A pesar de que el régimen chino ha tratado de eliminar cualquier voz que contradiga a sus líderes, desde que se impuso en 1949, el desafío de los internautas disidentes es tal que amenaza con hacer fracasar la censura, tras humillar al sistema represor. 

El ingenio y la creatividad se renuevan continuamente, de modo que la represión de la información se ha convertido en un “juego del gato y el ratón”, que pone en jaque a las entidades encargadas de eliminar los mensajes ‘prohibidos’ que aparecen en las redes sociales.

A medida que la población joven supera el miedo que la paralizó durante décadas, y se apropia de las nuevas tecnologías a su alcance, comparte cada vez más sus opiniones y críticas a las políticas adversas del Partido Comunista de China (PCCh).  

Los ingeniosos recursos utilizados

Uno de los mensajes que se difundió abundantemente fue el vídeo titulado Voces de abril (Voices of April, en inglés) que muestra escenas de los sufrimientos de los habitantes de Shanghai, durante los dolorosos cierres impuestos por causa de la pandemia.

La obra contenía voces grabadas de residentes que pedían suministros a gritos al gobierno, las súplicas de un hijo para que se hospitalice a su padre enfermo, una cuadro de base que explica entre sollozos a sus frustrados interlocutores que ella también está cansada y no puede hacer nada.

Tras su publicación en las redes fue eliminado inmediatamente, pero los internautas lo subieron una y otra vez. A veces editando las imágenes al revés, o incrustándolas en otras imágenes, o utilizando la voz en off para insertarlas en otro vídeo no relacionado.

En otras ocasiones, los disidentes se las ingeniaron para usar al popular personaje de la televisión, Bob Esponja, sentado en un restaurante de comida rápida, Krusty Krab, viendo el vídeo en un ordenador de dibujos animados. 

Por otro lado, los usuarios chinos de las redes emplean, entre otros recursos, una rica gama de palabras homófonas, variantes de caracteres y “errores tipográficos” para burlar el control de los censores. 

Así, eluden el filtrado automático de las palabras prohibidas por el régimen chino. Además, utilizan con frecuencia los memes, las letras e imágenes con pronunciación similar, palabras en otros idiomas, o números mezclados.

Es de tener en cuenta que uno de los personajes al que más se alude en los mensajes es al líder, Xi Jinping, y, por supuesto, la aparición de su nombre dispara de inmediato la censura automática. 

No obstante, el medio China Digital Times, descubrió, en tan solo dos meses, al menos 546 apodos para referirse a Xi en sus críticas veladas. En ellas los internautas lo asimilan a un emperador de la nueva era, o lo acusan de estar acelerando la desaparición de China, por la tendencia a usar políticas similares a las aplicadas por el líder Mao Zedong. 

Algunas imágenes ya se han popularizado, como aquella en la que se ridiculiza a Xi haciéndolo parecer a Winnie the Pooh, un personaje ficticio en forma de osito de peluche antropomorfo. 

Las imágenes para referirse a Xi suelen ser crudas en sus descripciones; lo asimilan a dictadores del pasado en otros países, ridiculizan eventos de su biografía, de su vida diaria o aún de los títulos universitarios obtenidos, de los que se dice que son fraudulentos. 

En general, los cierres causados por la pandemia son las imposiciones que más descontento causan entre la población china, y esta lo expresa a través de las redes de muchas maneras. 

En este contexto, para Xiao Qiang, quien estudia la libertad en Internet, en la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos, la censura contra la disidencia es “demasiado grande esta vez”.

Y agrega: “La censura es más eficaz que hace dos años, pero esto muestra su límite. No pueden resolver la raíz del problema. La gente ve que el gobierno podría estar equivocándose hasta el punto de ser un desastre”. 

La censura se intensifica aún más

Para el PCCh, la libertad de expresión es uno de sus enemigos mortales, tal como se deduce de la fiereza con la que la combate. Y, justamente, las críticas al régimen chino se han intensificado en los meses previos a su crucial 20º Congreso Nacional, a celebrarse en noviembre.

En este evento se espera que Xi se postule para un tercer período al frente del PCCh, y para minimizar el riesgo del fracaso, durante años ha eliminado cuidadosamente los obstáculos previsibles. Sin embargo, la información se sigue filtrando por las redes sociales. 

Para intensificar aún más la censura, el Ministerio de Seguridad Pública lanzó, el 25 de junio, la campaña “Cien días de acción para reprimir y rectificar la seguridad pública en verano”. Luego, apareció otra ofensiva de seis meses. Su objetivo es combatir la “Armada de Internet” y garantizar la reelección de Xi.

Precisamente, dos días antes el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, había asignado este ministerio al aliado de Xi, Wang Xiaohong, de casi 65 años, de acuerdo con Bloomberg.

Entre sus regulaciones, la agencia china de control de Internet exige que todos los comentarios sean revisados antes de ser publicados, generando mucha polémica entre los internautas, quienes presagian una escalada aún mayor de la censura.

Además, es posible que quien suba una publicación sea legalmente responsable de los comentarios realizados por terceros, lo que aumenta el riesgo de los críticos al publicar temas clasificados como sensibles por el PCCh.

Es de considerar que, actualmente, los usuarios de las redes sociales deben registrarse con su identidad real antes de dejar comentarios. 

Con sus prohibiciones, el régimen chino impide: “difundir información que altere el orden normal y engañe a la opinión pública”, una norma tan imprecisa que permitiría una muy  amplia gama de sanciones. 

Impacto social de los internautas

Por más que el régimen chino trate de ocultar la realidad del país y del mundo a los ciudadanos chinos, la necesidad de democracia crece y supera las restricciones, extendiéndose entre la población. 

En este sentido, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por la sigla en inglés) una organización de investigación política, aclara el estado de la opinión pública de los chinos, con base en la investigación de los profesores de Stanford Jennifer Pan y Yiqing Xu.

Así, concluye: “La gente en China tiene opiniones diversas y bien formadas sobre una amplia gama de cuestiones de política pública. No todos los ciudadanos apoyan las políticas actuales y, a pesar de los riesgos, están dispuestos a compartir sus opiniones”. 

La investigación de Pan y Xu muestra “que los residentes urbanos chinos son más liberales de lo esperado y más liberales que las posiciones oficiales de su gobierno”.  

También “… que hay menos aceptación de las tendencias actuales de gobierno de lo que se pensaba y más apoyo tácito a las protestas”.

Y que el régimen chino: “…  está aplicando políticas que se enfrentan a una oposición pública sustancial, aunque silenciosa”. 

Pan y Xu en su estudio encontraron que: “… una parte influyente de la población tiene opiniones nacionalistas que pueden inflamarse fácilmente”.

Por otro lado, un documento publicado por la Universidad de Cambridge revela que los influyentes líderes de pensamiento, entre los que se encontrarían los internautas, son perseguidos por el régimen chino para limitar el “discurso contrahegemónico”.

Y por la amenaza que implica: “… su capacidad potencial para desencadenar cascadas de información que podrían socavar la legitimidad del PCCh, fomentar la acción colectiva en la vida real o cambiar la opinión pública sobre temas importantes”.

Además: “Un gran número de seguidores en línea tiene el potencial de crear la autoridad y el poder del discurso para desafiar el dominio del PCCh”.

Con base en estas investigaciones y en la creciente demanda de transparencia y libertades democráticas, se puede inferir que el impacto de los internautas y sus intercambios son cruciales para el acercamiento hacia el país libre en el que aspiran vivir. 

José Hermosa – Redacción BLes

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