Redacción BLes– A medida que los medios voceros del Partido Comunista chino hacen eco de una paulatina apertura de la sociedad en distintas ciudades, la región de Xinjiang al norte de China vive bajo un intenso bloqueo y aislamiento, que según los funcionarios del régimen chino, es necesario para contener una cantidad de 800 casos diagnosticados con el virus PCCh.

Los 22 millones de habitantes de la región que tiene casi cuatro veces el tamaño de California, desde mediados de julio se han visto sometidos a las estrictas medidas de las autoridades que van de puerta en puerta sellando las entradas con tiras de papel, cintas e incluso barras de metal para confinar a las personas en sus hogares durante semanas.

Segundo brote de virus en Xinjiang; Medidas extremas de encierro, personas encerradas en sus casas (Captura de pantalla de YouTube / China Observer – Vision Times)

Como señala The Guardian, desde el viernes pasado varios usuarios de Internet se han quejado a través de las redes sociales sobre las medidas aplicadas, clasificándolas de ser demasiado duras, dado que son obligados a mantener la cuarentena extendida, aún cuando los casos han disminuído.

Varios usuarios de Internet se quejaron de haber sido atrapados en sus edificios una vez que intentaron salir, e incluso uno denunció que había permanecido cautivo en un centro de cuarentena durante dos meses donde fue obligado a tomar Linhua Qingwen, un remedio a base de hierbas chinas promovido para tratar el virus del PCCh (Partido Comunista chino).

En medio del inconformismo por la presión bajo la cual viven los residentes de Xinjiang, en las redes sociales algunos usuarios desde sus residencias alentaron a eliminar las cuentas de la red social china Weibo, alegando que ha promovido la divulgación de desinformación.

El fin de semana los hashtags Xinjiang y Urumqi fueron aparentemente removidos, y algunos usuarios denunciaron que se les ordenó publicar mensajes positivos sobre las medidas de confinamiento impuestas por los funcionarios locales.

Como señala en un artículo, la corresponsal en Beijing para la National Public Radio, Emily Feng, en la región que fue declarada “en modo de guerra”, los residentes indignados se refieren a las medidas tomadas por los funcionarios, como políticas de cuarentena y pruebas de mano dura, que no están sincronizadas con la gravedad del brote.

El investigador de la Universidad de Colorado, Darren Byler, denuncia los métodos intrusivos que las autoridades chinas han empleado para bloquear ciudades desde el mes de enero bajo una campaña llamada: “un millón de policías ingresan a diez millones de hogares”.

Funcionarios comunitarios acompañados por policías auxiliares vigilaron de cerca cada hogar, asegurándose de que cada persona visitada no fuera a abandonarlo.

“En algunos casos, las órdenes de refugiarse en el lugar durante el cierre inicial y el cierre actual se entregaron con poca o ninguna advertencia, por lo que algunas personas se vieron obligadas a permanecer en su lugar de trabajo apartadas de sus familias y sin suministros”, señaló Byler.

De acuerdo con Feng, los residentes de Urumqi dijeron a NPR que habían sido sometidos a pruebas obligatorias para el virus PCCh hasta tres veces en el último mes, y que los funcionarios locales les habían tomado la temperatura tres veces al día.

Varios ciudadanos decidieron mostrar su desacuerdo en Weibo contra la situación que vive la región utilizando el hashtag, “refugiados de Xinjiang”, el cual comenzó a volverse tendencia en la red social china.

Acorde a lo informado por Feng, “la mayoría de las publicaciones se eliminaron pronto y se suspendieron varias cuentas. Los videos compartidos en la plataforma por residentes frustrados muestran a los residentes de Xinjiang esposados ​​a las rejas de las ventanas y las barandas de los balcones fuera de sus casas, un castigo por violar las reglas de cuarentena domiciliaria”.

En medio del elevado inconformismo de los ciudadanos, esta semana los medios estatales  de comunicación publicaron los números telefónicos de una docena de altos funcionarios y miembros del partido a nivel provincial y de la ciudad, alentando a los residentes furiosos a comunicarse directamente con la línea de recomendaciones.

Xinjiang también es el hogar de 11 millones de personas que pertenecen a la minoría étnica musulmana uigur, cuyos derechos desde el 2017, han sido infringidos por parte del Partido Comunista chino por medio de detenciones extralegales.

Según denuncia la revista especializada en derechos humanos, Bitter Winter, los uigures son detenidos en campos de detención, donde los prisioneros son además adoctrinados y castigados. El régimen chino alega que son campos de reeducación diseñados para prevenir el ‘terrorismo’.

El PCCh clasifica como “terrorismo” todas las formas de crítica contra el Partido y todas las actividades políticas que reclaman la independencia o autonomía real de la región.

La represión documentada contra la minoría étnica musulmana tan sólo es una muestra de la violación contra los derechos humanos que ejerce el régimen chino contra toda forma de expresión que se distancie de los lineamientos de su doctrina.

Además de los cristianos al interior del país que deben practicar su fe de manera clandestina o adherirse al movimiento patriótico de las tres autonomías, regulado por el estado, los practicantes de la disciplina espiritual Falun Gong son quienes más han padecido la represión del PCCh desde el año 1.999 bajo todo tipo de flagelos que en la actualidad suscita la preocupación de expertos en derechos humanos.

César Munera – BLes.com