Redacción BLes –  Las imágenes de trabajadores huyendo de las instalaciones de la fábrica Foxconn en Zhengzhou, China, para escapar de las restricciones sanitarias y las condiciones durante el aislamiento, siguen circulando en los medios y en las redes, dando una idea de lo que se vive en el país con las políticas de Cero-Covid más duras del mundo. La determinación de los empleados de romper con las reglas, y el hartazgo de la gente por las medidas restrictivas están animando a la población a desafiar a las autoridades en varios lugares del país.

El 8 de noviembre, Zhengzhou protagonizo una situación similar a la ocurrida con los empleados de Foxconn, pero esta vez en el Campus Sur de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Río Amarillo, la escuela privada más grande de China. Más de 30.000 estudiantes abandonaron precipitadamente las instalaciones mientras los taxis y los autos privados abarrotaban las calles de los alrededores en espera de los “fugados”. 

Qin Rui, desde el sitio web Apollo.com, informó que la Universidad comenzaba las vacaciones, por lo que los estudiantes empacaron sus pertenencias rápidamente para regresar a sus hogares. 

Después de que casi la mitad del alumnado dejara el sitio por la mañana, las autoridades comenzaron a impedir que el resto saliera, aludiendo que para ello necesitaban enviar materiales para que la administración los revisara (no se especifica que clase de material, podría ser material administrativo, escolar o el test de ácido nucleico) y que solo podrían salir después de su aprobación, lo que desencadenó la huida de los estudiantes en gran número. 

Las puertas del campus se cerraron mientras el personal de logística verificaba el formulario de aprobación. Sin embargo, una de las salidas quedó sin vigilar, por lo que los estudiantes se apresuraron para escapar por ella, dejando atrás al personal de seguridad, incapaces de parar la marea humana.

Según el informe, la huida en masa ocurre por el miedo a contagiarse con Covid. Aparentemente, una persona trajo el virus a las instalaciones y los contagios ya estaban ocurriendo. Se comentó que unos 200 test de ácido nucleico dieron positivo. Al mismo tiempo, estudiantes dijeron que en el campus la administración ya no distribuía comida, por lo que el temor a que se repita la misma situación que en Foxconn aumentó.

Los estudiantes dijeron que al arribar a la estación de tren de Zhengzhou para regresar a sus casas, todos aquellos provenientes de la Universidad de Huanghe fueron retenidos, aun si estos presentaban su certificado de antígeno negativo. 

Varias ciudades de la provincia de Henan anunciaron que los estudiantes que regresaron del Instituto de Ciencia Y Tecnología del Río Amarillo, del Instituto de Finanzas y Economía de Zhengzhou, la Universidad de Zhengda y la Universidad de Industria Ligera de Zhengzhou, serán puestos bajo una investigación de emergencia por los sucesos ocurridos.

 

Reacción en cadena

El 8 de octubre, el diario estatal China Daily reportó que en la ciudad de Linyi, en la provincia de Shandong, fueron detenidas siete personas que integraban el grupo de prevención de epidemias, acusados de arrastrar y golpear durante un altercado a los residentes del distrito de Lanshan. Sin embargo, la censura del régimen chino actuó para no dar mayores datos del suceso.

Según cuenta El Hindustan Times de India, los trabajadores del grupo de prevención del Covid reaccionaron agresivamente luego de que los residentes de Lanshan “argumentaron en contra de las duras medidas de control de Covid en su comunidad”.

La policía tomó en sus manos el asunto luego de que un video que se hizo viral en las redes mostraba cómo los empleados del grupo de control epidémico golpeaban y arrastraban a los residentes dentro del vehículo.

Sin embargo, también anunció en un comunicado que se tomarán medidas enérgicas contra quienes “violen los derechos de protección personal de los ciudadanos”. Una amenaza para quienes se atrevieron a salir a la calle a desafiar a las autoridades con su protesta.

La semana pasada, los pobladores de Lhasa tomaron las calles en lo que sería la manifestación más grande en Tíbet de los últimos 14 años.

Los vecinos protestaron contra las duras medidas restrictivas en la política de Cero-Covid, que los mantienen desde hace más de 2 meses encerrados y sufriendo por la escasez de alimentos. Se reportaron testimonios que dicen haber visto gente saltando desde los edificios en muestra de desesperación, y al menos tres muertos con síntomas de Covid por no recibir la atención médica necesaria.

Estas fueron las protestas más importantes desde el Levantamiento Tibetano de 2008 contra el maltrato del régimen chino a su gente, donde fueron duramente reprimidas por la policía y el ejército chino, dejando decenas de muertos.

Esta vez, la policía reprimió y capturó a cerca de 200 personas, entre los que se encontraban tanto chinos como tibetanos. Se los acusó de organizar la manifestación y se los mantuvo recluidos dentro de edificios propiedad de empresas de desarrollo dentro de la Región Autónoma del Tíbet, (TAR)

Al día de hoy, solo los prisioneros de etnia Han fueron liberados. Se desconoce las condiciones de los tibetanos y cuando recobraran su libertad.

Las tragedias causadas por estas medidas y restricciones, que según gran parte de los ciudadanos chinos son de una dureza injustificada, se van sumando día a día y junto a ellas crece la ira de una población harta de seguir este juego. 

Días atrás, la muerte de un niño de tres años por la desidia y la frialdad de quienes aplican la política de Cero-Covid del régimen chino, desencadenó la furia de los vecinos de Lanzhou que salieron a la calle a gritar su frustración enfrentándose con la policía.

El niño sufrió envenenamiento por gas en su casa. Su padre intentó pedir ayuda, pero no lo dejaron salir del condominio por falta del test de Covid.

“La causa de la muerte de mi hijo fue un accidente, pero durante todo el proceso de nuestra llamada de ayuda, hubo evasión de responsabilidad y abandono del deber. El control de la pandemia fue demasiado lejos”, dijo a la BBC el padre del niño, Tuo Shilei.

La censura del PCCh no pudo controlar la indignación que se multiplicaba a través de las redes, por lo que la noticia se difundió en China y en el mundo.

La versión oficial de que su llamado de auxilio fue respondido en 13 minutos, fue rechazada por su padre y por los vecinos, calificándola de mentira y reforzando la furia contra las autoridades.

Al día de hoy, el gobierno chino no ha mostrado signos de suavizar las medidas sanitarias, por lo que las tensiones seguramente seguirán en aumento.

Por Michael Mustapich – BLes.com

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