Redacción BLes- Los países totalitarios suelen ser escenarios de crueles experimentos sociales, que laceran profundamente a los ciudadanos, y uno de ellos es el de la rígida política del régimen chino para controlar la natalidad en China.

Este genera ahora una crisis humanitaria que acosa a millones de niños y adolescentes, víctimas del abandono que sufren en carne propia las consecuencias del hambre, la desnutrición y una larga serie de malos tratos y abusos a sus derechos humanos básicos. 

“Los orfanatos de la muerte”

Unos de los pioneros en la divulgación de la inhumana situación que causa sufrimiento a los niños huérfanos y abandonados bajo el Partido Comunista de China (PCCh), son los periodistas de investigación Kate Blewett y Brian Woods.

Blewett, Woods y el camarógrafo Peter Woolridge, viajaron de incógnito por China y filmaron en 1995 los que llegaron a ser conocidos como “los orfanatos de la muerte”, en donde encontraron “abusos y negligencia severos”.

Kate relató: “Lo primero que nos impactó fue el olor, el hedor que hacía agua los ojos y luego el espeluznante silencio”. 

Y siguió diciendo: “Los bebés estaban asfixiados bajo pesadas mantas, los niños pequeños estaban atados con las piernas extendidas sobre orinales improvisados y ninguno de ellos hacía ruido. Habían dejado de llorar porque sabían que nadie vendría. Todos se mecían, sin cesar, su única forma de estimulación”.

Si bien ese era el escenario predominante en los orfanatos más pobres, en uno de los mejor ubicados en un rico suburbio de la ciudad de Guangdong, provincia de Cantón, se encontraron las situaciones más desgarradoras.  

Allí les deprimió mucho encontrar, en ausencia de los ‘cuidadores’ los ‘cuartos de la muerte’, en los que se dejaba morir a los niños de hambre. En el lugar se compadecieron de una niña a la que llamaban Mei Ming. 

“El personal no entraba allí. Cuando me aventuré a entrar, vi a esta pobre niña con la cara reducida a una calavera, tan cerca de la muerte”, explicó Kate, sobre la niña que aparece en su documental The Dying Rooms. 

Los investigadores superaron su repulsión y filmaron a la niña moribunda. “Documentarlo fue doloroso, pero teníamos que hacerlo para revelar la crueldad institucionalizada y el asesinato de niñas”, argumentó Kate. 

El impacto internacional que los investigadores obtuvieron con su documental fue tan importante que suscitaron una oleada de personas interesadas en adoptar niños chinos. También crearon una fundación que recolectaba fondos para ayudarles.

No obstante, Kate continuó con su campaña, denunciando los abusos de los derechos humanos perpetrados por el régimen chino.

Así, señaló el año pasado: “Los funcionarios del Estado sacaban a las mujeres embarazadas de sus casas y les practicaban abortos y esterilizaciones forzosas, y los bebés abortados eran arrojados a un cubo”.

Y agregó: “Cuando ves una política que permite el genocidio a gran escala, no solo a través de los orfanatos estatales, sino también el aborto y la esterilización forzados, nunca te abandona”, añadiendo: “Estos abusos no han desaparecido, simplemente han cambiado de forma.

Por otro lado, se argumenta que una de las causas de que una gran cantidad de menores sean abandonados en orfanatos, o en las calles es la política del hijo único impuesta por el PCCh desde 1979, ampliada luego a dos en el 2015 y más recientemente hasta a tres niños. Sin embargo, estas modificaciones no han cambiado sustancialmente la situación. 

La política del régimen chino de un solo hijo ha creado una carrera en la que la mayoría de las familias desean varones y, por tanto, los padres se ven obligados a abandonar a sus hijas cuando son bebés, que en algunos casos son consideradas como “gusanos del arroz”. 

En este sentido, las reglamentaciones del hijo único, además del sufrimiento social generalizado, propician el secuestro y el tráfico de niños. 

La cofundadora de la Fundación Golden Phoenix, Beth Nonte Russell, dedicada a acabar con el abandono de niños en todo el mundo, considera que incluso el PCCh viola la Convención de La Haya sobre Adopción Internacional, de la que es signatario. 

Porque la Convención exige: “Con carácter prioritario, las medidas apropiadas para que el niño pueda permanecer al cuidado de su familia de origen; se podría argumentar que la política china de un solo hijo viola directamente el tratado al asegurar que muchos niños no permanecerán al cuidado de la familia.

El tratado dispone que: “‘Para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad’, cada niño debe tener la oportunidad de crecer en un ‘entorno familiar, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión’”.

Paralelamente a la crisis de los bebés abandonados, las cifras calculadas sobre los abortos provocados bajo el régimen comunista son escalofriantes. 

“En 1989 se practicaron 10,6 millones de abortos, frente a los 14,4 millones de 1983 (Population Bulletin junio 1992, 12). Es decir, si se sigue la misma de 1989, en una década serían 106 millones de bebés a los que se les niega la vida.

Además, según los datos del censo del 2000, existía una proporción de 117 niños por cada 100 niñas menores de 5 años, lo que permitiría calcular unos 60 millones de niñas “desaparecidas” de la población a finales de esa década.

Los sufrimientos de los padres con hijos ‘ilegales’

No obstante, Kate continuó con su campaña, denunciando los abusos de los derechos humanos perpetrados por el régimen chino.

Así, señaló el año pasado: “Los funcionarios del Estado sacaban a las mujeres embarazadas de sus casas y les practicaban abortos y esterilizaciones forzosas, y los bebés abortados eran arrojados a un cubo”.

Y agregó: “Cuando ves una política que permite el genocidio a gran escala, no solo a través de los orfanatos estatales, sino también el aborto y la esterilización forzados, nunca te abandona”, añadiendo: “Estos abusos no han desaparecido, simplemente han cambiado de forma.

Por otro lado, se argumenta que una de las causas de que una gran cantidad de menores sean abandonados en orfanatos, o en las calles es la política del hijo único impuesta por el PCCh desde 1979, ampliada luego a dos en el 2015 y más recientemente hasta a tres niños. Sin embargo, estas modificaciones no han cambiado sustancialmente la situación. 

La política del régimen chino de un solo hijo ha creado una carrera en la que la mayoría de las familias desean varones y, por tanto, los padres se ven obligados a abandonar a sus hijas cuando son bebés, que en algunos casos son consideradas como “gusanos del arroz”. 

En este sentido, las reglamentaciones del hijo único, además del sufrimiento social generalizado, propician el secuestro y el tráfico de niños. 

La cofundadora de la Fundación Golden Phoenix, Beth Nonte Russell, dedicada a acabar con el abandono de niños en todo el mundo, considera que incluso el PCCh viola la Convención de La Haya sobre Adopción Internacional, de la que es signatario. 

Porque la Convención exige: “Con carácter prioritario, las medidas apropiadas para que el niño pueda permanecer al cuidado de su familia de origen; se podría argumentar que la política china de un solo hijo viola directamente el tratado al asegurar que muchos niños no permanecerán al cuidado de la familia.

El tratado dispone que: “Para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad’, cada niño debe tener la oportunidad de crecer en un ‘entorno familiar, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión’”.

Paralelamente a la crisis de los bebés abandonados, las cifras calculadas sobre los abortos provocados bajo el régimen comunista son escalofriantes. 

“En China se producen unos 7 millones de abortos al año, de los cuales se calcula que el 70% son de mujeres. Eso suma unos 5 millones al año, o 50 millones al final de la década…, reseñó el New York Times en 2007.  

Además, según los datos del censo del 2000, existía una proporción de 117 niños por cada 100 niñas menores de 5 años, lo que permitiría calcular unos 60 millones de niñas “desaparecidas” de la población a finales de esa década.

Los sufrimientos de los padres con hijos ‘ilegales’

“El milagro del parto es una maravilla, pocas cosas pueden compararse con el momento en que un padre por fin sostiene a su bebé en sus brazos, su primer aliento, su primer llanto su primera risa, todas estas cosas son inconmensurables y hermosas”, describe la presentadora irlandesa Diane Jennings. 

Por eso, decir que los padres que abandonan a sus hijas no las quieren no necesariamente es así, a muchos de ellos les aterran las consecuencias de que se les descubra infringiendo una de las campañas más feroces del PCCh. 

Como una de las alternativas encontradas por los angustiados padres surgió, entonces, la tendencia a repartir en secreto a los niños entre los parientes o vecinos que voluntariamente quisieran recibirlos, algo que también era perseguido por los funcionarios encargados de la planificación familiar. 

Para reprimir ese movimiento, en 1991, se aprobó una ley nacional de adopción que “codificó las normas utilizadas por los funcionarios de planificación de la natalidad para prevenir y castigar a las personas que utilizaban la adopción para … ocultar los nacimientos fuera de la cuota”, refiere la autora Chelsea Follett en el 2019. 

Follet recuerda en su artículo a la insigne pionera en la divulgación de la dolorosa situación que sufren los niños abandonados en China: Kay Ann Johnson, quien fuera profesora de estudios asiáticos y ciencias políticas en el Hampshire College de Amherst (Massachusetts).

Johnson publicó en 2016 el libro: Los niños ocultos de China: Abandono, adopción y los costes humanos de la política del hijo único, en el que relata la tragedia de los niños ilegales. La obra se refiere a los niños que nacieron a pesar de esa política, cuya existencia está prohibida por esa ley. 

Más aún, era ilegal que los padres llevaran a sus hijos ‘extras’ a los orfanatos. También lo era la entrega en adopción de un niño excepto para aquellos padres que no tuvieran hijos y fueran mayores de treinta y cinco años, edad que se rebajó a treinta en 1999.

Así surgió, adicionalmente, el angustiante “abandono estratégico” que efectuaban los padres, y que consistía en dejar a un niño en una cesta llena de artículos para bebés en un lugar concurrido al aire libre en el que pronto alguien se fijaría en el niño. 

Los sufrimientos de los niños abandonados

Si bien en muchas ocasiones los niños nacidos fuera de la ‘cuota’ asignada por el gobierno (que fue de 1 hasta el 2015) encontraban techo y alimento al ser recibidos ilegalmente por personas ajenas a la familia, empezaba para ellos la pesadilla de carecer de reconocimiento oficial.

Es de tener en cuenta que para obtener derecho a asistir a la escuela, trabajar, casarse y, algún día, recibir un permiso de nacimiento, se requiere que el régimen comunista le confiera a las personas un documento oficial o hukou.

Pero a los niños ‘ilegales’ no se les concede el hukou obligatorio, por lo que pasaban a engrosar una especie de ‘casta de desechables’, por lo que se les denominaba heihaizi (niños negros), marginados de la sociedad y carentes de todos los derechos humanos. 

Una madre, Bai Xiuling, antigua trabajadora de una fábrica, que logró resguardar a su segunda hija, Li, dijo que su hija solía llorar cuando los demás niños se iban a la escuela.

“Quería estudiar en la escuela, pero no pudo. Mi hija ya ha perdido los nueve años de educación obligatoria. No hay dinero que pueda devolverle el tiempo”, lamentó, tras reconocer que su hija Li carece del hukou.

En muchos casos, los padres adinerados obtienen el hukou pagando multas muy elevadas. Youshui Wu, director del bufete de abogados Zhejiang Bi Jian, señaló al respecto que únicamente en 2012, las autoridades chinas recaudaron más de 20.000 millones de yuanes (2.950 millones de dólares) en multas de los padres.

Y agregó: “Ninguno de los gobiernos fue capaz de rendir cuentas de cómo se gastó el dinero”, luego de investigar 24 gobiernos provinciales”. Esta apreciación pone de relieve otro de los grandes problemas que afecta el PCCh, que es la corrupción. 

Por otra parte, “Un estudio realizado en 2015 por la Academia de Investigación Macroeconómica de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma reveló que casi la mitad de los ciudadanos no registrados en China eran analfabetos o carecían de educación formal”.

Y agrega: “Muchos de los niños no registrados en China han crecido y formado sus propias familias, creando una segunda generación de niños no registrados”, aumentando los resultados negativos del experimento del PCCh con la natalidad de los ciudadanos. 

Asimismo, un censo efectuado en 2010 registró la existencia de 13 millones de ciudadanos no registrados, lo que significa casi el 1% de la población, aunque algunos demógrafos consideran que la cifra real podría llegar al doble.

Por su lado, el demógrafo y antiguo profesor adjunto de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, Wenzheng Huang, señala que: “El gobierno ha reconocido que tener tantos ciudadanos sin registrar es un problema grave. No solo afecta al desarrollo social, sino que ha causado un enorme dolor a muchas familias.”

Como si fuera poco, los problemas de salud que padecen los niños abandonados también son preocupantes, dado que carecen de atención por falta de hukou, pero la situación de quienes lo tienen también es deficiente. 

Un estudio sobre los niños abandonados que se encuentran en zonas rurales pobres, encontró en el 2108 que en seis provincias de China: “La prevalencia del retraso en el crecimiento, era del 13%,”.

Y que: “Únicamente el 53,9% de los niños abandonados podía comer carne con frecuencia”, agregando que: “Los porcentajes de niños que tenían un entorno familiar seguro, eran el 22,5%”.

Otro de los grandes riesgos que corren los menores invisibilizados por el experimento del PCCh es el de ser secuestrados y traficados. En este sentido, se estima que 70.000 niños son secuestrados en China, aunque el gobierno chino informó de menos de 10.000 secuestros. 

Es de tener en cuenta que los padres que no tienen hijos llegan a pagar hasta 18.000 dólares al comprar uno, lo que crea una demanda rentable para los delincuentes.  

El procedimiento de los secuestradores es básico, toman a un niño en la calle y lo introducen a un vehículo, o se lo arrebatan a un abuelo anciano que no puede perseguirlos para recuperar a su nieto.  

Incluso los recién nacidos son robados en las instituciones dedicadas a maternidades, en donde los empleados y médicos están involucrados.

Una mujer de 70 años, de Henan, alcanzó la fama tras secuestrar “a más de cien niños. La anciana, de aspecto inofensivo, se acercaba a los niños en la calle y les ofrecía caramelos drogados, y luego los entregaban a sus cómplices, que mantenían escondidos a los niños secuestrados”.

Asimismo: “Se informa que algunos niños han sido vendidos para ser adoptados en el extranjero. Las agencias de adopción de China reciben considerables donaciones de los padres extranjeros cuando adoptan, a veces de hasta 5.000 dólares; se sabe que estas agencias compran niños a los traficantes de personas, aunque estos casos suelen ser raros”.

Los niños discapacitados son rechazados

Además de los desajustes poblacionales descritos, hay una causa más de sufrimiento para los niños pequeños, y se trata del rechazo por padecer alguna discapacidad.

“En los últimos 20 años, el número de niños con defectos de nacimiento se ha disparado un 70%. Hoy en día nacen en China unos 900.000 niños discapacitados al año”, alertó en 2017 el autor Desmond Ng, de Channel News Asia. 

Y agregó: “Muchos de ellos son abandonados por sus padres porque no pueden permitirse el coste médico a largo plazo y el país tiene poca seguridad social para los discapacitados”.

Al respecto, la productora, Hoe Yeen Nie, comentó que muchos de estos defectos de nacimiento podrían tratarse fácilmente con cirugía, pero debido a la ignorancia o al coste, acaban en orfanatos. Y una vez allí, es difícil que sean adoptados.

Un Informe de Evaluación del Bienestar Infantil en China señaló que alrededor de 100.000 niños son abandonados cada año, la mayoría de los cuales sufren discapacidades o son niñas, según el Ministerio de Asuntos Civiles del PCCh y UNICEF, según una publicación de 2010. 

De hecho, el secretario del Partido Comunista del Instituto de Bienestar Infantil de Lanzhou, Bai Luzhou, declaró: “Más del 90% de los niños de nuestro orfanato han sido abandonados y sufren graves anomalías de nacimiento, como defectos cardíacos, labio leporino, parálisis cerebral, autismo, espina bífida, trastornos convulsivos y otras discapacidades”. 

Más aún, una encuesta por muestreo realizada en 2001 en todo el país reveló que casi el 35% de los niños discapacitados menores de seis años no habían recibido ningún tipo de servicio de rehabilitación. 

Niños víctimas de la persecución religiosa

No menos dolorosa es la vida de millones de niños que han perdido a sus padres, por culpa de la persecución religiosa que adelanta el régimen chino contra los creyentes que no se doblegan ante las presiones del ateísmo que promueve el PCCh. 

Si bien son muy conocidas las violaciones a los derechos humanos que sufren las minorías étnicas cómo las de los uigures y los tibetanos, que son catalogadas como genocidio por varios países, las atrocidades perpetrados contra los practicantes de la disciplina milenaria, Falun Dafa, no son menores. 

“Millones de niños chinos han tenido dificultades desde que el partido inició la persecución el 20 de julio de 1999. Algunos perdieron a sus padres, algunos están en prisión con sus padres. Algunos han sido expulsados de la escuela”, relata el medio internacional especializado en China, Minghui.org., sobre los practicantes de Falun Dafa. 

También refiere la situación de los huérfanos: “En este mismo día ellos viven solos y sin sus padres – algunos vagan sin hogar. Otros están recién comenzando a aprender a caminar, tambaleándose con sus brazos abiertos en busca de sus padres, quienes lamentablemente han muerto como resultado de la persecución”.

Asimismo, Yi Rong, presidente del Centro Global para Renuncias al PCCh, denunció en julio del año pasado: “Durante 22 años, el PCCh movilizó el poder de todo el país en su genocidio contra Falun Dafa y forzó la sustracción de órganos. El PCCh ha destruido innumerables familias y ha matado a innumerables practicantes, dejando a muchos huérfanos”. 

Otros problemas que agudizan la crisis poblacional

Por otro lado, una multitud de personas sin hogar en China reflejan otro de los problemas que acosan a la población en general. 

Entre las causas que dejan viviendo en la calle a cientos de miles de ciudadanos, se encuentran las frecuentes catástrofes naturales, la migración y la discriminación. 

La gente emigra de sus hogares rurales hacia las ciudades con la esperanza de una vida mejor. Aunque hay barrios marginales, incluso la vivienda puede ser inasequible para los desafortunados. Por ello, no tienen más remedio que conformarse con una vida sin hogar.

La tragedia de los habitantes de la calle se incrementa porque sufren adicciones, abusos, acoso y discriminación en general. Esto es especialmente cierto para las mujeres y los niños sin hogar. Su condición se convierte en un estigma en la sociedad.

Además la gente rara vez los trata con respeto y tiende a evitarlos. Así, las personas sin hogar se sienten muy aisladas y ajenas en estas ciudades.

Durante la pandemia, las estrictas medidas adoptadas por el PCCh agravaron la vida de las personas sin hogar.

“La estrategia prefería esfuerzos inhumanos, como expulsar a los sin techo, en lugar de proporcionar más ayuda humanitaria para mejorar la vida de los sin hogar”, si bien existen refugios estatales, se describió en una investigación publicada en Frontiers.org, el año pasado. 

Además, la enorme brecha económica que existe entre los habitantes urbanos y los rurales agudiza la crisis de las personas en China, y que a mediano plazo podría incluso hundir el país en una crisis económica de repercusiones desastrosas para todos. 

Para algunos analistas, el impulso económico experimentado por China en las últimas décadas se apoya en: “el sistema profundamente desigual y explotador, centrado en los trabajadores migrantes de las zonas rurales con salarios bajos, que ha impulsado gran parte del crecimiento económico del país”, de acuerdo con la autora Mary Hui.

Desde la perspectiva del miembro del Centro Maureen y Mike Mansfield, de la Universidad de Montana, Dexter Roberts, es crucial prestar atención a los cientos de millones de personas migrantes que integran la mayor fuente de mano de obra del país. 

“A menos que su gobierno pueda abordar las profundas desigualdades que han hecho posible el milagro económico de China, argumenta, el milagro no será más que un mito vacío”, advierte el miembro del Centro Maureen y Mike Mansfield de la Universidad de Montana, Dexter Roberts.

De esta manera, los experimentos para regular la población en contra de la voluntad de las personas no podría considerarse exitosa, sino, todo lo contrario, además de causar grandes sufrimientos a sus víctimas, ha generado graves desajustes sociales que podrían ser insuperables a corto plazo.

José Hermosa –Redacción BLes

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