Redacción BLes – El experto en jefe para la ONU, Tomoya Obokata especialista japones en crimen organizado transnacional, trata de personas y esclavitud moderna, emitio un reporte la semana pasada acusando al Partido Comunista Chino de esclavizar a miembros de la etnias uigur, kasak y otras minorias en Turkistan de Este ( Xinjiang).y de utilizar similares prácticas contra la población del Tibet.

El reporte cubre una larga lista de practicas consideradas como esclavitud moderna. El mismo dice:

“El Relator Especial considera razonable concluir que el trabajo forzoso entre los uigures, kazajos y otras minorías étnicas en sectores como la agricultura y la manufactura se ha producido en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang de China.” ( véase reporte aqui)

“Sobre la base de una evaluación independiente de la información disponible… El Relator Especial detalló dos sistemas distintos por mandato del Estado: a) el sistema de centros de educación y formación profesional, en virtud del cual las minorías son detenidas y sometidas a prácticas laborales; y b) el alivio de la pobreza mediante el sistema de transferencia de mano de obra, en el que los trabajadores rurales excedentes se transfieren al sector secundario o terciario trabajo”.

Cabe destacar que lo que el régimen comunista chino considera “centros de educación y formación profesional”, y según denuncian varias organizaciones de derechos humanos, entre ellas   Amnesty International  y Human Rights Watch, son campos de concentración en las que se someten a los internos al lavado de cerebro y a largas jornadas de trabajo forzado.

El Tribunal Uigur, un grupo independiente de expertos legales en derechos humanos, concluyó el año pasado después de revisar las pruebas y entrevistar a los sobrevivientes  que China estaba cometiendo genocidio contra la población de Turkistán Oriental  “más allá de la duda razonable”.

Los prisioneros son victimas de una larga lista de atrocidades incluyendo la esclavitud, así como el adoctrinamiento comunista, la tortura, la violación en grupo, la esterilización forzada, tambien hay pruebas consistentes sobre la sustracción de órganos vivos.

En el informe Obokata acusó a China de usar “vigilancia excesiva, condiciones de vida y trabajo abusivas, restricción de movimiento a través del internamiento, amenazas, violencia física y / o sexual y otros tratos inhumanos o degradantes” para someter a sus esclavos, concluyendo que “algunos casos pueden equivaler a la esclavitud como un crimen contra la humanidad”.

Obokata agregó que había recopilado evidencia de “prácticas similares” para someter y  esclavizar al pueblo del Tíbet, “donde un extenso programa de transferencia de mano de obra ha desplazado principalmente a los agricultores, pastores y otros trabajadores rurales a la baja calidad, empleo calificado y mal remunerado”.

La Jamestown Foundation realizó un estudio en 2020 cuya evidencia indica que el gobierno chino está mandando alrededor de medio millón de tibetanos a campos de concentración similares a los que se encuentran en Xinjiang.

El informe contrasta  con la postura y los anuncios emitidos por Michelle Bachelet tras la visita a China como Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, a la que le reclaman por no haber denunciado la trágica situación en las que viven las personas en los campos de concentración. Yendo aún más lejos, Bachelet declaró que admira los logros del Partido Comunista en materia de Derechos Humanos y afirmó que Beijing cerró los campos de concentración en Xinjiang;  afirmación que no ha sido constatada por  investigaciones  independientes.

Un informe del Instituto de Política Estratégica de Australia (ASPI) titulado “Uigures en venta” detalla con imágenes satelitales, testimonios e investigación académica como el régimen chino traslada masivamente a ciudadanos uigures y de otras minorías étnicas desde Xinjiang hacia fábricas en todo el país. Lejos de sus hogares, después de la jornada laboral son obligados a recibir reeducación ideológica y se les prohíbe practicar su religión.

ASPI descubrió también que las 27 fábricas que se benefician de mano de obra esclava suministran productos a 83 marcas mundiales, como Adidas, Nintendo, BMW, Apple, Nike entre otras. 

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, criticó al Relator Especial Tomoya Obokata  diciendo: “Cierto relator especial elige creer en mentiras y desinformación sobre Xinjiang difundida por los Estados Unidos y algunos otros países occidentales y las fuerzas anti-China, abusa de su autoridad, viola descaradamente el código de conducta del procedimiento especial, difama y denigra maliciosamente a China y sirve como una herramienta política para las fuerzas anti-China. China condena enérgicamente esto”.

Diferentes historias, el mismo sufrimiento

“En China, quieren que te conviertas en una nueva persona socialista, y ese es el propósito de los campos de trabajo,..el trabajo principal en el campo de prisioneros es sobrevivir, encontrar comida, eso es todo”. dice Harry Wu en el documental The tragic history of China’s secret labor camps, un sobreviviente del sistema penitenciario conocido como “Laogai”, que significa “reforma a través del trabajo”. 

El Partido Comunista chino ha utilizado los campos de trabajo forzado desde que llegó  al poder en 1949. Expertos soviéticos llegaron al país por invitación de Mao para desarrollar un sistema de prisiones inspirado en los gulag rusos. Con el tiempo, estos campos fueron poblados por “contrarrevolucionarios”, disidentes políticos, minorías étnicas consideradas en rebeldía, cristianos, budistas, musulmanes y  practicantes de Falun Gong.

El documental Carta de Masanjia relata la historia de  Sun Yi , preso en el campo de trabajo forzado de Masanjia por practicar la disciplina espiritual Falun Gong, quien logra enviar una carta de pedido de ayuda en uno de los productos manufacturados desde el campo. La carta es descubierta por un ama de casa en EEUU. La noticia se hace viral,y pronto el mundo es testigo de las atrocidades cometidas en estos centros de detención

Tras la presión internacional, el régimen comunista chino anunció la abolición de la red de trabajos forzados en 2013. Pero tanto los testimonios de miles de sobrevivientes como las investigaciones de decenas de organizaciones de derechos humanos parecen decir lo contrario.

Por Michael Mustapich – BLes.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.