Redacción BLes – Cuando hablamos de la censura en China, normalmente vemos el problema en forma general, pensando como el Partido Comunista chino (PCCh) utiliza sistemas electrónicos, software, cámaras de vigilancia, Inteligencia Artificial, etc, para llevarla a cabo. Pero olvidamos que no solo es tecnología y que detrás hay cientos de miles de personas realizando este trabajo.

Para la mayoría es un medio de ganar dinero y no está motivado por un ideal político o por creer que es correcto. Simplemente cumplen con las normas de censura sin cuestionarse el alcance de sus acciones, o si lo hacen, se mantienen discretos por miedo a las represalias del régimen.

Pero hay personas que sí son conscientes del mal que producen y se alejan, o mejor aún, tratan de enmendarlo.

Zeng Jiajun fue parte del complejo engranaje de la máquina de censura china y su responsabilidad era detener y eliminar material en internet considerado “nocivo” para el régimen chino.

“Al principio, cuando trabajé en esto, no pensé en cosas mucho más grandes porque un trabajo es un trabajo”, dijo.

“Pero en el fondo sabía que no estaba alineado con mis estándares éticos. Y una vez que trabajas en este campo durante demasiado tiempo… los conflictos se vuelven cada vez más fuertes”.

Zeng, de 22 años y oriundo de la provincia de Guangdong, tuvo en su juventud un primer contacto con “material prohibido” en internet que lo marcó profundamente. En ese tiempo la censura en la red dejaba muchos caminos para esquivarla y logró ver el documental “La puerta de la paz celestial”, un film sobre las protestas en la plaza de Tiananmén en junio de 1989. Las imágenes de la represión contra los estudiantes por parte del ejército chino que dejó miles de muertos se fijaron en su memoria. 

“Es un evento tan grande, significativo e histórico, pero nadie nunca nos habló de él, y no se puede buscar en Internet en China; todo ese contenido se borra”, dijo.

“Sentí que era una gran mentira. Se oculta mucha historia”.

Ser parte de la máquina de censura

Después de estudiar en Estonia, regresó a China con un título de administración de empresas y gracias a sus conocimientos en tecnología consiguió un trabajo en ByteDance, una empresa china de redes sociales propietaria de TikTok y Douyin.

Con un salario mensual de 4000 dólares y la motivación de trabajar para una compañía de proyección internacional, Zeng parecía iniciar una prometedora carrera. 

El joven fue parte de un equipo que desarrolló sistemas automatizados que incorporan Inteligencia Artificial. El sistema es utilizado para filtrar contenido que la empresa no desea en su plataforma. Una vez detectado, un equipo de censura se encargaría de eliminar el video o de detener la transmisión en vivo.

Junto a la censura habitual contra la pornografía, las autolesiones o la publicidad no autorizada, por orden de la Administración del Ciberespacio de China se agregó a la lista  imágenes de tanques, velas o paraguas amarillos, símbolo de protesta en Hong Kong, como también cualquier crítica a los líderes del Partido Comunista. Explicó Zeng:

“En China, la línea es borrosa. No sabes específicamente qué ofenderá al gobierno, así que a veces irás más allá y censurarás con más dureza”

La lista cambiaba y se ampliaba según la situación política y social del momento.

En 2020,un oftalmólogo de la ciudad de Wuhan, el Dr. Li Wenliang, publicó en las redes alertando sobre una nueva enfermedad mortal. Pronto la información fue censurada en las redes y desmentida por la TV oficial.

Hasta que el Dr. Li contrajo la enfermedad, que luego se conocería como Covid-19

Zeng Jiajun tomó de su propio remedio.

Cuando las redes explotaron buscando respuestas, la censura se hizo encarnizada. 

“Publique algo como ‘queremos libertad de noticias. No más censura’, y luego mi cuenta de Weibo también fue censurada”

“En ese momento, sentí que… era parte de este ecosistema”

“La noche en que murió el doctor Li Wenliang, sentí que ya no podía hacer esto”, dijo Zeng.

Tras renunciar a su trabajo, emigró a EEUU para realizar un postgrado en la Universidad de Northeastern, en Silicon Valley.

Consciente de que ya no podrá regresar a China por un largo tiempo, toma su cruzada contra la censura como una lucha del pueblo.

“Creo que este es un gran problema (y nosotros) deberíamos generar conciencia sobre lo que está sucediendo en China”.

Robando al ladrón

Liu Lipeng, quien hoy reside en EEUU, trabajó como censor desde 2011 al 2013 para la red social Weibo. Conoce muy bien la censura en línea del régimen chino y sus métodos para dirigir la opinión pública.

 Para ejercer este trabajo solo se le requirió ser “políticamente sensible”. Lui explica:

“Cualquiera que haya nacido y crecido en China, haya recibido una educación básica en China y se haya graduado de una universidad, debe entender la llamada versión china de la política ¿Qué son las palabras delicadas?. El lavado de cerebro en China es bastante exitoso.”

“No se siente bien hacer este trabajo, parece un “trabajo sucio”, y siento que he hecho algo mal, pero otras personas no lo sienten, solo piensan que es un desastre”.

Muchas veces las palabras para censurar eran dictadas por sus superiores, sobre todo después de algún evento político. Comenzaron con una docena de palabras sensibles para eliminar y bloquear, y luego se fueron sumando hasta llegar a las 200.

Durante sus jornadas laborales, Liu mantuvo un registro del material censurado. Comenzó a mandar a escondidas la información a medios en el extranjero y a organizar lo que luego sería publicado en el sitio web de China Digital Times. Liu dijo:

“Cuando grabo el registro de censura, no siento miedo, ni creo que sea un trabajo muy peligroso, porque estoy haciendo un trabajo de censura en segundo plano, y personalmente uso una VPN para ocultar mi identidad personal, fue solo cuando miré la información acumulada que me di cuenta de la gravedad de la situación”.

Liu dejó el país en el  2020 tras comprender el riesgo que corría al enviar información censurada al extranjero. Con las medidas estrictas de control interno impuestas por el Covid, en caso de ser descubierto sería muy difícil escapar.

“Espero que al narrar mi experiencia personal, más personas puedan entender que en China, la censura en línea existe, y realmente sucede todos los días”

“Cuantas más personas sean conscientes de esto, más estrategias efectivas se pueden emplear para interpretar la información sobre China cuando se enfrenta a ella”.

Por Michael Mustapich – BLes.com

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