Las estimaciones de las ventas industriales en China revelan una severa contracción. La desaceleración de la economía asiática es cada vez más evidente y se teme sus repercusiones en el resto del mundo.

Los últimos registros sobre la actividad industrial china evidencian una profunda desaceleración en su economía. El Índice de Gerentes de Compras (PMI) Manufacturero de Caixin/Markit cayó a 48,1 puntos en el mes de marzo, cuando alcanzaba los 50,4 en febrero. Cuando este indicador cae por debajo de los 50 puntos, marca la contracción de la actividad industrial.

La rapidez de la contracción de marzo fue la más severa desde enero de 2020, el momento más crítico de la pandemia sobre la economía de China.

Es claro que la industria del gigante asiático enfrenta un proceso de desaceleración desde abril del año pasado, medido por el PMI manufacturero, a lo que se suma a la crisis de hipotecas que está atravesando el país.

Si la situación continúa, China podría entrar en recesión, y así como Estados Unidos en 2008, generar una cascada que lleve a toda la economía global a la crisis.

China ya enfrentaba un proceso de agotamiento del modelo económico por la pandemia, la caída en la tasa de natalidad y las limitaciones propias de un país sin libertad de empresa, pero la nueva contracción sobre la oferta industrial responde a la rigidez regulatoria dentro del sistema.

La guerra entre Rusia y Ucrania provocó un nuevo shock sobre los precios de la energía, y esto se reflejó en el alza mundial de los precios energéticos. Sin embargo, China establece severas regulaciones sobre el movimiento de sus tarifas energéticas, por lo que si el shock no se corrige por precios lo hará por cantidades. Esto mismo configura la génesis de la crisis energética que China atraviesa desde el año 2021.

Aunque la producción de carbón chino supuso una alternativa factible para aminorar el encarecimiento de otras fuentes de energía a lo largo del 2021, y de hecho llegó a niveles récord en ese mismo año, el shock adicional provocado por Rusia tuvo un efecto devastador sobre la actividad fabril.

Pero la desaceleración no se limita al sector industrial. Considerando la evolución de las ventas minoristas, se registró un quiebre de la tendencia de crecimiento de largo plazo desde agosto de 2020 y en adelante. La economía china no volvió a recuperar la tasa de crecimiento en el consumo minorista que mantuvo entre 2010 y 2019.

Incluso tomando al conjunto de la actividad económica a partir de la medición del PBI, las tasas de crecimiento entre el tercer y el cuarto trimestre del año pasado se mantuvieron muy por debajo de los objetivos propuestos por el régimen comunista.

La dictadura de Xi Jinping se propuso una meta de crecimiento en torno al 5% interanual cada trimestre, esto como parte del 14° plan quinquenal del país, pero el tercer trimestre de 2021 llegó al 4,9%, y el cuatro trimestre creció solo un 3,9%. Los objetivos de crecimiento para el año 2025 podrían verse frustrados.

La tasa de crecimiento del PBI chino es actualmente la más baja desde 1991, y la más baja desde el proceso de reformas estructurales iniciado por Deng Xiaoping desde 1978.

En conjunto con la desaceleración de la actividad real, la tasa de desocupación registrada por el régimen también se encuentra en alza, y trepó del 4,9% en octubre de 2021 al 5,5% en febrero de este año. La desocupación de China es la más elevada desde febrero del año pasado.

Fuente: La Derecha Diario

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