Redacción BLesEl régimen comunista chino se ha convertido durante los últimos años en uno de los principales protagonistas del negocio de la industria farmacéutica mundial. Por un lado, el país asiático es el segundo consumidor mundial de medicamentos, solo seguido por los Estados Unidos. Y en segundo término, y más importante aún, es el mayor productor de principios activos y materias primas utilizados en medicamentos producidos y comercializados en países de todo el mundo. 

Esta dependencia mundial respecto a las materias primas producidas en China para la elaboración de medicamentos, ha despertado cierta polémica entre gobernantes y empresarios sobre todo desde que ciertos hechos puntuales, como la pandemia del Coronavirus de Wuhan, mostraron deficiencias en la cadena de suministro para la fabricación de ciertos medicamentos dependientes de la industria china, provocando faltantes en todo el mundo. 

El régimen comunista chino ha colocado la industria farmacéutica entre las prioridades de su ambicioso plan de desarrollo “Made in China 2025”, a través del cual pretende ampliar sus exportaciones y continuar profundizando la dependencia mundial de su producción. 

Como política de estado el régimen chino se propuso, y cumplió, en convertirse en uno de los principales productores de Ingredientes Activos Farmacéuticos (API, por sus siglas en inglés), la base para la elaboración de medicamentos terminados como píldoras, tabletas, jarabes, fórmulas, etc.

Paralelamente, China se convirtió en un gran productor de medicamentos terminados alternativos los cuales son exportados a todo el mundo en condición de ventaja, en primer lugar por poseer una estructura de costos inferior que en países desarrollados dada la informalidad del sistema laboral chino, y en segundo lugar, los medicamentos en el resto del mundo deben pasar por extensos y rigurosos sistemas de certificación antes de ser aprobados, cosa que no sucedería bajo la China comunista donde prima un sistema productivo basado en la cantidad por sobre la calidad de sus resultados.

 

Desarrollo de la industria química y farmacéutica en China 

El régimen comunista chino durante las últimas décadas ha apostado fuerte a los sectores químicos y farmacéuticos, invirtiendo en tecnologías e infraestructura y financiando proyectos destinados a explotar esta industria. 

Así como China se convirtió en el mayor productor de tecnologías y de ropa del mundo, debido principalmente a los bajos costos en  su mano de obra, ahora también ha sucedido algo parecido con los medicamentos y sus materias primas. 

Miles de empresas de capitales chinos abocadas a la producción de API y medicamentos alternativos se han desarrollado en los últimos años en China, y también muchas empresas internacionales, algunas de renombre, decidieron trasladar sus operaciones productivas al país asiático.

Muchas fuentes coinciden en que China es actualmente el líder mundial en producción de API a nivel mundial, aunque los números no son exactos, dado que por lo general los productores de medicamentos fuera de China están obligados a indicar en sus etiquetados el lugar donde fue fabricado, pero no el origen de sus API. 

La estrategia del régimen chino no fue establecer al país como líder productor de medicamentos, estos puestos ya tienen tradición en otros países donde los oligopolios farmacéuticos ya han echado raíces, como Bayer en Alemania, Pfizer en Estados Unidos y Roche en Suiza. Pero sí ha logrado posicionarse como el gran proveedor de manufactura mundial a través de las API.

Reportes con datos de 2017 muestran que China lidera el ranking de cantidad de empresas productoras y distribuidoras de químicos por país con más de 25 mil firmas, de las cuales 5.000 son de la industria farmacéutica.

 

Gran dependencia del mundo entero de los API de China

La dependencia excesiva de los API que tiene el mundo con China ha provocado una extrema vulnerabilidad en seguridad sanitaria. Incluso gobernantes de países poderosos como Estados Unidos y otras potencias europeas han manifestado su preocupación sobre este asunto.

El problema de la dependencia con el régimen chino por el suministro de API y medicamentos ha sido reconocido por algunos funcionarios de ciertos países durante años aunque sin mayores logros. Pero la pandemia mundial ha demostrado la gravedad de la situación, lo que llevó a colocar el asunto en primer plano con urgencia, por lo menos entre algunos sectores de la comunidad internacional. 

“En agosto de 2019, solo el 28 por ciento de las instalaciones de fabricación de API para abastecer el mercado estadounidense estaban en nuestro país”, dijo Janet Woodcock, directora del Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), durante una audiencia en el Congreso el 30 de octubre de ese mismo año.

Estados Unidos es uno de los grandes ejemplos de países que durante la última década se han visto debilitados, al menos en este aspecto, pasando de ser un país soberano en términos farmacéuticos y producir “puertas adentro” casi la totalidad de los medicamentos que demandaban sus ciudadanos, a poseer una dependencia prácticamente absoluta del mercado internacional.

Paralelamente, según los registros de la FDA la cantidad de instalaciones registradas que fabrican API en China se duplicó con creces entre 2010 y 2019. 

Si bien hay muchos factores que pueden explicar este cambio, los motivos subyacentes que se citan a menudo incluyen el hecho de que la mayoría de los procesos tradicionales de producción de drogas requieren grandes sitios de producción, grandes responsabilidades ambientales y utilizan gran proporción de mano de obra semi calificada que en occidente es muy costosa. 

Un documento de 2009 del Banco Mundial llamado: “Estudio exploratorio sobre la fabricación de ingredientes farmacéuticos activos para medicamentos esenciales”, indicó que si una empresa occidental típica de API tiene un índice salarial promedio de 100, este índice es tan bajo como 8 para una empresa china y 10 para una empresa india.

Además China tiene costos más bajos de electricidad, carbón y agua, al mismo tiempo que enfrentan menos regulaciones ambientales con respecto a la compra, el manejo y la eliminación de productos químicos tóxicos, lo que lleva a costos directos más bajos para estas empresas.

 

El régimen comunista chino minimiza los controles en los procesos de producción de medicamentos 

La producción de medicamentos, sobre todo en países desarrollados como Estados Unidos y otros productores europeos, está atravesada por rigurosos mecanismos de certificación de calidad que garantizan que los productos que terminan en el cuerpo de los pacientes sea adecuado evitando de este modo efectos adversos o no esperados. 

Cuando los ingredientes activos de las drogas provienen del extranjero, es mucho más complejo seguir los procedimientos de producción y garantizar la calidad del mismo. En consecuencia la calidad de los productos terminados puede verse afectada e incluso resultar peligrosa en el consumo humano, tal como ha sucedido en reiteradas ocasiones durante los últimos años.

Sobran los ejemplos de medicamentos que han debido ser retirados del mercado o generado grandes inconvenientes en la población debido a que sus componentes primarios estaban adulterados, contaminados o simplemente no eran los adecuados.

En diciembre de 2015, la FDA alertó a los fabricantes de medicamentos que ciertos lotes de API de baclofeno fabricados por la firma china Taizhou Xinyou Pharmaceutical & Chemical Co., Limited podrían estar en riesgo de contaminación con partículas tóxicas y no deberían usarse para mezclar medicamentos inyectables estériles. Taizhou fabrica API para reenvasadores y distribuidores, algunos de los cuales venden estos productos a instalaciones de compuestos en los Estados Unidos y otras partes del mundo.

La FDA se puso en contacto con Taizhou y la empresa confirmó que, tras realizar ciertos controles en el proceso de fabricación, el API de baclofeno que fabrica no era adecuado para su uso en medicamentos inyectables.

En consecuencia la FDA recomendó que no se utilice API de baclofeno de Taizhou para fabricar o combinar ningún medicamento inyectable. El API afectado potencialmente podría haber planteado graves riesgos de seguridad para los pacientes que usaron o recibieron productos farmacéuticos inyectables compuestos por el baclofeno afectado, especialmente cuando se administró directamente en la columna (por vía intratecal). 

Durante el año 2018, España sufrió un récord histórico de medicamentos quitados del mercado, luego de que se hallara que más de un centenar de fármacos contra la hipertensión con el principio activo Valsartán estaban contaminados con una sustancia potencialmente cancerígena. 

Estos mismos medicamentos también fueron retirados en el resto de Europa y Estados Unidos creando así una de las mayores alertas farmacéuticas globales de la historia reciente. Meses más tarde de este incidente con el valsartán, se descubrió que otros medicamentos con los principios activos irbesartán y losartán también contenían impurezas posiblemente cancerígenas.

A pesar de que estos medicamentos provenían de más de 20 laboratorios farmacéuticos diferentes, tenían en común un punto clave: los principios activos habían sido fabricados por varias farmacéuticas chinas.

Según informaba la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), el valsartán vendido a lo largo del mundo podría haber estado contaminado por estas impurezas desde el año 2012.. La EMA estima que en consecuencia “podría aparecer un nuevo caso de cáncer por cada 5.000 pacientes” que hubieran tomado altas dosis de estos medicamentos.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha incrementado considerablemente el número de cartas de advertencia (warning letters) que ha enviado a plantas de producción de principios activos en China.

En el año 2012 solo había mandado dos advertencias, mientras que en 2017 su número se elevó a 39 debido a vulneraciones de las Buenas Prácticas de Manufactura (GMP). 

Si bien los exportadores de API Chinos deben cumplir con estrictos requisitos para comercializar sus productos a Europa y Estados Unidos, los controles durante el proceso de producción son mucho más complejos y la veracidad de la información que aportan para demostrar su seguridad y eficacia es generalmente cuestionada.

Además, las empresas ligadas al régimen chino se han convertido en un gran productor de medicamentos alternativos, que por lo general son comercializados a países en vías de desarrollo en los que priman niveles elevados de corrupción y las exigencias de calidad son mínimas o inexistentes.

 

Riesgo de escasez de medicamentos

Otra problemática no menos importante como consecuencia de la fuerte dependencia de los API producidos en China, es la posibilidad constante de que se produzca escasez de medicamentos e insumos médicos en el resto del mundo en caso de que por algún motivo el régimen interrumpa el suministro.

Con la reciente emergencia sanitaria producto del Coronavirus de Wuhan, incluso países como Estados Unidos sufrieron escasez de algunos medicamentos básicos y de insumos cotidianos como las mascarillas descartables y respiradores.

Entre los medicamentos había antibióticos, pero también paracetamol, uno de los analgésicos de venta libre más usados en el mundo.

“Las personas hospitalizadas con covid-19 recibirán sedantes si están conectadas a un respirador. Necesitarán antibióticos si contraen una infección bacteriana. Y necesitarán medicamentos para aumentar su presión arterial si se vuelve peligrosamente baja. El 90% de los materiales químicos para fabricar todo eso provienen de China”, decía en plena pandemia Rosemary Gibson, una experta de la industria y asesora del instituto de investigación bioética The Hastings Center, a BBC Mundo

Otro caso reconocido que provocó escasez de medicamentos por una falla en el suministro chino y puso de manifiesto la gravedad de la dependencia generada durante los últimos años, fue el caso de la firma china productora de antibióticos Qilu Pharmaceutical Company en el año 2016.

El fabricante elaboraba, entre otras cosas, el medicamento Piperacillin (usado en el tratamiento de la neumonía), y registró una explosión el 10 de octubre de 2016 en su planta de Jinan, a 400 km al sur de Beijing.

Según los testigos y vecinos de la zona, la explosión se sintió con fuerza, y un polvo blanco con fuerte olor a quemado invadió el aire, reportó al día siguiente el informativo China Daily.

El incidente obviamente generó una contaminación ambiental en Jinan, con graves consecuencias para su población, especialmente niños y ancianos que debieron estar expuestos a una nube de polvo tóxico por tiempos prolongados; pero además tuvo repercusión mundial dado que desencadenó un gran desabastecimiento de Piperacillin.

Al ser la única fuente de ese fármaco, puso en evidencia cómo la industria farmacéutica ha concentrado la producción de medicamentos en unos pocos países donde hay ventajas competitivas, potenciando el riesgo de desabastecimiento en el resto del mundo.

 

El PCCh promueve el robo de propiedad intelectual 

Otro asunto preocupante respecto a la creciente relación de dependencia comercial con el régimen chino y su aparato productivo son las graves denuncias contra los chinos por el constante aumento del robo de propiedad intelectual contra sus socios comerciales en el extranjero.

Tal es así que el Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad de los Estados Unidos lanzó una campaña en octubre de 2021 para generar conciencia en la comunidad empresarial estadounidense sobre los peligros que existen al hacer negocios con compañías chinas, debido a la estrecha relación que tienen con los servicios de inteligencia y el ejército del Partido Comunista Chino (PCCh) que las obliga a darle acceso a información confidencial de sus clientes y socios.

La campaña apunta a frenar el robo de información confidencial como ser datos personales de estadounidenses y también propiedad intelectual asociada a múltiples rubros entre los cuales se encuentra la industria química y farmacológica, lo que permite empoderar al régimen chino en el escenario geopolítico mundial.

Beijing se las ingenia “utilizando una serie de métodos legales, ilegales y cuasi legales” para obtener propiedad intelectual y datos de ciudadanos estadounidenses que podría utilizar para intentar dominar industrias críticas, aseguró Michael Orlando, el director suplente del Centro de Contrainteligencia estadounidense, según Financial Times.

El enorme desarrollo de la industria farmacológica China se debe en parte al llamado regreso de las “tortugas marinas”, en referencia a una enorme cantidad de investigadores chinos que retornaron a su país luego de adquirir experiencia e información clave en grandes firmas en el extranjero. 

Importantes empresas biológicas chinas que hoy cotizan en bolsa y compiten con firmas internacionales de larga tradición, tales como CanSino y Abogen, fueron creadas y hoy son dirigidas por estos cientìficos/empresarios formados en grandes firmas como Pfizer, SANOFI, Merck y otras. 

El rápido crecimiento del sector farmacéutico de China ha desencadenado acusaciones de robo de tecnología a Estados Unidos y otros países con larga trayectoria en el rubro. Varios científicos chinos han sido acusados ​​de robar materiales e investigaciones de instituciones y empresas estadounidenses, incluidas importantes universidades e institutos.

Durante la pandemia provocada por el coronavirus de Wuhan, los piratas informáticos respaldados por el régimen chino supuestamente estuvieron involucrados en el espionaje o el robo de información relacionada con la vacuna en los Estados Unidos, España e India.

Según las denuncias, el modo de operar típico del régimen chino es robar propiedad intelectual, replicarla, reemplazar a la empresa internacional que originó esa propiedad intelectual en el mercado interno chino y luego incluso intentar desplazarla del mercado global.

 

Acciones de Trump 

El expresidente de los Estados Unidos Donald Trump fue una de las principales figuras políticas del mundo que denunció esta fuerte tendencia a depender del régimen chino en la producción de químicos y medicamentos utilizados en todo el mundo.

En este sentido, el presidente Trump durante su mandato se comprometió a dar incentivos fiscales a las compañías norteamericanas que traigan de regreso sus fábricas de China a los Estados Unidos, como parte de su plan para reducir la dependencia hacia el país asiático y crear una industria nacional más robusta, reportó Fox News

“Vamos a crear créditos fiscales para las empresas que traen puestos de trabajo de China a América y vamos a imponer aranceles a los países que salen de América para producir puestos de trabajo en el extranjero”, dijo el presidente.

También prometió hacer todo lo necesario para terminar con las políticas de sus predecesores que favorecieron la dependencia con China, asegurando que Estados Unidos debe fabricar sus propios medicamentos y suministros críticos localmente como alguna vez lo hizo. 

Es innegable que llevar a cabo negocios con el régimen comunista chino hoy parece un destino inevitable para todos los países del mundo, tanto los desarrollados y más aún aquellos con más retraso. 

Pero teniendo en cuenta todo lo detallado anteriormente queda claro también que existe una serie de industrias clave para el normal desarrollo de la humanidad, entre las que se incluye la química y farmacéutica, que requieren un tratamiento especial y ciertos controles que garanticen la calidad de los productos y la disponibilidad de los mismos para cuando se los requiera. 

En este sentido, darle un poder cuasi monopólico en estos asuntos al régimen chino acusado de las peores violaciones a los derechos humanos, acusado de poseer los niveles de corrupción más elevados del mundo, de robar información de sus socios comerciales y tantas otras atrocidades, resulta, por lo menos, polémico. 

Por lo que se requiere una vez más que aquellos países en condiciones de negociar par a par con el régimen comunista puedan acordar y/o exigir estrategias creíbles de transparencia con el régimen chino y su gran aparato productivo, con el objetivo de garantizar una normal y equitativa distribución de la industria química y farmacéutica global. 

 

 Andrés Vacca–Redacción BLes

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