromiso por alejarse de los combustibles fósiles, los grupos chinos apuntan a los minerales necesarios para baterías de automóviles eléctricos y generación de las supuestas “energías limpias”.

Según un estudio publicado por JETRO (Institute of Developing Economies) las importaciones chinas de minerales incluyen el 30 por ciento de la producción mundial de zinc, el 25 por ciento de la producción mundial de plomo y el 22 por ciento de la producción de cobre refinado. Además, la economía china absorbe el 27 por ciento del hierro y el acero del mundo y el 25 por ciento de la producción de aluminio.

Utilizando diversas estrategias el régimen comunista chino ha logrado tomar protagonismo en la industria minera mundial, ya sea por la importación directa de minerales, por la compra de mineras internacionales existentes, por la participación en el exterior de empresas mineras propias o bien por la inversión en países en vías de desarrollo para tomar control de sus productos mineros. 

Latinoamérica y África están siendo saqueadas por las malas políticas locales que permiten que el régimen chino se lleve gran cantidad de los recursos naturales de estos continentes mientras que al mismo tiempo inunda los mercados de sus productos más baratos, destruyendo la industria nacional, generando dependencia y finalmente quebrando el sistema financiero.

En el caso de los minerales, China depende casi exclusivamente del África subsahariana para sus importaciones de cobalto y manganeso, este último principalmente de Gabón, Sudáfrica y Ghana. Mientras que Latinoamérica  se convirtió en su gran proveedor de mineral de hierro y cobre, principalmente Brasil y Chile.

El régimen chino ha asegurado participaciones accionarias directas en reservas de minerales de varios países, en empresas mineras locales y en holdings multinacionales, con contratos que le aseguran el flujo de materias primas por décadas.

En pocos años el régimen chino está logrando desplazar a los países que históricamente manejaron la industria minera internacional, tal es así que desde hace varias ediciones el informe anual “Mine” publicado por la consultora PwC , el cual realiza un análisis sobre la industria minera a partir del comportamiento económico y financiero observado en las 40 principales empresas mineras por capitalización de mercado, se destaca la aparición de al menos 9 empresas de origen chino dentro de las más importantes.

 

Desastres medioambientales, dentro y fuera de China

Al igual que como sucedió en otros rubros industriales, el régimen chino como estrategia de la explotación minera adoptó bajos requisitos respecto a normas medioambientales, que junto a los bajos costos de mano de obra condujeron a precios internacionales super competitivos, lo que permitió su rápido crecimiento, no obstante, a largo plazo los costos ambientales han resultado exorbitantes. 

Una de las principales trabas para la explotación minera en general es la complejidad de los procesos químicos utilizados y los altos costos para depurar la contaminación ambiental causada por las aguas residuales tóxicas resultantes.

El método tradicional de extracción de estos metales implica inyectar sulfato de amonio y cloruro de amonio en el suelo para ayudar a separar el mineral. 

En consecuencia: “Miles de ríos han desaparecido, mientras que la industrialización y la contaminación han echado a perder gran parte del agua que queda. Según algunas estimaciones, entre el 80% y el 90% de las aguas subterráneas y la mitad de las aguas fluviales de China están demasiado sucias para beberlas; más de la mitad de las aguas subterráneas y una cuarta parte de las aguas fluviales ni siquiera pueden utilizarse para la industria o la agricultura”, describió Bloomberg en un informe publicado el 29 de diciembre pasado.

Particularmente, la contaminación resultante de la extracción de tierras raras ha creado un suelo incapaz de sustentar los cultivos. Además de que los estragos dejados en las grandes extensiones explotadas pueden tardar entre 50 y 100 años en recuperarse, la contaminación de las minas existentes amenaza no solo a las áreas donde están ubicadas, sino también a las ciudades y países vecinos que se encuentran río abajo.

La situación crítica respecto al agua fue reconocida públicamente por el propio PCCh en el año 2008, cuando el Consejo de Estado de China advirtió que los recursos hídricos de su país estarían básicamente agotados en 2030. “Teniendo plenamente en cuenta el ahorro de agua, en 2030 el uso de agua de nuestro país alcanzará o se acercará al volumen total de recursos hídricos explotables, y la situación de lucha contra la sequía será cada vez más grave”, afirmó una directiva emitida por ese organismo, según lo reportado por Reuters.

Los niveles de contaminación debido a los pocos cuidados en la explotación minera en su propio país, se supone que pueden ser mucho peores cuando las empresas ligadas al régimen chino participan en proyectos mineros en países extranjeros donde las consecuencias medioambientales no son sufridas por su propio pueblo.

De hecho un gran número de movimientos sociales, sobre todo en latinoamérica, está protestando debido a los efectos devastadores en el medio ambiente como consecuencia de la actividad minera en cercanías de fuentes ricas en agua potable como en la cordillera patagónica en Chile y Argentina.

 

Estrategias de otras potencias para frenar el avance chino en minería

Determinados sectores políticos de ciertas potencias mundiales como Estados Unidos y algunos países europeos vienen advirtiendo sobre la peligrosa tendencia a depender del régimen chino respecto a materias primas críticas producto de la industria minera.

En este sentido el expresidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para impulsar la producción minera en el país y cortar con esta dependencia de los minerales esenciales, sobre todo de países adversarios como China.

En diciembre de 2017, Trump ya había firmado otra orden ejecutiva con la cual dirigió al secretario del interior para que identificara cuáles eran los minerales esenciales para poder reducir la vulnerabilidad del país ante una posible interrupción del abastecimiento de estos.

Como resultado se identificaron 35 minerales como esenciales, 31 de los cuales eran importados y 14 de ellos no tienen producción doméstica.

Ante estos resultados Trump manifestó su preocupación y en su orden ejecutiva dijo:

“Los Estados Unidos importan ahora el 80 por ciento de sus elementos de minerales raros directamente de China, y parte del resto se obtiene indirectamente de China a través de otros países. En la década de 1980, los Estados Unidos producía más de estos elementos que cualquier otro país del mundo, pero China utilizó prácticas económicas agresivas para inundar estratégicamente el mercado mundial de minerales raros y desplazó a sus competidores”.

En la Orden ejecutiva diferencia el rol de los países adversarios de los aliados, y hace hincapié en la importancia de incentivar a éstos a que también aumenten su producción de estos minerales.

Trump señala que el régimen chino explotó su posición dominante en el mercado de minerales y coacciona a las industrias de otros países para que muden sus instalaciones, propiedad intelectual y tecnología a China, generando una dependencia total del gigante asiático.

La orden también intenta impulsar la producción minera nacional estadounidense, revisando la posibilidad de otorgar préstamos y reformar el sistema de permisos para la minería. 

Paralelamente algunos países europeos también vienen tomando ciertas iniciativas para enfrentar el avasallamiento del régimen chino en esta delicada industria.

Para reducir su dependencia de los proveedores externos, la Unión Europea contempla dos enfoques principales. Según expresó en su plan de acción 2020, el bloque propone diversificar las fuentes de sus materias primas. El portavoz de la Comisión dijo que se ha pedido a los Estados miembros que identifiquen proyectos de extracción y transformación en sus territorios “que puedan ser operativos para 2025”. Incluso se ha creado una alianza empresarial para facilitar las inversiones.

El segundo enfoque principal es “reducir la dependencia mediante el uso circular de los recursos”, aunque no está claro si el reciclaje tendrá un impacto significativo o si la industria tendrá que encontrar finalmente insumos sustitutos.

 

Tierras raras

Los minerales conocidos como tierras raras son insumos vitales en la producción de dispositivos electrónicos inteligentes, smartphones, microchips, turbinas eólicas, coches eléctricos y equipos militares, entre otros, cuya demanda se ha disparado en los últimos años y se proyecta mundialmente con un desarrollo aún mayor.

China ha luchado por mantener el monopolio de la producción de estos materiales, pero como se mencionó anteriormente algunas potencias mundiales han comprendido la amenaza geopolítica que implica el desarrollo de este monopolio y comenzaron a tomar algunas acciones que de a poco están revirtiendo esta situación.

Así, China, tras producir el 86% mundial de tierras raras ahora bajó al 58% en la actualidad perdiendo casi un 20% de la producción que poseía algunos años atrás, lo que ha significado un duro golpe para el régimen chino, de acuerdo con el informe del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) del año pasado. 

Para los analistas, la importancia de contrarrestar el dominio global del régimen chino en la producción de tierras raras es apremiante, dadas las implicaciones geopolíticas que reviste. En este mismo sentido se pronuncia el investigador Liam Gibson, al escribir: “Romper el control de China sobre las tierras raras debería ser una misión de AUKUS”. AUKUS, es una alianza estratégica militar entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia anunciada en septiembre y que se enfocaría en la región del Indo-Pacífico.

Y agregó: “La economía de las tierras raras significa que las empresas comerciales siempre serán derrotadas en el precio por las empresas respaldadas por el Estado, que existen no tanto por el beneficio como por la ganancia geopolítica de monopolizar un activo tan estratégico”, tal como lo mencionó en uno de sus artículos en el medio Nikkei Asia en diciembre de 2021.

Ahora, países como Estados Unidos, Australia y Myanmar (Birmania), entre otros, han aumentado la producción de estos minerales escasos en una proporción mucho mayor a la que ha crecido el procesamiento en China, llegando a aportar cerca del 40% del total mundial, según Statista

Cabe destacar que parte de esta producción aumentada, sobre todo la de Myanmar, ha sido importada por el régimen chino para abastecer a su industria tecnológica. También los informes indican que el tráfico ilegal de estas tierras raras ha aumentado considerablemente en los últimos años, siendo China el gran comprador de esta mercadería.

Estados Unidos aumentó su producción de tierras raras en un 36% en el 2020 pasando a obtener 38.000 toneladas, mientras que en el 2019 extrajo 28.000. Por otro lado, como parte de su estrategia para disminuir la dependencia de China, durante la era Trump se comenzó a instalar una planta para el procesamiento, lo que evitaría su envío hasta territorio chino en donde se venía procesando.

Esta procesadora se ubica en Hondo, Texas, a unos 72 km al oeste de San Antonio, y es financiada con 30,4 millones de dólares por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en una joint venture con la empresa australiana de tierras raras Lynas Rare Earths Ltd. Esta instalación, anunciada inicialmente en 2019 con inversores privados y aún en desarrollo podría ser un paso hacia una estrategia eficaz de gestión de riesgos.

 

Palabra finales

La concentración productiva en pocas manos de materiales básicos para el normal funcionamiento del sistema económico, pone en una situación de extrema debilidad la estabilidad de las democracias y la paz mundial. 

El problema es más grave aún cuando esta concentración se da en un país gobernado por un régimen comunista como el de China, caracterizado por sus ideas imperialistas basadas en la represión, la violencia, el nulo respeto por las libertades individuales y la generalizada falta de valores fundada en su ateísmo. 

Sólo la acción concreta del resto de los países fuertes puede garantizar una producción más equitativa y democrática de la explotación de los recursos escasos de este mundo, y así evitar que caiga en manos de regímenes autoritarios que pretenden monopolizar los mercados para incrementar la concentración de poder.

 

 Andrés Vacca –Redacción BLes

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