Aunque Nueva Delhi también sea víctima del asedio de Xi Jinping, esto podría servir para que el comunismo chino reduzca su ofensiva contra Taipéi. Detrás, ambas naciones tienen el apoyo de Washington.

India y China no solo comparten una frontera de unos 3500 kilómetros, también son potencias nucleares, constituyen los dos países con mayor población del mundo y dos de las economías más grandes. Mientras uno alberga importantes ubicaciones estratégicas y rutas comerciales; al otro lo guían fuertes propósitos expansionistas que le garantizan mayor poder geopolítico y recursos naturales.

Ahí es donde surge un conflicto que data de hace décadas y que vio un recrudecimiento en junio de 2020 cuando 20 soldados indios y cuatro chinos murieron en el valle de Galwan, parte de la cordillera del Himalaya, en la llamada Línea de Control Actual (o LAC, en inglés). En esa zona, los ataques se han vuelto comunes con el régimen de Xi Jinping construyendo estructuras militares a lo largo de la disputada frontera.

Según algunos expertos, es el mismo modus operandi que el Partido Comunista de China (PCCh) aplica alrededor de Taiwán construyendo archipiélagos artificiales con fines bélicos. Por ende, tanto la isla al sudeste de la República Popular China como el enorme país al oeste están bajo la mira del régimen de Xi Jinping, cada uno con cualidades específicas.

¿Pero cuáles son los intereses chinos hacia ambos países además de arrebatar territorio? No hay que olvidar que tanto India como Taiwán son estrechos aliados de Estados Unidos. De hecho, hace dos años el entonces secretario de Defensa, Mark Esper, dijo que Nueva Delhi «será el socio más determinante de Estados Unidos en la región del Indo-Pacífico (…) en este siglo».

¿Qué busca China en India?

India y China están separados por la cordillera de Himalaya y comparten fronteras con Nepal y Bután. Ese es el punto de partida del conflicto. Pero no se trata de una mera declaración de poderío. Detrás hay más intereses.

Por ejemplo, el estado de Arunachal Pradesh, al noreste de India, es una de las zonas de mayores tensiones y es tres veces más grande que Taiwán. China lo llama «Tíbet del Sur». Uno de tantos beneficios es que la altitud de la zona le garantizaría a Pekín una ventaja ante posibles conflictos armados.

Además de eso, el Altiplano del Himalaya es actualmente considerada la principal fuente de agua de toda Asia y lugar de grandes cantidades de agua congelada. Una vez derretida, forma la cabecera de los 10 principales ríos que se extienden hasta toda la zona sudoriental del continente. Como es bien conocido, uno de los recursos que más necesita China es agua para su desarrollo económico, energético y poblacional.

El régimen de Xi Jinping ha avanzado varias veces sobre territorio ajeno. Como el año pasado cuando unos 100 soldados chinos irrumpieron en territorio indio. Las más de 10 rondas de conversaciones entre ambas naciones tampoco han servido.

¿Para qué Xi Jinping necesita a Taiwán?

Sobre la situación de la isla mucho se ha dicho a raíz de la visita de Nancy Pelosi, la presidente de la Cámara de Representantes del Congreso de EE. UU. La molestia de China fue mayúscula, ya que rechaza la autonomía de ese país. A partir de ahí anunció ejercicios militares, suspendió las importaciones taiwanesas y cerró rutas comerciales.

Además, si Pekín decidiera arremeter militarmente y apoderarse de ese país, significaría mayor dominio chino en la región del Indo-Pacífico, una zona que la actual Administración Biden proyecta como abandonada luego de su caótico retiro de Afganistán.

Pero no todo es negativo para la pequeña nación asiática que China califica como «una provincia rebelde». «India también está ayudando a la defensa de Taiwán al inmovilizar una fuerza de teatro chino completa, que de otro modo podría emplearse contra la isla», expone un reciente artículo de Nikkei Asia. Es decir, la gran nación al oeste de China podría ayudar a desconcentrar el poder de las tropas al este, en Taiwán.

El freno contra Pekín

En pocas palabras, tanto India como Taiwán tienen sus particularidades en torno a los intereses de China. Ambas con recursos, posiciones estratégicas y lo que posiblemente más le interesa al PCCh: oportunidades para su desarrollo energético y comercial. Pero también es cierto que ambas constituyen un freno para el expansionismo de Pekín por sus alianzas con EE. UU.

Justamente Nueva Delhi y Washington participarán el próximo octubre en ejercicios militares en parte de la cordillera del Himalaya, a menos de 100 kilómetros de la Línea de Control Actual. Cualquier paso en falso podría tensar aún más las relaciones entre las potencias asiáticas.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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